(y a mi no me importa mucho que digamos)
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jueves, 14 de febrero de 2013

¿CONFIAR EN LA JUSTICIA? ¿LO QUÉ?

Es muy habitual escuchar a políticos, dirigentes sindicales, y figuras públicas en general, decir un día sí y otro también: "Yo confío en la Justicia," al referirse a alguna denuncia, proceso, o investigación en curso que los atañe directa o indirectamente. Pues bien, yo declaro públicamente que no confío en la Justicia. La acato, la respeto, sigo sus mandamientos, pero no confío en ella a priori. Y lo mismo digo de la Policía.

Podré sí, confiar en determinado juez, pero no en la justicia como un ente homogéneo, porque no lo es. Además las leyes no son fórmulas matemáticas. Desde el momento en que existe la posibilidad de "interpretarlas", están más cerca del arte que de la ciencia. Por eso acato y respeto, pero no confío.

La Policía y la Justicia son inevitables si aspiramos a vivir en una sociedad más o menos ordenada. Allí donde no existen, reina el caos y la ley del más fuerte, por eso es preferible que exista un cierto orden -aunque sea injusto- y ese orden se impone mediante la policía y la justicia. Quienes ejercen dichas potestades son seres humanos, y los seres humanos son falibles, por eso no se puede “confiar” a priori en las instituciones que integran.

miércoles, 17 de octubre de 2012

EL CAPITALISMO ES ASÍ

Gente sin hogar, gente sin techo, yonquis, vagabundos, vocingleros: allá donde fuera, en cualquier parte del mundo, las calles estaban llenas de ellos. Desvariando, buscando, envueltos en harapos, negros de suciedad, con enormes matas de pelo pegado, en silencio, imprecando o mendigando iban por las ciudades como si hubieran llegado de una prehistoria con el fin de recordar algo a la humanidad, pero ¿que? Algo moría continuamente en este mundo, y ellos lo ponían de manifiesto.
(Meditación de Arthur Daanae, el protagonista del libro El día de todas las almas de Cees Nooteboom 

lunes, 30 de julio de 2012

OSCAR NIEMEYER: EL MUNDO ES IMPORTANTE


—Me gustaría ser religioso. Pero la humanidad está demasiado arruinada para mí como para creer en Dios. Y como sabe, no creo en nada que prometa la eternidad. La vida es un aliento, un minuto, y después desaparece.
 —¿Sigue habiendo algo que usted quiera de la vida?
 —Me gustaría dejar de hablar de arquitectura. Me gustaría hablar de literatura, mujeres y ciencia. Si me otorgaran un deseo, entonces que todos sean igualmente prósperos, por favor. Que todos sean felices. En el presente, el mundo me parece terriblemente rígido. Hay insatisfacción en todas partes, mucha gente no cree en el futuro, el dinero reina. Incluso por ese solo motivo, la arquitectura no puede ser la respuesta. La arquitectura no es importante, el mundo es importante, y tenemos que cambiarlo. Es un mundo de mierda.

Fragmento del reportaje de Hanno Rauterberg a Oscar Niemeyer, el arquitecto de Brasilia: "Siempre busqué lo simple". Del libro Talking Architecture, interviews with architects. Traducción del inglés para El Cultural de Elvio E. Gandolfo. Leer el reportaje completo.

lunes, 18 de abril de 2011

lunes, 9 de agosto de 2010

EL INVENTO DE LOS LECTORES QUE NO LEEN


MARTÍN CAPARRÓS:

“Los editores, no sólo en Argentina sino en América Latina, han inventado un ente muy paradójico que es eso, el lector que no lee. Así empieza un texto que escribí y que después salió como prologo a un libro que se llama Argentina crónica.

Digamos, en la medida que un lector se define porque lee es difícil pensar en un lector que no lee, pero nuestros editores piensan en eso y trabajan para eso. Y es cierto, han creado algo bastante parecido a esa especie de engendro semi-mitológico que se propusieron inventar hace unas pocas décadas. Cuando se discutía fuertemente sobre el tema de la Ley de Medios, una de las cosas en que yo insistía es que siendo una ley, a mi gusto, llena de problemas, imperfecciones y demás, ya sólo el hecho de que ofreciera la posibilidad de hacer estallar la corporación Clarín me parecía que valía la pena en sí.

Porque realmente creo que cuando hablo de esos editores que inventan lectores que no leen y demás, lo primero que tengo en la cabeza es lo que hizo la corporación Clarín con la prensa argentina, ¿no? Una especie de estrategia de bastardeo sistemático en los últimos veinte o treinta años para tratar de convertirnos en los idiotas que por alguna razón comenzaron creyendo que éramos, y que no éramos, pero que a fuerza de tratarnos como si, consiguieron que muchos de nosotros se convirtieran en eso.

Vos preguntás qué hacer para recuperar esos lectores. El comentario del principio, de que en general no estoy de acuerdo conmigo, era porque cuando dijiste eso, yo dije “Ahora, ¿por qué habría que recuperarlos?”

Me da la sensación de que la lectura de largos textos, con cierta pretensión estética, etcétera, es un gesto arcaico. La sensación no, es casi una obviedad. Maravillosamente arcaico como probablemente dentro de unos cincuenta o cien años sea arcaico coger o comer. Y, sin embargo, la gente va a seguir haciéndolo de vez en cuando porque –algunas cosas, a alguna gente- le va a parecer simpático.

Pero en este momento cada vez más leer tiene que ver con una cultura que está en vías de disolución. No de desaparición pero si de disolución, de la forma en que un sólido se disuelve en un líquido, pasa a estar ahí pero ya no es un sólido. Y entonces quizás el esfuerzo que valdría la pena hacer eventualmente no fuera el de recuperar lectores, sino el de buscar cuáles son las nuevas formas de circulación de los discursos, y tratar de trabajar en esas formas. Yo estoy grande para eso, pero me parece más interesante buscar cómo se usan nuevas formas de circulación que cómo se recuperan las que ya no van a ser hegemónicas de todas maneras.”

Lea el reportaje completo en revista ATN

miércoles, 4 de agosto de 2010

"EL FASCISMO Y LA DENOMINADA DEMOCRACIA SON LA MISMA COSA CON DISTINTO NOMBRE"

George Orwell en agosto de 1937:

“Es desesperadamente necesario hacer que la gente se dé cuenta de la farsa que se oculta detrás de las palabras sobre ‘la lucha contra el fascismo’, en caso contrario, sé que pronto nos encontraremos combatiendo en otra guerra imperialista (contra Alemania) que será disfrazada de una guerra ‘contra el fascismo’ y entonces otros diez millones de hombres morirán antes de entender que el fascismo y la denominada democracia son la misma cosa con distinto nombre.”

Andrés Capelán en agosto de 2010:

"La afirmación de Orwell de que 'el fascismo y la denominada democracia son la misma cosa con distinto nombre' tirada así, en seco, cae muy fuerte, sacude, genera rechazo. Sin embargo, ambos regímenes están basados en la explotación del hombre por el hombre y la II Guerra Mundial -no por inevitable- fue efectivamente una guerra imperialista, como lo han seguido siendo todas las guerras en las que intervienen los EE.UU., por ejemplo, siempre 'en nombre de la democracia'; en nombre de esa 'denominada democracia'."

LA CORRUPCIÓN DE LA DEMOCRACIA
Ignacio Ramonet (Le Monde Diplomatique)

El "caso Bettencourt" que zarandea Francia con su vendaval de arrestos, odios familiares, cheques ocultos, grabaciones furtivas, fechorías fiscales y donaciones ilegales al partido del Presidente Nicolas Sarkozy, está hundiendo el país en una profunda crisis moral.

Liliane Bettencourt, una de las mujeres más ricas del planeta, poseedora de una fortuna de 17.000 millones de euros y propietaria del imperio de cosméticos y perfumes L'Oréal, se halla en el epicentro de un alucinante culebrón devenido asunto de Estado. Unas conversaciones robadas en su domicilio revelaron que el ministro de Trabajo, Eric Woerth, usó de su influencia (cuando era ministro del Presupuesto, y por consiguiente responsable de la administración fiscal) para obtener que su esposa, Florence, fuese contratada por la multimillonaria -con un salario anual de 200.000 euros- para administrar su fortuna... De paso, Eric Woerth, que también era tesorero del partido del Presidente, percibió presuntamente donaciones de decenas de miles de euros (1) para financiar la campaña electoral de Sarkozy... A cambio, se sospecha que el ministro hizo la vista gorda sobre una parte del patrimonio oculto de la dueña de L'Oréal: por ejemplo, varias cuentas millonarias en Suiza y una isla en las Seychelles valorada en unos 500 millones de euros...

Este asunto, de por sí bochornoso, adquiere mayor morbo en la medida en que Eric Woerth es el encargado de conducir la dura reforma de las jubilaciones que castigará a millones de asalariados modestos. En un ambiente de fuertes tensiones sociales y de motines de desclasados en los guetos urbanos, el "caso Bettencourt" está reactivando el viejo litigio entre las elites y el pueblo común. "El clima de la sociedad, advierte el filósofo Marcel Gauchet, se halla hoy impregnado de revuelta latente y de un sentimiento de distancia radical hacia los dirigentes" (2).

Francia no es la única democracia carcomida por la corrupción de algunos políticos y por la permanente confusión que muchos de ellos mantienen entre cargos públicos y beneficios privados. Está aún fresco en las memorias el escándalo de los abusos de los gastos parlamentarios a expensas de los contribuyentes, ocurrido en el Reino Unido y que, junto con otras causas, provocó el descalabro de los laboristas en las elecciones del 6 de mayo pasado. O el de la Italia de Silvio Berlusconi en donde, casi veinte años después de la operación mane pulite que decapitó a gran parte de la clase política, la corrupción, a modo de metástasis, vuelve a extenderse ante la impotencia de una izquierda paralizada y sin ideas. El Tribunal de Cuentas italiano, en su último informe, establece que los delitos de corrupción activa de los funcionarios públicos aumentaron el año pasado en más de 150% (3). Y qué decir de España, agobiada por los múltiples casos de corrupción de cargos públicos asociados a los "señores del ladrillo" enriquecidos por las delirantes políticas urbanísticas. Sin hablar del esperpéntico "caso Gürtel" que sigue coleando.

A escala internacional, la corrupción alcanza hoy, en la era de la globalización neoliberal, una dimensión estructural. Su práctica se ha banalizado igual que otras formas de criminalidad corruptora: malversación de fondos, manipulación de contratos públicos, abuso de bienes sociales, creación y financiación de empleos ficticios, fraude fiscal, disimulo de capitales procedentes de actividades ilícitas, etc. Se confirma así que la corrupción es un pilar fundamental del capitalismo. El ensayista Moisés Naím afirma que, en los próximos decenios, "las actividades de las redes ilícitas del tráfico global y sus socios del mundo ‘legítimo', ya sea gubernamental o privado, tendrán muchísimo más impacto en las relaciones internacionales, las estrategias de desarrollo económico, la promoción de la democracia, los negocios, las finanzas, las migraciones, la seguridad global; en fin, en la guerra y la paz, que lo que hasta ahora ha sido comúnmente imaginado" (4).

Según el Banco Mundial, cada año, en el planeta, los flujos de dinero procedentes de la corrupción, de actividades delictivas y de la evasión de fondos hacia los paraísos fiscales alcanza la astronómica suma de 1,6 billones de euros... De ese montante, unos 250 000 millones corresponden al fraude fiscal realizado anualmente sólo en la Unión Europea. Reinyectados en la economía legal, esos millones permitirían evitar los actuales planes de austeridad y ajuste que tantos estragos sociales están causando.

Ningún dirigente debe olvidar que la democracia es esencialmente un proyecto ético, basado en la virtud y en un sistema de valores sociales y morales que dan sentido al ejercicio del poder. Afirma José Vidal-Beneyto, en su libro póstumo y de indispensable lectura, que cuando, en una democracia, "las principales fuerzas políticas, en plena armonía mafiosa, se ponen de acuerdo para timar a los ciudadanos" (5) se produce un descrédito de la democracia, una repulsa de la política, un aumento de la abstención y, más peligroso, una subida de la extrema derecha. Y concluye: "El gobierno se corrompe por la corrupción, y cuando hay corrupción en la democracia, la corrompida es la democracia".

Notas:
(1) En Francia, la ley de financiamiento de los partidos políticos del 11 de abril de 2003, limita las donaciones de las personas físicas a 7.500 euros al año.
(2) Le Monde , París, 18 de julio de 2010.
(3) Clarín , Buenos Aires, 17 de febrero de 2010.
(4) Moisés Naím, Ilícito , Debate, Madrid, 2006.
(5) José Vidal-Beneyto, La corrupción de la democracia , Catarata, Madrid, 2010.