(y a mi no me importa mucho que digamos)
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miércoles, 29 de septiembre de 2010
CUENTA ROBLEDO
"Este año con el aguinaldo me compro el aire acondicionado... (me mira) ¡Ah! ya te conté ¿no? (no me lo contó pero hago que sí con la cabeza porque supongo que ya está todo dicho sobre el tema) Si, ya te lo conté, sobre todo para el verano ¿sabés? porque esos duplex son muy calurosos, le hicieron las camaras de aire demasiado grandes y se forma turbulencia y al final es como si nada, la única solución es llenarlos de agua para ahicar el espacio, libre, que tiene que ser entre 5 y 15 centímetros ¿me entendés? (hago que sí con la cabeza, lo entiendo clarito: está loco) Pero no quiero meterme a hacer eso porque a lo mejor la humedad le pasa al vecino de abajo y tengo lío y entonces me compro el aire acondicionado y chau. Porque así como me ves, tengo 61 años ¿sabías? (le digo que si con la cabeza) pero ando como un rifle (?) y anduve saliendo con una de 36 pero la tuve que dejar porque era muy escandalosa ¡pegaba cada gritos! y a mi me daba cosa por los vecinos ¿viste? porque hay que mantener el respeto, sinó se arma relajo. Ahora estoy saliendo con una de 31, tenés que verla (Robledo se muerde el labio inferior y acompaña su discurso con movimientos de las manos) ¡unas caderas! ¡unos pechos! además es alta como yo, morochona, preciosa; le faltan los dientes de acá (se señala los incisivos superiores) pero es muy limpita. Me había pedido el teléfono porque le gusté mucho, y le dí mi tarjetita ¡esta qué va a llamar! pensé, pero no, ¿vos sabés que me llamó? Mirá que no tengo plata, le dije enseguida, que me quedan quinientos pesos hasta fin de mes. Eso no importa, me gustás, me dijo. La conocí el otro domingo en el Parque Rivera, ella hace el yiro ahí. Me dijo si le parecía bien que fuera a las ocho, y le dije que no, que fuera a las nueve, porque si no empiezan con el chusmerío, ya sabés como son las viviendas. Y ayer vino ¿vos sabés? Una dulzura la piba, tuvo tres orgasmos preciosos, así, suavecitos, ahhhhhh ¿viste? No como la otra que despertaba a todo el barrio con cada gritos que no sabés. En fin, que hoy estás y mañana no estás, y la vida hay que vivirla. Mirá, yo vengo de una familia de longevos, mi abuelo murió a los cien años y mi viejo a los 90, y a los 78 años se casó con una mujer de 50 y después de que se murió ella me dijo que el viejo era un tigre, que tenía que hacerse la dormida porque sinó quería todos los días. Mirá, el domingo me invitó mi ex mujer a que fuera a almorzar con ella y mi hija y el esposo y mi nietita, porque cuando se juntan a veces me llaman. Yo siempre llevo algo, compro unos ravioles en la feria a 24 pesos el ciento, de pollo o de verdura, de verdura voy a llevar ¡no sabés lo rico que son! hacemos un tuco y ya está. Porque a mi me gusta mucho el tuco. ¿Sabés qué comí hoy? (Hago que no con la cabeza, hoy al mediodía había 28º de temperatura y 90% de humedad) ¡Polenta con tuco! ¡Me encanta la polenta con tuco! (me explica cómo la prepara, pero dejaré la receta para otra ocasión) Ah... No sabés. Por eso ahora no tengo frío (desde el mediodía hasta el momento de la conversación la temperatura descendió 18ª, ahora hay viento y llueve, Robledo está en mangas de camisa) vení, tocáme vas a ver que estoy calentito. Porque el frío es así. Yo trabajé años en una cámara frigorífica y nunca me enfermé, porque metía y metía y tengo el organismo curtido. Llenaba los carritos hasta arriba con las cajas de hamburguesas y meta y dale, mis compañeros me decían que no llevara tantas por viaje, pero yo no les hacía caso y seguía metiendo, hasta 12 cajas por viaje metía mientras ellos metían a lo más, ocho; y de algo me sirvió, porque cuando mandaron a la gente al seguro de paro, a mi me dejaron. ¿Viste? (Robledo mira hacia el muro de enfrente, tapizado con carteles de la 609, y señalándolo me dice sin interrupirse) ¿Viste que este año tapamos todos los muros, que no hay ninguna pintada de los colorados ni de los blancos? Cuando yo empecé a militar era así, yo militaba en la juventud comunista, ni siquiera votaba, pero andaba para arriba y para abajo. En aquella época no era el Frente Amplio, era la 1001, y me acuerdo que salíamos en camiones de la calle Sierra, pegatinas centrales, se llamaban, y tapábamos todos los muros. Porque yo viví todo aquello, pero acá que vas a contar, acá me cuido y busco la mía. (Dice Robledo mientras toma mate y mira la lluvia, y luego sigue, pero mejor sigue otro día).
sábado, 2 de enero de 2010
SUEÑA ROBLEDO
Dice Robledo: "Yo, cuando cumpla los 65 me jubilo de cabeza, no espero un día más... ¡mirá si voy a seguir trabajando por gusto!" Cuando le recuerdo que se podría jubilar hoy mismo, pues tiene 62 años de edad y 46 de trabajo, me contesta: "Sí, pero yo quiero jubilarme bien, tres años más pasan rápido y además, mirá: estoy enterito (y me da su mejor perfil mientras mete la panza para adentro), porque yo hago vida sana, botija".
Luego de que se jubile, Robledo piensa subirse al auto e ir a pescar a todos los arroyos y lagunas que cubren nuestra llanura levemente ondulada. "Ah... -me dice- no sabés qué divino... al lado del arroyo, sin que te moleste nadie, hoy te vas a un lado y mañana te vas a otro, sin obligación con nadie... armás la carpa, prendés el fueguito... una maravilla".
"¿Así que te gusta pescar -le pregunto- vas muy seguido?"-agrego. Y Robledo me dice: "Si, me encanta, pero hace años que no voy a ningún lado porque la licencia siempre la pido para pagar deudas y al final termino quedándome en casa. Antes, cuando tenía cable, sacaba la licencia en julio o agosto para achicar el invierno y me pasaba mirando televisión. ¡Cada paliza de tele me daba! Me miraba todo... ahora voy a ver si salgo en verano y aprovecho para colocar el aire acondicionado ¿Te dije que voy a comprar un aire acondicionado? Si, te dije, un esplí me voy a comprar, de esos que tienen como una banderola y lo manejás a control remoto."
Dice Robledo que cuando se jubile, con el premio retiro se va a comprar un equipo completo de pesca, porque el que tenía lo perdió hace tiempo en alguno de sus 3 divorcios. "Quiero un reel, pero de los de antes, un Pen me voy a comprar", me anuncia. Cuando le hago notar que para pescar en arroyos le va a venir mejor una caña común y corriente, Robledo replica sobrador: "¡Qué sabrás vos! Vos porque nunca pescaste en el Río Uruguay, o en el lago de Rincón del Bonete, o en la laguna Merín. Eso es como si fuera el mar, hay lugares que mirás y no ves el otro lado, una maravilla, mirá, una maravilla. Ahora cuando instale el aire acondicionado me voy a comprar un mapa y voy a empezar a marcar los lugares que voy a recorrer cuando me jubile. Tiro las cañas y una parrilla para la valija del auto y arranco."
"¿Con tu mujer y tu hijo también?", le pregunto, convencido de que en toda esa planificación se está olvidando de algo muy importante. Entonces Robledo se manda un volantazo y comenta a viva voz: "¿Viste lo que hizo ese anormal? ¿No te digo que acá maneja cualquiera? ¿Pero viste lo que hizo? (me insiste, pero yo no le digo nada porque no vi nada, porque en realidad no pasó nada; entonces lo mira al borracho que está sentado al lado de la puerta y le sigue explicando a él la "barbaridad" que hizo el automovilista que él casi se lleva por delante cuando le deshice de golpe su sueño de pescador libre y solitario).
Luego de que se jubile, Robledo piensa subirse al auto e ir a pescar a todos los arroyos y lagunas que cubren nuestra llanura levemente ondulada. "Ah... -me dice- no sabés qué divino... al lado del arroyo, sin que te moleste nadie, hoy te vas a un lado y mañana te vas a otro, sin obligación con nadie... armás la carpa, prendés el fueguito... una maravilla".
"¿Así que te gusta pescar -le pregunto- vas muy seguido?"-agrego. Y Robledo me dice: "Si, me encanta, pero hace años que no voy a ningún lado porque la licencia siempre la pido para pagar deudas y al final termino quedándome en casa. Antes, cuando tenía cable, sacaba la licencia en julio o agosto para achicar el invierno y me pasaba mirando televisión. ¡Cada paliza de tele me daba! Me miraba todo... ahora voy a ver si salgo en verano y aprovecho para colocar el aire acondicionado ¿Te dije que voy a comprar un aire acondicionado? Si, te dije, un esplí me voy a comprar, de esos que tienen como una banderola y lo manejás a control remoto."
Dice Robledo que cuando se jubile, con el premio retiro se va a comprar un equipo completo de pesca, porque el que tenía lo perdió hace tiempo en alguno de sus 3 divorcios. "Quiero un reel, pero de los de antes, un Pen me voy a comprar", me anuncia. Cuando le hago notar que para pescar en arroyos le va a venir mejor una caña común y corriente, Robledo replica sobrador: "¡Qué sabrás vos! Vos porque nunca pescaste en el Río Uruguay, o en el lago de Rincón del Bonete, o en la laguna Merín. Eso es como si fuera el mar, hay lugares que mirás y no ves el otro lado, una maravilla, mirá, una maravilla. Ahora cuando instale el aire acondicionado me voy a comprar un mapa y voy a empezar a marcar los lugares que voy a recorrer cuando me jubile. Tiro las cañas y una parrilla para la valija del auto y arranco."
"¿Con tu mujer y tu hijo también?", le pregunto, convencido de que en toda esa planificación se está olvidando de algo muy importante. Entonces Robledo se manda un volantazo y comenta a viva voz: "¿Viste lo que hizo ese anormal? ¿No te digo que acá maneja cualquiera? ¿Pero viste lo que hizo? (me insiste, pero yo no le digo nada porque no vi nada, porque en realidad no pasó nada; entonces lo mira al borracho que está sentado al lado de la puerta y le sigue explicando a él la "barbaridad" que hizo el automovilista que él casi se lleva por delante cuando le deshice de golpe su sueño de pescador libre y solitario).
miércoles, 28 de octubre de 2009
VUELVE ROBLEDO
"Cuando nos juntamos ella tenía 14 años y yo 38 -sigue contando Robledo sin que nadie le pregunte nada- y al principio ella dudaba porque decía que la diferencia de edad era mucha, pero yo le dije que el amor no tiene edad y ella se convenció y vivimos juntos 7 años. Era virgen... Nos separamos porque ella quería tener un hijo (tuvo tres abortos míos), pero yo no le veía futuro a eso, no me cerraba tener un hijo a los 45 años, ya sos medio veterano para eso a esa edad..."
Hoy hacía calor, Robledo subió al ómnibus y abrió todas la ventanillas y las tapas del techo. Subió el asiento y luego le saltó arriba varias veces hasta que quedó a su gusto. Se quitó el chaleco violeta y se arremangó los pantalones hasta las rodillas. "No sabés cómo sufro el calor -me dijo- hasta me pone de mal humor el calor, me tira abajo, me saca las ganas de hablar. Yo prefiero mil veces el frío, ahhhh el frío es divino, te revitaliza" -dice, y se calla supongo que porque hace mucho calor.
A media tarde, la temperatura baja 10 grados, y Robledo comienza a estornudar. "Es esa pelusa de porquería de los plátanos -me dice- se te mete por la nariz y la garganta, todo por acá y me da alergia (miro alrededor y no veo ni una pizca de pelusa, el temporal de anteayer se la llevó toda) tendrían que cambiar esos árboles por paraísos, uno sí y uno no, para no dejar a la gente sin sombra mientras crecen los paraísos, un año en un lado y un año en el otro, hasta cambiarlos todos (Robledo vuelve a estornudar pero no dará el brazo a torcer, terminará el turno estornudando y sonándose la nariz con pañuelos descartables que tirará por la ventanilla y sin ponerse el chaleco ni la campera. Eso sí: trabajará con los pantalones sin remangar).
"Mirá eso (me dice tocando bocina y señalando con un movimiento de cabeza hacia una muchacha de unos 20 años con el pantalón muy ajustado que cruza la calle) son una locura las mujeres de ahora. ¿Sabés? Hoy venía de pasajero en el ómnibus y subió una gurisa de escuela, con túnica y todo, unos... (piensa) unos once años tendría. Yo venía sentado ahí, y ella se sentó acá, en el asiento de los bobos, y de repente la miro y me estaba mirando, y bajaba la cabeza y me volvía a mirar cuando yo no la miraba, unas trenzas rubias así, todo por acá, preciosa gurisa, pero escolar ché... los gurises de ahora vuelan... Cuando vivía en la pensión, se me regalaba una gurisa de once años, venía a mi cuarto y se sentaba en mi cama y me miraba, pero yo nunca nada, tenía once años y era un pescadito así (levanta su dedo índice y me lo muestra) parecía un pejerrey, pobrecita; al final se la terminó levantando el hijo de uno de ahí que tenía 18 años. Después la botija, sí, comenzó a agarrar formita, a echar pechitos. La que estaba buena era la madre (continúa entusiasmado) unos pechos así, tenía (forma dos grandes concavidades con sus manos), yo la veía porque había hecho un agujerito en el tabique, con un clavo caliente, había hecho un agujerito y vichaba por ahí. "
Hoy hacía calor, Robledo subió al ómnibus y abrió todas la ventanillas y las tapas del techo. Subió el asiento y luego le saltó arriba varias veces hasta que quedó a su gusto. Se quitó el chaleco violeta y se arremangó los pantalones hasta las rodillas. "No sabés cómo sufro el calor -me dijo- hasta me pone de mal humor el calor, me tira abajo, me saca las ganas de hablar. Yo prefiero mil veces el frío, ahhhh el frío es divino, te revitaliza" -dice, y se calla supongo que porque hace mucho calor.
A media tarde, la temperatura baja 10 grados, y Robledo comienza a estornudar. "Es esa pelusa de porquería de los plátanos -me dice- se te mete por la nariz y la garganta, todo por acá y me da alergia (miro alrededor y no veo ni una pizca de pelusa, el temporal de anteayer se la llevó toda) tendrían que cambiar esos árboles por paraísos, uno sí y uno no, para no dejar a la gente sin sombra mientras crecen los paraísos, un año en un lado y un año en el otro, hasta cambiarlos todos (Robledo vuelve a estornudar pero no dará el brazo a torcer, terminará el turno estornudando y sonándose la nariz con pañuelos descartables que tirará por la ventanilla y sin ponerse el chaleco ni la campera. Eso sí: trabajará con los pantalones sin remangar).
"Mirá eso (me dice tocando bocina y señalando con un movimiento de cabeza hacia una muchacha de unos 20 años con el pantalón muy ajustado que cruza la calle) son una locura las mujeres de ahora. ¿Sabés? Hoy venía de pasajero en el ómnibus y subió una gurisa de escuela, con túnica y todo, unos... (piensa) unos once años tendría. Yo venía sentado ahí, y ella se sentó acá, en el asiento de los bobos, y de repente la miro y me estaba mirando, y bajaba la cabeza y me volvía a mirar cuando yo no la miraba, unas trenzas rubias así, todo por acá, preciosa gurisa, pero escolar ché... los gurises de ahora vuelan... Cuando vivía en la pensión, se me regalaba una gurisa de once años, venía a mi cuarto y se sentaba en mi cama y me miraba, pero yo nunca nada, tenía once años y era un pescadito así (levanta su dedo índice y me lo muestra) parecía un pejerrey, pobrecita; al final se la terminó levantando el hijo de uno de ahí que tenía 18 años. Después la botija, sí, comenzó a agarrar formita, a echar pechitos. La que estaba buena era la madre (continúa entusiasmado) unos pechos así, tenía (forma dos grandes concavidades con sus manos), yo la veía porque había hecho un agujerito en el tabique, con un clavo caliente, había hecho un agujerito y vichaba por ahí. "
domingo, 25 de octubre de 2009
SIGUE CONTANDO ROBLEDO
"¿Cómo? Vení, no te escucho. Tenés que hablarme fuerte porque soy medio sordo (me dice Robledo cuando intento explicarle que no es que los pasajeros no toquen el timbre de la puerta de atrás ni que esté roto, sino que lo que pasa es que él no lo escucha; me acerco, se lo digo y no me cree, entonces estaciona el ómnibus, se levanta, va hasta atrás y toca el timbre que -naturalmente- suena perfecto) ¿Ves? (me dice) ¿Ves como suena? Lo que pasa es que lo acarician al timbre, tienen miedo de apretar fuerte (hace la mímica, los pasajeros lo miran callados, muy callados)". Mas tarde, Robledo me dirá: "¿Vos sabés que desde que apreté el timbre ahora suena todas las veces?"
Cuando entramos en la calle Buenos Aires, Robledo me dice: "Acá viví siete años ¿ves? primero en esta pensión (me señala un conventillo) y después en otra de la calle Reconquista que era más familiar. Porque ésta estaba llena de cafiolos y locas y se armaban cada lío que qué te voy a contar, y yo tenía una nena de 5 años y no era ambiente para ella. Era hija de mi primer mujer, que era del Casabó. Cuando llegó, la nena eructaba y se tiraba pedos y comía con las manos, pero yo la fui educando y de a poco la convertí en una señorita que podías llevarla a comer a cualquier restaurante y no te dejaba pegado. Cuando en la pieza de al lado se peleaban las putas, se escuchaba todo, y la nena me miraba y se tapaba la boca y me decía: '¿Viste lo que dijeron, papá?' Y yo le decía, sí, pero no se repite. 'No, no se repite', me decía ella aguantando la risa y vos sabés que no repetía. Yo me llevaba bien con todos los cafiolos, no tenés más remedio que llevarte bien, además, yo también tenía mis asuntitos (sonríe recordando, pero no cuenta), pero igual nos mudamos para la de la calle Reconquista, que esa tenía baño privado. Nunca tuve un problema pero igual andaba calzado, andaba con una sevillana de resorte que abierta tenía este tamaño (se señala el antebrazo) y la llevaba siempre por las dudas, pero ahí nunca la tuve que sacar. Cuando me fui para la Unión ahí era distinto, pero yo siempre iba pronto. Una vez como a las dos de la mañana se me venían acercando tres tipos y yo ya ví que me la iban a dar, entonces abrí la sevillana y los tipos escucharon el 'click' y se asustaron porque no sabían si yo tenía un revólver o una navaja y entonces se abrieron y me dejaron pasar sin decir nada, y me miraban; y otra vez llevaba la sevillana adentro de una bolsa de nylon, y también la abrí porque se me acercaban dos tipos y ya había pensado que primero se la clavaba al de la izquierda en la barriga (hace la mímica) y después, cuando ese se agachara, le mandaba un viandazo a la yugular al otro, para que se desangrara; pero veo que los tipos me ven venir y cruzan de vereda y me fijo y me doy cuenta de que la hoja de la sevillana había roto la bolsa de nylon y se veía de lejos por el reflejo de la luz de la calle. Porque no te podés regalar, la calle estará muy peligrosa, pero a mi no ve la van a dar, yo los limpio ahí nomás, porque si no después te buscan para vengarse o mandan a los parientes, en cambio si los limpias y los dejás tirados ahí, queda como un ajuste de cuentas, porque esos tipos tienen todos antecedentes.
Pero, mirá, mirá (se interrumpe y me señala la calle, donde centenares de volantes giran en remolino con la llegada de la sudestada pronosticada por los meteorólogos -desde la mañana estamos en "alerta roja", lluvia y vientos huracanados, dicen que habrá) ¿Ves? Ahora vienen los remolinos y en un rato viene la lluvia (en el horizonte ya se ven los relámpagos), porque yo tengo un sexto sentido para pronosticar el tiempo, no te digo para varios días, pero para el día no le erro, bueno, podré errarle en unas horas, pero vas a ver que ahora llueve y no pronosticaron nada (lo miro a los ojos, está hablando en serio). Cuando vivía en Vista Linda, el vecino, que era de ahí, venía a preguntarme a mí porque yo la embocaba siempre. Yo aprendí muchas cosas leyendo, sé lo de los cumulus nimbus y todo eso de las distintas nubes y de cómo el viento cambia el clima, si viene el viento del norte hace calor como hoy de mañana, si viene el viento del sur hace frío como ahora. Yo no tengo computadora, pero si tuviera no le erraría nunca ¡si tenés todas las fotos del satélite! Mirás esas fotos y te tenés que dar cuenta enseguida, yo no sé como es que no le embocan, además tienen los globos meteorológicos esos que suben los instrumentos, y cualquiera sabe que cuando el aire caliente se mezcla con un aire frío: llueve, como ahora ¿ves como tenía razón? (y señala hacia afuera, donde ha comenzado el temporal anunciado) ¿viste? Son unos troncos, todos esos 'Torracas', yo no sé cómo hacen para errarle tanto...
Yo tuve una novia que trabajaba en Meteorología, pah... qué épocas esas, yo tenía 40 años y no daba abasto con las mujeres. Una vez se me juntaron cuatro acá arriba, la primera era la que era limpiadora en Meteorología, ahí en la calle Mercedes, ella venía sentada acá adelante (señala con la cabeza el primer asiento junto a la puerta) y cuando subió la segunda yo me hice el bobo y ella ya sabía que si yo no saludaba era porque en el ómnibus venía mi mujer o algún conocido, y lo mismo con la tercera y la cuarta. Ninguna me hacían problema, unas botijas macanudas, sirvientas en Pocitos. Una era casada con un compañero -yo no sabía, me enteré cuando fui a la casa y vi la camisola colgada en la cuerda de la ropa- y una vez el marido llegó antes porque se le rompió el ómnibus y casi nos da la captura. Tuve que saltar por la ventana, era un primer piso pero tenía un terraplén de pasto en desnivel y cuando caí me torcí el pie y llegué rengo a casa. Y a mi esposa le dije que me lo había torcido cuando me bajaba del ómnibus, y la nena me ponía paños con agua y sal me preguntaba: '¿Te duele mucho, papito?', y a mí como que me daba un poco de lástima...
Cuando entramos en la calle Buenos Aires, Robledo me dice: "Acá viví siete años ¿ves? primero en esta pensión (me señala un conventillo) y después en otra de la calle Reconquista que era más familiar. Porque ésta estaba llena de cafiolos y locas y se armaban cada lío que qué te voy a contar, y yo tenía una nena de 5 años y no era ambiente para ella. Era hija de mi primer mujer, que era del Casabó. Cuando llegó, la nena eructaba y se tiraba pedos y comía con las manos, pero yo la fui educando y de a poco la convertí en una señorita que podías llevarla a comer a cualquier restaurante y no te dejaba pegado. Cuando en la pieza de al lado se peleaban las putas, se escuchaba todo, y la nena me miraba y se tapaba la boca y me decía: '¿Viste lo que dijeron, papá?' Y yo le decía, sí, pero no se repite. 'No, no se repite', me decía ella aguantando la risa y vos sabés que no repetía. Yo me llevaba bien con todos los cafiolos, no tenés más remedio que llevarte bien, además, yo también tenía mis asuntitos (sonríe recordando, pero no cuenta), pero igual nos mudamos para la de la calle Reconquista, que esa tenía baño privado. Nunca tuve un problema pero igual andaba calzado, andaba con una sevillana de resorte que abierta tenía este tamaño (se señala el antebrazo) y la llevaba siempre por las dudas, pero ahí nunca la tuve que sacar. Cuando me fui para la Unión ahí era distinto, pero yo siempre iba pronto. Una vez como a las dos de la mañana se me venían acercando tres tipos y yo ya ví que me la iban a dar, entonces abrí la sevillana y los tipos escucharon el 'click' y se asustaron porque no sabían si yo tenía un revólver o una navaja y entonces se abrieron y me dejaron pasar sin decir nada, y me miraban; y otra vez llevaba la sevillana adentro de una bolsa de nylon, y también la abrí porque se me acercaban dos tipos y ya había pensado que primero se la clavaba al de la izquierda en la barriga (hace la mímica) y después, cuando ese se agachara, le mandaba un viandazo a la yugular al otro, para que se desangrara; pero veo que los tipos me ven venir y cruzan de vereda y me fijo y me doy cuenta de que la hoja de la sevillana había roto la bolsa de nylon y se veía de lejos por el reflejo de la luz de la calle. Porque no te podés regalar, la calle estará muy peligrosa, pero a mi no ve la van a dar, yo los limpio ahí nomás, porque si no después te buscan para vengarse o mandan a los parientes, en cambio si los limpias y los dejás tirados ahí, queda como un ajuste de cuentas, porque esos tipos tienen todos antecedentes.
Pero, mirá, mirá (se interrumpe y me señala la calle, donde centenares de volantes giran en remolino con la llegada de la sudestada pronosticada por los meteorólogos -desde la mañana estamos en "alerta roja", lluvia y vientos huracanados, dicen que habrá) ¿Ves? Ahora vienen los remolinos y en un rato viene la lluvia (en el horizonte ya se ven los relámpagos), porque yo tengo un sexto sentido para pronosticar el tiempo, no te digo para varios días, pero para el día no le erro, bueno, podré errarle en unas horas, pero vas a ver que ahora llueve y no pronosticaron nada (lo miro a los ojos, está hablando en serio). Cuando vivía en Vista Linda, el vecino, que era de ahí, venía a preguntarme a mí porque yo la embocaba siempre. Yo aprendí muchas cosas leyendo, sé lo de los cumulus nimbus y todo eso de las distintas nubes y de cómo el viento cambia el clima, si viene el viento del norte hace calor como hoy de mañana, si viene el viento del sur hace frío como ahora. Yo no tengo computadora, pero si tuviera no le erraría nunca ¡si tenés todas las fotos del satélite! Mirás esas fotos y te tenés que dar cuenta enseguida, yo no sé como es que no le embocan, además tienen los globos meteorológicos esos que suben los instrumentos, y cualquiera sabe que cuando el aire caliente se mezcla con un aire frío: llueve, como ahora ¿ves como tenía razón? (y señala hacia afuera, donde ha comenzado el temporal anunciado) ¿viste? Son unos troncos, todos esos 'Torracas', yo no sé cómo hacen para errarle tanto...
Yo tuve una novia que trabajaba en Meteorología, pah... qué épocas esas, yo tenía 40 años y no daba abasto con las mujeres. Una vez se me juntaron cuatro acá arriba, la primera era la que era limpiadora en Meteorología, ahí en la calle Mercedes, ella venía sentada acá adelante (señala con la cabeza el primer asiento junto a la puerta) y cuando subió la segunda yo me hice el bobo y ella ya sabía que si yo no saludaba era porque en el ómnibus venía mi mujer o algún conocido, y lo mismo con la tercera y la cuarta. Ninguna me hacían problema, unas botijas macanudas, sirvientas en Pocitos. Una era casada con un compañero -yo no sabía, me enteré cuando fui a la casa y vi la camisola colgada en la cuerda de la ropa- y una vez el marido llegó antes porque se le rompió el ómnibus y casi nos da la captura. Tuve que saltar por la ventana, era un primer piso pero tenía un terraplén de pasto en desnivel y cuando caí me torcí el pie y llegué rengo a casa. Y a mi esposa le dije que me lo había torcido cuando me bajaba del ómnibus, y la nena me ponía paños con agua y sal me preguntaba: '¿Te duele mucho, papito?', y a mí como que me daba un poco de lástima...
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