Gente sin hogar, gente sin techo, yonquis, vagabundos, vocingleros: allá donde fuera, en cualquier parte del mundo, las calles estaban llenas de ellos. Desvariando, buscando, envueltos en harapos, negros de suciedad, con enormes matas de pelo pegado, en silencio, imprecando o mendigando iban por las ciudades como si hubieran llegado de una prehistoria con el fin de recordar algo a la humanidad, pero ¿que? Algo moría continuamente en este mundo, y ellos lo ponían de manifiesto.
(y a mi no me importa mucho que digamos)
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miércoles, 17 de octubre de 2012
lunes, 20 de febrero de 2012
PAUL AUSTER: LA HERIDA ORIGINAL
“Creo que alguien se convierte en artista, particularmente en escritor, porque no está del todo integrado. Algo está mal en nosotros, sufrimos por algo, es como si el mundo no fuera suficiente, entonces sentís que tenés que crear cosas e incorporarlas al mundo. Una persona saludable estaría contenta con tomar la vida como viene y disfrutar la belleza de estar vivo... no se tiene que preocupar por crear nada. Alcanza con hacer un trabajo interesante, amar a alguien, comer buena comida, vivir todo lo que se pueda, morir. Esa parece una linda forma de vivir. Otros, como yo, estamos atormentados, tenemos una enfermedad, y la única manera de soportarla es haciendo arte. Es decir, si estoy haciendo esto, es porque algo está mal. ¿Qué es lo que está mal? Difícil decirlo porque estas heridas se producen cuando sos muy joven.”Paul Auster – Entrevista en revista Ñ
miércoles, 15 de febrero de 2012
EL INFIERNO
Italo Calvino: Las ciudades invisibles
(citado por Elvio E. Gandolfo en el cuento Caminando alrededor)
viernes, 6 de enero de 2012
"YO ESPERABA QUE LA VIDA EMPEZARA"

"Mi infancia no tuvo narración; fue sólo una combinación de aire y falta de aire; yo esperaba que la vida empezara, que mi cuerpo se hiciera grande, que la mente dejara de tener miedo. No había historias, ni ideas, no realmente, todavía no. Sólo cosas desenterradas de alguna parte y luego levantadas para que ayudaran a la mente a dar vueltas por ahí. En esa época, sin embargo, mi infancia era líquida, como una canción: no mucho. Sólo un espacio con alguna gente adentro.
Pero una puede contar una historia de todos modos.
Una puede largarse a la carrera, arrancar con rapidez y después empezar, hacerlo y sacárselo de encima."
Lorrie Moore en "Hospital de Ranas"
viernes, 5 de agosto de 2011
LEYENDO A JOHN BARTH
Inicio del capítulo "Música de órgano" del libro "La ópera flotante" de John Barth. Maravilla.(Haga click en la imagen para aumentar la definición)
domingo, 26 de junio de 2011
FANTASMAS
“Oh, sí, ella no cree en el Brasil, ya se lo ha dicho, no cree que tengan fuerzas para llegar tan lejos (…) a qué Brasil, a qué perros y luna o a qué perros sin luna o a qué país sin perros si todas las noches son enemigas, cualquiera sea el sitio que se elija, si todas las noches enfrentan al cobarde o al culpable o al inocente perseguido a las cosas que ha hecho no hecho temido silenciado ambicionado querido abominado abandonado sentido (…) las ideas de la noche son todas igualmente absurdas, todas igualmente disparatadas, tienen fantasmas sueltos adentro, fantasmas de la noche policial o de un miedo que se trae desde botija, el miedo a los perros, el miedo al viento contra el techo de chapas, el miedo a la cana, el miedo a la muerte la prisión y las culpas.”
* Fragmento del capítulo “Tercer Día” del libro “La Tierra en la boca” de Carlos Martínez Moreno.
lunes, 20 de junio de 2011
¿QUÉ TANTO HAY PARA DECIRSE?
El personalje de la novela de Philip Roth “Sale el espectro”, un escritor famoso llamado Nathan Zuckerman, vuelve a Nueva York luego de diez años de vivir aislado en su casa de campo cercana a la ciudad de Athena, en el oeste del estado de Massachusetts, y cuenta:“¿Qué me sorprendió más durante los primeros días, cuando paseaba por la ciudad? Lo más evidente: los teléfonos móviles. En mi montaña aún no teníamos cobertura, y en Athena, donde sí la hay, no solía ver a nadie que caminara por la calle hablando por teléfono desinhibidamente. Recordaba una Nueva York donde las únicas personas que iban por Broadway hablando al parecer consigo mismas estaban locas. ¿Qué había sucedido en aquellos diez años para que de repente hubiera tanto que decir, hubiera tanto tan apremiante que no pudiera esperar para ser dicho?
Por dondequiera que anduviese, alguien se me acercaba hablando por teléfono y alguien hablaba detrás de mí por teléfono. Dentro de los coches, los conductores hablaban por teléfono. Cuando tomaba un taxi, el chofer hablaba por teléfono. Un hombre como yo, que con frecuencia se pasaba varios días sin hablar con nadie, tenía que preguntarse qué era lo que antes había retenido a la gente que ya no existía, haciendo que la conversación incesante por teléfono fuera preferible a pasear sin ser controlado por nadie, momentáneamente solitario, asimilando las calles a través de tus sentidos animales y abandonándote a la miríada de pensamientos que inspiran las actividades de una ciudad.
Para mí aquello daba un aire cómico a las calles y ridículo a la gente. Y, sin embargo, también parecía una auténtica tragedia. Erradicar la experiencia de la separación debe de tener inevitablemente un efecto dramático. ¿Cuál sería la consecuencia? Sabes que puedes ponerte en contacto con la otra persona en cualquier momento y, si no puedes, te impacientas y te enfadas como un estúpido diosecillo.
Yo comprendía que el silencio de fondo había sido abolido mucho tiempo atrás en restaurantes, ascensores y estadios de béisbol, pero que la inmensa soledad de los seres humanos produjera ese anhelo sin límites de ser oído, y la consiguiente despreocupación de ser oído por personas ajenas… bueno, al haber vivido casi siempre en la era de la cabina telefónica, cuyas recias puertas plegables podían cerrarse herméticamente, me impresionaba la singularidad de todo aquello, y empecé a pensar en un relato en el que Manhattan se ha convertido en una siniestra colectividad en la que todos espían a todos, cada uno es perseguido y controlado por la persona que está al otro extremo de la línea telefónica, a pesar de que, llamándose sin cesar unos a otros desde donde quieren en el gran exterior, creen estar experimentando la máxima libertad.
Sabía que el mero hecho de concebir semejante panorama me incluía en el grupo de los chiflados que, al comienzo de la industrialización, imaginaban que la máquina era la enemiga de la vida. Sin embargo, no podía evitarlo: no comprendía cómo nadie podía creer que seguía viviendo una existencia humana mientras iba por ahí hablando por teléfono durante la mitad de su vida consciente.”
lunes, 7 de marzo de 2011
LA SONRISA DE BURT LANCASTER
"Recuerdo cuando intentaba imitar la sonrisa de Burt Lancaster después de haberle visto con Gary Cooper en Veracruz. Durante muchos días estuve practicando en el patio de atrás. Serpenteando por entre las tomateras. Riendo con todos los dientes al desnudo. Riéndome de esa risa. Alzando el labio superior para descubrir los dientes. Después de practicar esa sonrisa durante unos cuantos días intenté utilizarla ante las chicas de la escuela. Ellas no parecían ni enterarse. Forcé mi interpretación hasta que empezaron a producirse extrañas reacciones entre mis compañeros. Miraban fijamente mis dientes y asomaba a sus ojos una expresión temerosa. Ya no me acordaba de lo feos que eran mis dientes. De que uno de ellos lo tenía podrido, de color pardo y montado encima del diente roto que estaba a su lado. De hecho, había llegado a estar convencido de que era poseedor de una hilera de perfectos y perlados dientes como los de Burt Lancaster. Como no quería asustar a nadie, dejé de reir en cuanto me di cuenta de lo que pasaba. Sólo lo hacía cuando estaba solo. Poco después dejé de hacerlo incluso a solas. Volví a mi cara vacía.25/ 4/81
Homestead Valley, Ca."
Sam Shepard - Crónicas de motel

domingo, 2 de enero de 2011
COMPRENDER
"¿No haríamos mucho mejor todos nosotros si no tratáramos de comprender, si aceptáramos el hecho de que ningún ser humano comprenderá jamás a otro, ni una mujer a su marido, ni un amante a su amante, ni un padre a su hijo? Quizá por eso los hombres inventaron a Dios: un ser capaz de comprender. Quizá, si quisiera ser comprendido o comprender, me atontaría hasta tener una religión; pero soy un reportero, y Dios sólo existe para los que escriben editoriales."
Thomas Fowler, el protagonista de "El Americano Impasible" de Graham Greene
Thomas Fowler, el protagonista de "El Americano Impasible" de Graham Greene
miércoles, 15 de diciembre de 2010
MÁS REFLEXIONES SOBRE EL IDIOMA
Si el idioma no fuera cambiando lentamente, bastaría una o dos generaciones para tornar imposible la comunicación y por ende el pensamiento. El idioma (éste y cualquier otro) comienza por arrendar determinadas palabras. Las prueba, las utiliza un tiempo, y luego, las compra o no.
Ha habido otras palabras de moda antes de ésta “bizarro” que –sin embargo– con el paso del tiempo han desaparecido del uso cotidiano, sustituídas por otras nuevas o por la restitución de las que les precedieron.
En este proceso de transformación del lenguaje hay acciones y reacciones y hay partidarios del cambio y partidarios de la inmovilidad. Finalmente, la lengua que se habla es el resultado de la resolución de esa tensión dinámica, de esa contradicción.
Si no fuera así, si se hubiera venido aceptando cualquier nueva palabra de buenas a primeras, ya no podríamos entender a Cervantes y El Ingenioso Hidalgo tendría tantas llamadas al pie que nos quitarían el placer que todavía nos da su lectura, 500 años después…
Lo que me molesta de “bizarro” es que no se comenzó a utilizar por necesidad, por ausencia de una palabra para definir eso, sino por ignorancia y por presunción (queda más “fino” decir “bizarro” que “estrafalario”), copiando el significado de un galicismo usado por los anglófonos.
En fin, que yo libro mi egoísta y solitaria batalla conservadora (¡quién me ha visto y quien me ve!) para que las futuras generaciones de Capelanes puedan leer las cosas que he escrito sin necesitar un diccionario al lado, y porque alguien tiene que hacer ese “trabajo sucio” para evitar que la civilización desaparezca.
Lo que realmente me intriga es por qué me preocupo de estas cosas si estoy firmemente convencido de que ya ha comenzado el apocalipsis y de que hemos entrado en una nueva edad media. Creo que se debe a que el pensamiento es un vicio tan pernicioso como cualquier otro.
Ha habido otras palabras de moda antes de ésta “bizarro” que –sin embargo– con el paso del tiempo han desaparecido del uso cotidiano, sustituídas por otras nuevas o por la restitución de las que les precedieron.
En este proceso de transformación del lenguaje hay acciones y reacciones y hay partidarios del cambio y partidarios de la inmovilidad. Finalmente, la lengua que se habla es el resultado de la resolución de esa tensión dinámica, de esa contradicción.
Si no fuera así, si se hubiera venido aceptando cualquier nueva palabra de buenas a primeras, ya no podríamos entender a Cervantes y El Ingenioso Hidalgo tendría tantas llamadas al pie que nos quitarían el placer que todavía nos da su lectura, 500 años después…
Lo que me molesta de “bizarro” es que no se comenzó a utilizar por necesidad, por ausencia de una palabra para definir eso, sino por ignorancia y por presunción (queda más “fino” decir “bizarro” que “estrafalario”), copiando el significado de un galicismo usado por los anglófonos.
En fin, que yo libro mi egoísta y solitaria batalla conservadora (¡quién me ha visto y quien me ve!) para que las futuras generaciones de Capelanes puedan leer las cosas que he escrito sin necesitar un diccionario al lado, y porque alguien tiene que hacer ese “trabajo sucio” para evitar que la civilización desaparezca.
Lo que realmente me intriga es por qué me preocupo de estas cosas si estoy firmemente convencido de que ya ha comenzado el apocalipsis y de que hemos entrado en una nueva edad media. Creo que se debe a que el pensamiento es un vicio tan pernicioso como cualquier otro.
martes, 14 de diciembre de 2010
BIZARRO SIGNIFICA VALIENTE, ESFORZADO
Sin dudas que tengo muchas otras, pero una de mis obsesiones principales es la de combatir la sustitución del significado español de la palabra "bizarro" por el de su parónima inglesa y francesa "bizarre". Cada tanto insisto con el asunto, hoy copié lo que indica la Real Academia Española sobre el asunto:
bizarro -rra. En español significa ‘valiente, esforzado’: «Llega el capitán Andrés Cuevas, un bizarro combatiente al mando de un pelotón» (Matos Noche [Cuba 2002]); y ‘lucido, airoso’: «Vuestra juventud reverdecerá más bizarra y galana que nunca» (Luján Espejos [Esp. 1991]). Debe evitarse su empleo con el sentido de ‘raro o extravagante’, calco semántico censurable del francés o del inglés bizarre: Marca de incorrección.«—Es un nombre bizarro. —No cuando se ha nacido en Sídney y se es australiana» (Leyva Piñata [Méx. 1984]). Tampoco debe emplearse bizarría con el sentido de ‘rareza o extravagancia’.
Diccionario panhispánico de dudas ©2005
Real Academia Española © Todos los derechos reservados
bizarro -rra. En español significa ‘valiente, esforzado’: «Llega el capitán Andrés Cuevas, un bizarro combatiente al mando de un pelotón» (Matos Noche [Cuba 2002]); y ‘lucido, airoso’: «Vuestra juventud reverdecerá más bizarra y galana que nunca» (Luján Espejos [Esp. 1991]). Debe evitarse su empleo con el sentido de ‘raro o extravagante’, calco semántico censurable del francés o del inglés bizarre: Marca de incorrección.«—Es un nombre bizarro. —No cuando se ha nacido en Sídney y se es australiana» (Leyva Piñata [Méx. 1984]). Tampoco debe emplearse bizarría con el sentido de ‘rareza o extravagancia’.
Diccionario panhispánico de dudas ©2005
Real Academia Española © Todos los derechos reservados
sábado, 11 de diciembre de 2010
SOBRE LOS NOMBRES DE LOS PERSONAJES DE UNA NOVELA
En el año 2003, a Steven Bochco, guionista de las icónicas series televisivas de los años ochenta “El Precio del Deber” y “NYPD”, le da por publicar una novela policial titulada “Muerte en Hollywood”. Para elegir el nombre de un personaje “latino”, a Bochco no se le ocurre mejor idea que buscar en el mapamundi un nombre convenientemente exótico. Es así que bautiza a su personaje como “Ramón Montevideo”… La pereza mental de Bochco le impidió darse cuenta de que no existe una sóla persona en el mundo que tenga ese apellido, ya que el nombre que eligió equivale a un “Robert New York” o a un “Joao Rio do Janeiro”, por ejemplo.
Para completarla, Ediciones B encargó la traducción de la novela a un tal Eduardo Iriarte, quien además de usar expresiones inintelegibles para el universo entero excepto los barrios bajos de Madrid, como “perder comba” o “trempar”, llama “Sophie” a Sofía Loren, y “Escarlata” a Scarlett O'Hara. O sea que a la italiana le pone el nombre en inglés y a la estadounidense le pone el nombre en español (idioma en el que no existe la palabra “Escarlata” como nombre propio). Diga que la novela es apenas una novelita, así que no da para hacerse mala sangre, pero la verdad es que tanto el autor como el traductor son unos desprolijos, por no andar cargando las tintas en asuntos que no lo merecen.
Para completarla, Ediciones B encargó la traducción de la novela a un tal Eduardo Iriarte, quien además de usar expresiones inintelegibles para el universo entero excepto los barrios bajos de Madrid, como “perder comba” o “trempar”, llama “Sophie” a Sofía Loren, y “Escarlata” a Scarlett O'Hara. O sea que a la italiana le pone el nombre en inglés y a la estadounidense le pone el nombre en español (idioma en el que no existe la palabra “Escarlata” como nombre propio). Diga que la novela es apenas una novelita, así que no da para hacerse mala sangre, pero la verdad es que tanto el autor como el traductor son unos desprolijos, por no andar cargando las tintas en asuntos que no lo merecen.
martes, 26 de octubre de 2010
LAS PALABRAS Y EL SILENCIO
SOLILOQUIO DE FRAY FELIPE
fragmento de novela inédita de Jaime Monestier
“…la noche anterior lo había desvelado la idea de que a pocos meses de nacer ya los hombres comienzan a cruzar sonidos o palabras entre ellos, y así van creciendo y conquistando más palabras, y por más que entienden casi todas siempre hay una infinidad que desconocen; además siempre hay alguna por nacer, lo mismo que la gente, que servirá cuando nazca para designar el objeto o cosa de circunstancia que le dará sentido, tan ricos son los corpus, siempre en movimiento, pero siempre más limitados y cortos que la vida; y llegó a la conclusión de que segundo a segundo, en todas las lenguas nacen palabras para nombrar lo nuevo, cosa o circunstancia o hecho que antes no existía o no había sucedido. Pero también en todas las lenguas mueren segundo a segundo montones de palabras, porque dejan de usarse, o porque muere aquello que era razón de su existencia o porque nace otra que la sustituye; y muchas veces sucede que una palabra muerta resucita mucho después, cobra vida y vuelve a circular como una nueva moneda de entendimiento, aunque quizás con otro sentido o parecido. Si, da miedo pensarlo, siempre me ha preocupado eso de San Juan: “En el principio fue el Verbo” –yo, profesor de teología, me pregunto qué coño es el Verbo para haber existido antes que el hecho o que la cosa que designa-, que en todos los textos que he leído cada palabra requiere otra u otras que la expliquen, y que así se llega a una definición concéntrica, definición sobre definición o definición de definición, y una envolviendo a la otra hasta el infinito, porque eso fue lo que por prudencia calló Buda cuando se le preguntó por Aquello: ‘Maestro, qué es Aquello’, y quedó callado como una mula, claro, qué iba a decir de ese otro lado: quedó callado, porque el silencio contiene todas las palabras…”
fragmento de novela inédita de Jaime Monestier
“…la noche anterior lo había desvelado la idea de que a pocos meses de nacer ya los hombres comienzan a cruzar sonidos o palabras entre ellos, y así van creciendo y conquistando más palabras, y por más que entienden casi todas siempre hay una infinidad que desconocen; además siempre hay alguna por nacer, lo mismo que la gente, que servirá cuando nazca para designar el objeto o cosa de circunstancia que le dará sentido, tan ricos son los corpus, siempre en movimiento, pero siempre más limitados y cortos que la vida; y llegó a la conclusión de que segundo a segundo, en todas las lenguas nacen palabras para nombrar lo nuevo, cosa o circunstancia o hecho que antes no existía o no había sucedido. Pero también en todas las lenguas mueren segundo a segundo montones de palabras, porque dejan de usarse, o porque muere aquello que era razón de su existencia o porque nace otra que la sustituye; y muchas veces sucede que una palabra muerta resucita mucho después, cobra vida y vuelve a circular como una nueva moneda de entendimiento, aunque quizás con otro sentido o parecido. Si, da miedo pensarlo, siempre me ha preocupado eso de San Juan: “En el principio fue el Verbo” –yo, profesor de teología, me pregunto qué coño es el Verbo para haber existido antes que el hecho o que la cosa que designa-, que en todos los textos que he leído cada palabra requiere otra u otras que la expliquen, y que así se llega a una definición concéntrica, definición sobre definición o definición de definición, y una envolviendo a la otra hasta el infinito, porque eso fue lo que por prudencia calló Buda cuando se le preguntó por Aquello: ‘Maestro, qué es Aquello’, y quedó callado como una mula, claro, qué iba a decir de ese otro lado: quedó callado, porque el silencio contiene todas las palabras…”
jueves, 7 de octubre de 2010
LA RISA, EL CREDO DE ENRIQUE JARDIEL PONCELA
En 1930, una lectora de la ciudad de Rosario (Argentina), le envía una carta a Enrique Jardiel Poncela preguntándole: “¿Por qué se obstina en no escribir con seriedad y credulidad de las cosas trascendentales? ¿Con qué derecho, dado por quien, asentado en qué razones destruye usted sin construir y comete el crimen de tener talento para ponerlo al servicio del mal?” El gran humorista español le contesta en el prólogo “Aperitivo con Aceitunas” de su libro de 1931 “Pero… ¿Hubo alguna vez once mil vírgenes?:
“No, amiga mía, no pretendo destruir, sino reírme. Y a lo sumo, lo que hago de malo es poner en relieve algunas verdades. Lo que sucede es que la verdad es horrenda. (Y por eso los egipcios obraban cuerdamente cuando tapaban con un espeso velo la imagen de Isis en Sais.) La verdad es más que horrenda: la verdad es espantosa. (Y por eso, también, el fin de la Religión, de la Moral, de la Política, del Arte, no viene siendo desde hace cuarenta siglos, más que ocultar la verdad a los ojos de los necios.)
Pero… ¿debo asimismo ocultar la verdad? No.
Porque yo no he escrito ni escribo, ni escribiré jamás para los necios. Y si algún necio me lee, peor para él por meterse donde no le llamaban. Mi posición es, pues, la de ayer, la de mañana, la de siempre: RISA FRENTE A LA VERDAD.
¿Qué el fondo del corazón humano es negro?
¡Risa!
¿Qué no hay nada en el mundo, ni lo más puro, que no se doblegue al dinero?
¡Risa, risa!
¿Qué todo está edificado sobre mentiras asquerosas, y mantenido por injusticias eternas? ¿Qué lo inmutable se ciñe sobre nuestros actos? ¿Qué la mujer es…? ¿Y el hombre es…?
¡Risa, risa!
¿Qué no hay categorías morales sino sociales? ¿Qué la traición y la envidia son el leit-motiv de la existencia? ¿Qué hasta los propios hijos han de volvérsenos un día como enemigos implacables? ¿Qué todo va a acabar en un agujero solitario, lleno de mugre, de podredumbre y de barro?
¡Risa! ¡Risa! ¡Risa!...
A los inteligentes no debe ocultárseles la verdad, de la misma manera que a los Santos nadie les ocultó el vicio. Por el contrario, hay que descubrir la verdad; cogerla de improviso; mirarla cara a cara sin pestañear, de igual modo que miramos la factura del gas a primeros de mes. Y cuando podamos contemplar, libres de estremecimientos, aquel semblante repulsivo, entonces… ¡a reír! ¡A reír hasta hartarse!
¿Tomar las cosas en serio? Los burros y los hombres formales, esos sí toman las cosas en serio. Pero es que un hombre formal sólo se diferencia de un vagón de burros en que hace menos bulto y en que va al café a discutir de política.
Todo lo que va dicho resulta bastante amargo. Pero hay que tener en cuenta que se trata de un Aperitivo.
Por lo demás ¡poco me he reído yo escribiéndolo!...”
Más sobre Enrique Jardiel Poncela en el blog "Visiones"
“No, amiga mía, no pretendo destruir, sino reírme. Y a lo sumo, lo que hago de malo es poner en relieve algunas verdades. Lo que sucede es que la verdad es horrenda. (Y por eso los egipcios obraban cuerdamente cuando tapaban con un espeso velo la imagen de Isis en Sais.) La verdad es más que horrenda: la verdad es espantosa. (Y por eso, también, el fin de la Religión, de la Moral, de la Política, del Arte, no viene siendo desde hace cuarenta siglos, más que ocultar la verdad a los ojos de los necios.)
Pero… ¿debo asimismo ocultar la verdad? No.
Porque yo no he escrito ni escribo, ni escribiré jamás para los necios. Y si algún necio me lee, peor para él por meterse donde no le llamaban. Mi posición es, pues, la de ayer, la de mañana, la de siempre: RISA FRENTE A LA VERDAD.
¿Qué el fondo del corazón humano es negro?
¡Risa!
¿Qué no hay nada en el mundo, ni lo más puro, que no se doblegue al dinero?
¡Risa, risa!
¿Qué todo está edificado sobre mentiras asquerosas, y mantenido por injusticias eternas? ¿Qué lo inmutable se ciñe sobre nuestros actos? ¿Qué la mujer es…? ¿Y el hombre es…?
¡Risa, risa!
¿Qué no hay categorías morales sino sociales? ¿Qué la traición y la envidia son el leit-motiv de la existencia? ¿Qué hasta los propios hijos han de volvérsenos un día como enemigos implacables? ¿Qué todo va a acabar en un agujero solitario, lleno de mugre, de podredumbre y de barro?
¡Risa! ¡Risa! ¡Risa!...
A los inteligentes no debe ocultárseles la verdad, de la misma manera que a los Santos nadie les ocultó el vicio. Por el contrario, hay que descubrir la verdad; cogerla de improviso; mirarla cara a cara sin pestañear, de igual modo que miramos la factura del gas a primeros de mes. Y cuando podamos contemplar, libres de estremecimientos, aquel semblante repulsivo, entonces… ¡a reír! ¡A reír hasta hartarse!
¿Tomar las cosas en serio? Los burros y los hombres formales, esos sí toman las cosas en serio. Pero es que un hombre formal sólo se diferencia de un vagón de burros en que hace menos bulto y en que va al café a discutir de política.
Todo lo que va dicho resulta bastante amargo. Pero hay que tener en cuenta que se trata de un Aperitivo.
Por lo demás ¡poco me he reído yo escribiéndolo!...”
Más sobre Enrique Jardiel Poncela en el blog "Visiones"
lunes, 9 de agosto de 2010
EL INVENTO DE LOS LECTORES QUE NO LEEN
MARTÍN CAPARRÓS:
“Los editores, no sólo en Argentina sino en América Latina, han inventado un ente muy paradójico que es eso, el lector que no lee. Así empieza un texto que escribí y que después salió como prologo a un libro que se llama Argentina crónica.
Digamos, en la medida que un lector se define porque lee es difícil pensar en un lector que no lee, pero nuestros editores piensan en eso y trabajan para eso. Y es cierto, han creado algo bastante parecido a esa especie de engendro semi-mitológico que se propusieron inventar hace unas pocas décadas. Cuando se discutía fuertemente sobre el tema de la Ley de Medios, una de las cosas en que yo insistía es que siendo una ley, a mi gusto, llena de problemas, imperfecciones y demás, ya sólo el hecho de que ofreciera la posibilidad de hacer estallar la corporación Clarín me parecía que valía la pena en sí.
Porque realmente creo que cuando hablo de esos editores que inventan lectores que no leen y demás, lo primero que tengo en la cabeza es lo que hizo la corporación Clarín con la prensa argentina, ¿no? Una especie de estrategia de bastardeo sistemático en los últimos veinte o treinta años para tratar de convertirnos en los idiotas que por alguna razón comenzaron creyendo que éramos, y que no éramos, pero que a fuerza de tratarnos como si, consiguieron que muchos de nosotros se convirtieran en eso.
Vos preguntás qué hacer para recuperar esos lectores. El comentario del principio, de que en general no estoy de acuerdo conmigo, era porque cuando dijiste eso, yo dije “Ahora, ¿por qué habría que recuperarlos?”
Me da la sensación de que la lectura de largos textos, con cierta pretensión estética, etcétera, es un gesto arcaico. La sensación no, es casi una obviedad. Maravillosamente arcaico como probablemente dentro de unos cincuenta o cien años sea arcaico coger o comer. Y, sin embargo, la gente va a seguir haciéndolo de vez en cuando porque –algunas cosas, a alguna gente- le va a parecer simpático.
Pero en este momento cada vez más leer tiene que ver con una cultura que está en vías de disolución. No de desaparición pero si de disolución, de la forma en que un sólido se disuelve en un líquido, pasa a estar ahí pero ya no es un sólido. Y entonces quizás el esfuerzo que valdría la pena hacer eventualmente no fuera el de recuperar lectores, sino el de buscar cuáles son las nuevas formas de circulación de los discursos, y tratar de trabajar en esas formas. Yo estoy grande para eso, pero me parece más interesante buscar cómo se usan nuevas formas de circulación que cómo se recuperan las que ya no van a ser hegemónicas de todas maneras.”
Lea el reportaje completo en revista ATN
miércoles, 21 de julio de 2010
LA PATERNIDAD
"La paternidad en sí misma no proporciona una sabiduría que merezca la pena impartir.
(...)
El punto de vista de un padre sobre lo que está bien o mal en su hijo, probablemente sea incluso menos acertado que el del vecino de la puerta de al lado, que sigue la vida del chico por una rendija de la cortina. A mí, claro está, me gustaría hablarle de cómo hay que vivir y desenvolverse gracias a todo tipo de fórmulas de compromiso, decirle lo mismo que me digo: que en realidad, nada "encaja" perfectamente, que los errores son inevitables y es preciso olvidar las cosas malas. Pero durante nuestras breves conversaciones parece que sólo soy capaz de hablar indirectamente, frívolamente, antes de batirme en retirada, por temor a equivocarme, a complicar las cosas o a discutir con él, y ser su terapeuta en lugar de, simplemente, su padre.
(...)
Así pues, lo peor de ser padre es mi sino: ser adulto. No hablo el lenguaje adecuado; no me enfrento a los mismos temores y contingencias y oportunidades perdidas; mi sino es saber muchas cosas y, sin embargo, tener que estar parado, como un farol con la luz encendida, esperando que mi hijo vea el resplandor y se decida a acercarse al calor y la luz que le ofrece calladamente"
Frank Bascombe, protagonista de la novela de Richard Ford "El Día de la Independencia"
(...)
El punto de vista de un padre sobre lo que está bien o mal en su hijo, probablemente sea incluso menos acertado que el del vecino de la puerta de al lado, que sigue la vida del chico por una rendija de la cortina. A mí, claro está, me gustaría hablarle de cómo hay que vivir y desenvolverse gracias a todo tipo de fórmulas de compromiso, decirle lo mismo que me digo: que en realidad, nada "encaja" perfectamente, que los errores son inevitables y es preciso olvidar las cosas malas. Pero durante nuestras breves conversaciones parece que sólo soy capaz de hablar indirectamente, frívolamente, antes de batirme en retirada, por temor a equivocarme, a complicar las cosas o a discutir con él, y ser su terapeuta en lugar de, simplemente, su padre.
(...)
Así pues, lo peor de ser padre es mi sino: ser adulto. No hablo el lenguaje adecuado; no me enfrento a los mismos temores y contingencias y oportunidades perdidas; mi sino es saber muchas cosas y, sin embargo, tener que estar parado, como un farol con la luz encendida, esperando que mi hijo vea el resplandor y se decida a acercarse al calor y la luz que le ofrece calladamente"
Frank Bascombe, protagonista de la novela de Richard Ford "El Día de la Independencia"
sábado, 17 de julio de 2010
LA ILUSIÓN
"Hoy usted tiene ilusiones y cree que sin ellas no podría vivir. Mañana verá claramente que la ilusión no es más que un error poetizado y prescindirá de ella para seguir viviendo"
Enrique Jardiel Poncela - "Amor se escribe sin hache" (1928)
viernes, 25 de junio de 2010
JOHN CHEEVER: LIBERTAD E INDEPENDENCIA
"Hablamos hasta el cansancio de libertad y de independencia. Si hubiera que definir nuestra meta como nación, dudo que se pudieran evitar las palabras libertad e independencia. El Presidente siempre está hablando de libertad y de independencia, el ejército y la marina siempre están luchando en defensa de la libertad y la independencia, y los domingos, en la iglesia, el padre Randsome agradece a Dios nuestra libertad e independencia. Pero tú y yo sabemos que los negros que viven en esas barracas de mala muerte junto al río no tienen ni libertad ni independencia para elegir qué hacer y dónde vivir. Charlie Simpson es un gran tipo, pero él y Phelps Mardsen y media docena de nuestros prominentes vecinos hacen su dinero en negocios con Salazar, Franco y otros dictadores de ese calibre. Hablan más que nadie de libertad y de independencia, pero son los que ponen el dinero y las armas y los recursos técnicos necesarios para sofocar la libertad y la independencia en donde asome. Odio la mentira y la falsedad y el engaño, me entristece vivir en un mundo que ampara y consiente a tantos mentirosos."
JOHN CHEEVER - "Bullet Park" - Capítulo 5 - monólogo del protagonista Elliot Nailles (1968)
JOHN CHEEVER - "Bullet Park" - Capítulo 5 - monólogo del protagonista Elliot Nailles (1968)
viernes, 2 de abril de 2010
ÚLTIMAS LECTURAS
Leí "El Chino" de Henning Mankell, y no me gustó, salvo la parte en la que cuenta la historia de los antepasados del mafioso chino que manda matar un pueblo entero de suecos porque a su vez un antepasado de ellos había maltratado a los suyos (y lo cuento así a propósito, para desestimular su lectura, que a mi Mankell me gustaba mucho, pero este libro me dió una bronca bárbara, porque desperdicia unos personajes preciosos para levantar a otros insulsos y porque hace ensayo político en lugar de literatura, por no abundar).
Me leí casi de un tirón el "Round Trip" de Hiber Conteris, y me pareció una porquería.
"¿Quieres hacer el favor de callarte por favor?", en cambio, me lo leí en varios tirones, ya que hubo cuentos que los terminaba y tenía que tomar aire unas horas o unos días antes de seguir con el siguiente.
Algo parecido me sucedió con "Primer Amor, Últimos Ritos" de Ian McEwan, un libro que está muy bien aún hoy, así que es bueno, está claro, pero si lo hubiera leído cuando se publicó, en 1975, me hubiera partido la cabeza.
Un poco más despacio leí "Esto parece el paraíso", la novela última de Cheever, tierna, comprometida, rara (me resulta difícil criticar a Cheever luego de haber leído sus "Diarios").
Después tuve la suerte de poder leer en inglés el precioso "Winesburg Ohio" de Sherwood Anderson, libro que había leído hace como 40 años en la malísima traducción de Alianza Editorial. Ya me había gustado entonces, pero recién ahora me dí cuenta de la envergadura y de la importancia que tiene Anderson en la literatura estadounidense. Yo le noto un parentezco con Edgar Lee Masters y su "Spoon River Anthology", ya que "Winesburg Ohio" también es un libro coral, en el que los cuentos son independientes pero se relacionan unos con otros y se citan entre ellos, algo muy interesante y muy original para 1919. Hay comentario y cuentos para leer en Visiones.
Finalmente, y por no aburrirlos demasiado, me releí "Los desterrados de Poker Flat", una recopilación de cuentos de Francis Bret Harte, un autor del que ya había leído hace 30 años sus "Bocetos Californianos", libro que perdí por malprestarlo. Al igual que Anderson, Bret Harte también es un escritor bastante olvidado, y sin embargo es muy bueno. Predecesor (y mentor) de Mark Twain, y -a mi modo de ver- también de Ambrose Bierce y Jack London. Un tipo reconocido y valorado por Chesterton y Borges, entre otros (hay artículo sobre él y el libro entero para leer en Visiones).
Me leí casi de un tirón el "Round Trip" de Hiber Conteris, y me pareció una porquería.
"¿Quieres hacer el favor de callarte por favor?", en cambio, me lo leí en varios tirones, ya que hubo cuentos que los terminaba y tenía que tomar aire unas horas o unos días antes de seguir con el siguiente.
Algo parecido me sucedió con "Primer Amor, Últimos Ritos" de Ian McEwan, un libro que está muy bien aún hoy, así que es bueno, está claro, pero si lo hubiera leído cuando se publicó, en 1975, me hubiera partido la cabeza.
Un poco más despacio leí "Esto parece el paraíso", la novela última de Cheever, tierna, comprometida, rara (me resulta difícil criticar a Cheever luego de haber leído sus "Diarios").
Después tuve la suerte de poder leer en inglés el precioso "Winesburg Ohio" de Sherwood Anderson, libro que había leído hace como 40 años en la malísima traducción de Alianza Editorial. Ya me había gustado entonces, pero recién ahora me dí cuenta de la envergadura y de la importancia que tiene Anderson en la literatura estadounidense. Yo le noto un parentezco con Edgar Lee Masters y su "Spoon River Anthology", ya que "Winesburg Ohio" también es un libro coral, en el que los cuentos son independientes pero se relacionan unos con otros y se citan entre ellos, algo muy interesante y muy original para 1919. Hay comentario y cuentos para leer en Visiones.
Finalmente, y por no aburrirlos demasiado, me releí "Los desterrados de Poker Flat", una recopilación de cuentos de Francis Bret Harte, un autor del que ya había leído hace 30 años sus "Bocetos Californianos", libro que perdí por malprestarlo. Al igual que Anderson, Bret Harte también es un escritor bastante olvidado, y sin embargo es muy bueno. Predecesor (y mentor) de Mark Twain, y -a mi modo de ver- también de Ambrose Bierce y Jack London. Un tipo reconocido y valorado por Chesterton y Borges, entre otros (hay artículo sobre él y el libro entero para leer en Visiones).
domingo, 28 de marzo de 2010
¿LEER ES UN VICIO?
El otro día estábamos hablando con S. acerca de la maravilla que es leer, pero centrándonos en su inevitabilidad, porque luego de que uno aprende, le resulta imposible no andar leyendo todo signo que ande por ahí, aunque no sepa lo que dice. Ayer iba en el ómnibus y me propuse no leer ningún cartel, ni aviso, ni publicidad, y me tuve que dar por vencido a los pocos segundos, ya que los ojos se me iban solos a las matrículas de los autos, los destinos de los otros ómnibus, y a cualquier signo que hubiera por ahí. Supongo que alguien ya habrá estudiado el asunto, pero nunca leí nada al respecto (o al menos no lo recuerdo). La semana pasada vimos una documental de la BBC (Cómo el arte hizo al mundo) que trataba de un tema parecido, pero poca luz echó sobre el asunto dado que se ocupaba de otras cosas. ¿Qué es lo que nos hace leer todas las escrituras que se nos ponen ante los ojos, siendo que la lectura es un conocimiento adquirido y no heredado? ¿Habrá alguna relación entre este asunto de la cartelería urbana y la placidez que nos provoca la "anagrafía" de un paisaje bucólico? ¿Al fin de cuentas leer no es nada más que un vicio?
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