(y a mi no me importa mucho que digamos)
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domingo, 13 de febrero de 2011

EL EVANGELIO SEGÚN SAN JESÚS

Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a visitar el sepulcro. De pronto, se produjo un gran temblor de tierra: el Ángel del Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella. Su aspecto era como el de un relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve. Al verlo, los guardias temblaron de espanto y quedaron como muertos.

El Ángel dijo a las mujeres: «No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado. No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde estaba, y vayan en seguida a decir a sus discípulos: “Ha resucitado de entre los muertos, e irá antes que ustedes a Galilea: allí lo verán”. Esto es lo que tenía que decirles». Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y corrieron a dar la noticia a los discípulos.

De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: «Alégrense». Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él. Y Jesús les dijo: «No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán».

Los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, se postraron delante de él; sin embargo, algunos todavía dudaron. Acercándose, Jesús les dijo: «Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vamos, entonces, y hagamos que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo». Y así partieron los doce.

viernes, 14 de enero de 2011

2031


Las pocas veces en que encuentro a Brian y a Jennifer sin los auriculares puestos aprovecho para hablarles, incluso para contarles como era el mundo y San Felipe cuando yo era adolescente. Durante un rato ellos escuchan por cortesía y hasta llegan a emitir unos sonidos guturales muy originales que fungen como una especie de comentario a mis relatos. Pero unos minutos después es muy evidente que se aburren, y entonces sonríen, se vuelven a colocar los auriculares, y siguen con sus vidas (es decir: escuchando música y al mismo tiempo hablando por teléfono con sus amigos, mientras arman cajas de cartón para el centro comercial).

Al principio, cuando les contaba que conocí un San Felipe en el que las vecinas barrían y hasta lavaban las veredas y batallones de empleados municipales barrían las calles hasta en las zonas más apartadas del centro, pensaban que les estaba haciendo una broma. Hoy, directamente creen que desvarío, que chocheo, que invento esas historias tan descabelladas.

Los entiendo, ellos han nacido en medio de esta mugre y no conciben que la suciedad moleste a alguien. Sus padres –incluso– ya no se acuerdan demasiado de aquellas épocas, eran muy chicos. “Deja ya eso, papi, al pasado pisado, mejor olvídalo” –me dicen con acento caribeño quitando unos segundos la mirada del televisor de plasma y frunciendo el ceño con preocupación.

Pero los recuerdos rondan y rondan por mi cabeza y no me dejan olvidar aquella ciudad limpia y silenciosa que quise tanto. Brian y Jennifer lisa y llanamente no me creen cuando les cuento que antes San Felipe era una ciudad silenciosa, y que apenas las familias acomodadas tenían un aparato de radio. Recuerdo cuando con mis padres nos sentábamos al fresco a leer los diarios de la noche y a escuchar el canto de los pájaros.

Recuerdo que todos pasábamos largos ratos conversando de una cosa o de otra, y que hablábamos por turno, esperando a que terminara uno para comenzar a hablar otro. Recuerdo que cuando prendíamos la radio para escuchar algún programa, todos nos sentábamos alrededor y guardábamos silencio (esta es una de las cosas que les hace más gracia a mis nietos, esa imagen de una familia escuchando una radio sin auriculares, y todavía en silencio).

Brian y Jennifer no me creen cuando les cuento que antes no existían los cuidacoches ni los limpiadores de parabrisas, ni la mayoría de los semáforos siquiera. Se imaginan a los conductores sacando la cabeza por la ventanilla para ver por donde van.

Para los que nos criamos teniendo al pasado presente gracias a las películas y la televisión de aquella época, resulta extraño imaginarselos imaginando eso. Pero no es su culpa, pues para la televisión de esta época el pasado no existe. Todo es presente y futuro. Y si hay pasado, es un pasado mitológico y fantástico, tan lejano que parece el futuro (así como antes en La Guerra de las Galaxias el futuro se parecía tantísimo al pasado).

Las veces en que –hastiado del ruido que hace su flamear incesante– salgo a juntar las bolsas de nylon que se amontonan en el alambrado del baldío de la esquina, Brian y Jennifer se asoman a la ventana y me miran con miedo. El resto de los vecinos también me mira desde detrás de sus cortinas, pero mayormente sonríe. Hay días en que limpiar el baldío me lleva más de una hora. Junto todas las bolsas en una bolsa más grande y luego camino dos cuadras y la tiro en el basural del barrio. Es un trabajo inútil, pues al poco rato el baldío está casi tan sucio como antes, pero me hace bien el ejercicio.

miércoles, 24 de febrero de 2010

¿QUÉ ES LO QUE HA PASADO?

Algunas veces hay días en que uno se levanta, mira alrededor al mundo que lo rodea, y le dan ganas de volverse a acostar de nuevo de ver la porquería que es. Porque -sin exagerar- el mundo en el que estamos viviendo actualmente es una real porquería con todas las letras, acento incluido. ¿Qué es lo que ha pasado?

Es que hoy día ya no hay respeto, ya no hay consideración para con los mayores; los jóvenes nos avasallan y nos atropellan como si el hecho de que sean jóvenes significara algo más que que tienen la mayor parte de la vida por delante. Los que como yo tenemos la mayor parte por atrás, merecemos al menos respeto y consideración, y... ¡respeto!. Sí señor. ¿Qué es eso de que ahora cualquier jovencito o jovencita imberbe nos ande tuteando? ¡Hasta las enfermeras le tutean a uno ahora! “¿Querés que te cambie la sonda o así estás bien?” le preguntan a uno las degeneradas esas de las enfermeras modernas. ¿Qué es lo que ha pasado?

En las épocas de mi juventud, cuando la juventud era realmente un divino tesoro y no la sodoma y gomorra que es ahora, no sólo a un joven, sino que ni siquiera a un adulto se le hubiera ocurrido dirigirse a una persona que peinara canas sin anteceder un respetuoso “Don” o “Doña” a su nombre, cuando no a su apellido. Washington Benavides, por ejemplo, hubiera sido o Don Washington, o Don Benavides, por ejemplo. Y sin embargo, ahí los tenemos a esta manga de degenerados que todavía no saben lo que es la vida, diciéndole al provecto poeta: “Ché, Bocha” tal cosa, “Ché, Bocha” tal otra. ¿Qué es lo que ha pasado?

Cuando el mundo estaba como debía estar y no patas arriba como está ahora, los hombres se saludaban como hombres, con un apretón de manos, cuando mucho con un una palmeada de hombros o una agarrada de antebrazo adjuntas. Y ahora resulta que viene cualquier barbudo asqueroso y con el mayor de los desparpajos no sólo lo tutea a uno sino que además le estampa un beso en la mejilla. Yo hago como las pitucas y doy vuelta la cara para que el eventual ósculo aterrice al menos en la zona mandibular inferior, pero la barba igual pincha. Y eso es culpa del degenerado de Tinelli, que fue el pionero de esa perversión aceptada hoy como si tal cosa por tirios y troyanos, planchas y cambas, jugadores de fútbol e intelectuales. ¿Qué es lo que ha pasado?

En mi tierna niñez, más de una vez recibí la sabia enseñanza de mantener silencio cuando un adulto hacía uso de la palabra. “Cállese la boca que están hablando los mayores”, me decía mi padre luego del pedagógico sopapo previo con el que me advertía que a continuación venía una sabia enseñanza. Ahora, en cambio, no ya los jóvenes, sino hasta los niños interrumpen y hasta intervienen en las conversaciones de los mayores como si ellos también fueran adultos. ¿Será que los niños de hoy entienden realmente las conversaciones adultas? ¿O será que los adultos de hoy hablan mayormente de temas tan estúpidos que hasta un niño los entiende? ¿Qué es lo que ha pasado?

No sé lo que ha pasado, no me lo pregunten más, por favor, y con permiso, me voy a acostar de nuevo que (como dijera Woody Allen) la asiática me tiene como loco.
Buenos días

Karl K. Man

martes, 23 de febrero de 2010

MINICUENTOS

Un día, hubo un concurso de minicuentos por sms y yo mandé éstos:

- -
¿Qué pasa que no contestás el teléfono? Despertáte de una vez y andá a fijarte si dejé bien cerrada la llave del gas, hacé el favor...

- -
¿Por qué no me lo dijiste antes? Ahora ya es demasiado tarde, lo siento.

- -
Fredric Brown marcó reversa, apretó el botón y encendió la máquina del tiempo del máquina la encendió y botón el apretó ,reversa marcó Brown Fredric

- -
Agazapado, sintió el tiro, el grito, y el ruido de las pisadas alejándose. Luego, olió la sangre, salió de entre los matorrales, y comió ronroneando de placer.

- -
Yo lo ví. Iba caminando tranquilamente y de repente se desarmó como un títere. Tal cual. No, no ví quien le disparó. Sangraba mucho. No gritó, no lloró.

- -
Primero sintió una molestia en la frente. Algo frío. Cuando abrió los ojos y vio al militar sonriendo tras su pistola, supo que ya todo había terminado.

- -
...trece, catorce, quince. Ya está –pensó- ya está. Una puñalada por cada año. Una puñalada por cada engaño. Una puñalada por cada desengaño. Suspiró.

A ningún jurado les gustó. A mi, ahora, algunos me siguen gustando y otros no.

(Si va a salir no olvide el paraguas)

lunes, 22 de febrero de 2010

VERSO TERRIBLE

Hoy no tenía ganas de escribir nada nuevo para este blog, así que me puse a revisar la carpeta "Escritos" a ver si encontraba algo potable, y me encontré con este pequeño y terrible verso que según dice el archivo, escribí hace como tres años. No tengo ni la más pálida idea de a qué me refería o qué me estaba pasando cuando lo escribí. Supongo que es simplemente un juego formal, ya que me había olvidado hasta de su existencia. Pero que quedó terrible, quedó terrible. Miren si nó:

Yo te cuento
Tu te enojas
Él se ríe

Nosotros discutimos
Vosotros calláis
Ellos lloran


viernes, 5 de febrero de 2010

COMPLAINTE SUR MON CORPS


Oh ma tête nue...

ma cime déchuassé et déchevelé

mon visage entrevu

ma bouche êpanoui

mon cou flamboyante

ma poitrine enfoncée

ma ventre circunflexe

ma virgule circonspect

,

solitaire, en attendant.

Pointe et départ.


Arthur Rimaud

domingo, 31 de enero de 2010

UNA VIEJA HISTORIA

Éste es uno de mis primeros intentos de hacer literatura, allá por 1970, modificado con resultados insatisfactorios hace unos 10 años:

Él nunca me perdonó que mis ojos secos lo vieran llorar adelante del viejo Pereyra mientras le rogaba que no llamara a sus padres. Yo, nunca pensé que él se fuera a poner a llorar como un niño por una citación a la dirección... ¡teníamos quince años! Pero bueno: lo ví llorar y no lloré. Ví llorar al mejor alumno de la clase, al pintún, al seguro de si mismo, al que triunfaría en la vida. ¡Y no lloré! Treinta y cinco años después, supongo que no lloré porque no me importaban demasiado ni una falta disciplinaria, ni una suspensión, ni una citación a mis padres, Yo no estaba compitiendo con nadie, ni por ser el mejor de la clase, ni por ser el más macho. La secundaria era un mal necesario, un obstáculo a superar para lograr otros fines. Claro, no lo superé. Le podría echar la culpa a la dictadura por eso. Sería muy fácil. Pero es feo mentirse a sí mismo. No superé ese obstáculo también por errores propios que son parte de otra parte de esta historia.

El asunto es que ese día estábamos frente al director del liceo luego de una gresca en el baño de varones del entrepiso. Una tontería que pasó a mayores cuando el Lali rompió el vidrio de la ventana con su codo y se hizo un corte en el brazo. El Lali había emigrado desde el maoísmo hasta el Partido Colorado y eso había merecido el repudio de la mayoría de sus compañeros. Claro, eran las épocas de las bandas fascistas que armaba ese partido para enfrentar a la incontenible ola de izquierdismo radical que hacia fines de los años 60 crecía en todos los liceos. La Juventud Uruguaya de Pie.

El Lali podía convertirse en la punta de lanza de esos parapoliciales en nuestro liceo, y nosotros no queríamos que eso sucediera. Por eso, cuando entramos a fumar al baño y nos encontramos con él, lo increpamos duramente. Palabra vá, palabra viene, nos aprontamos para la violencia. Ahí fue que alguien lo empujó contra la ventana y su codo la rompió. Corrió la sangre y nosotros corrimos delante de ella. El Lali quedó sólo con su hemorragia (poca cosa, por cierto). De lejos vimos como sus ojos nos miraban con odio mientras se dirigía a la oficina del Director, y entonces comprendimos que la cosa no iba a quedar allí.

El Lali entregó la lista detallada de todos los que estábamos en ese baño en ese momento, y el viejo Pereyra nos citó a la oficina de la sub directora y nos fue interrogando de uno en uno; tratando de diferenciar entre testigos y acusados. Cuando llegó mi turno me manifesté inocente porque -al igual que Mauricio- en realidad lo era. Nuestra agresión había sido solamente verbal. El del manoseo y el empujón fue otro, no diré quién. Luego del interrogatorio, me hizo pasar a su oficina, y allí fue que me encontré con los demás y con los ojos rojos de Marcos. Sólo recuerdo su rostro compungido y sus lágrimas mientras el viejo nos sermoneaba y nos amenazaba. Hoy ya no me acuerdo si nos suspendieron o si citaron a nuestros padres, pero eso no importa demasiado.

(Obviamente que ésto debería continuar, pero por el momento no me parece que valga la pena)


jueves, 31 de diciembre de 2009

BOLETOS Y LAPICERAS

En Montevideo hay aedos, aedos, aedos
que sin bombos ni platillos, platillos, platillos
van vendiendo boletillos, finillos, pequeñillos
con letrillas mal impresas en redonda con puntillo

Viajan en vehículos ruidosos, ruinosos
y a veces se hacen los osos, obtusos, ociosos
y te toman de la mano, obsesos, babosos
cuando les das las monedas o te entregan el boleto

Tienen ilusiones compartidas partidas paridas
pesadillas adheridas heridas queridas
sueñan que pasás al fondo, tan hondo
sin que él tenga que pedirlo todo el día

No pretenden glorias ni laureles, laureles, laureles
sólo que pases al fondo, tan hondo
y que bajes por atrás y que pases de costado
apretado, empujado, comprimido y estibado

Hablan de la hora hasta cansarse, cansarse, cansarse
sin tener miedo a plagiarse, plagiarse, plagiarse
nada de eso importa ya mientras escriban, escriban, escriban
su manía su locura su neurosis obsesiva.

Andan por las calles los poetas poetas poetas
como si fueran cometas, cometas, cometas
en un ómnibus cansino, con motor casi fundido
impenetrable, desastroso, lamentable y aburrido.

En Montevideo hay lapiceras
desangradas en boletos, boletos, boletos
de poemas retorciéndose confusos, confusos, confusos
en delgaditos boletos como alcohólicos reclusos.

Andan por las calles escribiendo y viendo y viendo
lo que ven lo van diciendo y siendo y siendo
ellos poetas a la vez que se pasean, pasean, pasean
van contando lo que ven, y lo que no, lo fantasean.

Miran para el cielo los poetas, poetas, poetas
como si fueran saetas, saetas, saetas
arrojadas al espacio que un rodeo, rodeo, rodeo
hiciera regresar para clavarlas en Montevideo

Ahora me doy cuenta de que habrá gente que no conozca la canción que parafrasea esto que yo escribí. Aquí va pues la letra de la canción en serio:

BIROMES Y SERVILLETAS
Leo Masliah

En Montevideo hay poetas, poetas, poetas
que sin bombos ni trompetas, trompetas, trompetas
van saliendo de recónditos altillos, altillos, altillos
de paredes de silencios de redonda con puntillo.

Salen de agujeros mal tapados, tapados, tapados
y proyectos no alcanzados cansados, cansados
que regresan en fantasmas de colores, colores, colores
a pintarte las ojeras y pedirte que no llores.

Tienen ilusiones compartidas partidas, partidas
pesadillas adheridas heridas, heridas
cañerías de palabras confundidas fundidas, fundidas
a su triste paso lento por las calles y avenidas.

No pretenden glorias ni laureles, laureles, laureles
solo pasan a papeles, papeles, papeles,
experiencias totalmente personales, zonales, zonales
elementos muy parciales que juntados no son tales.

Hablan de la aurora hasta cansarse, cansarse, cansarse
sin tener miedo a plagiarse, plagiarse, plagiarse
nada de eso importa ya mientras escriban, escriban, escriban
su mana su locura su neurosis obsesiva.

Andan por las calles los poetas, poetas, poetas
como si fueran cometas, cometas, cometas
en un denso cielo de metal fundido, fundido, fundido
impenetrable, desastroso, lamentable y aburrido.

En Montevideo hay biromes, biromes, biromes
desangradas en renglones, renglones, renglones
de palabras retorciéndose confusas, confusas, confusas
en delgadas servilletas como alcohólicas reclusas.

Andan por las calles escribiendo y viendo y viendo
lo que ven lo van diciendo y siendo y siendo
ellos poetas a la vez que se pasean, pasean, pasean
van contando lo que ven, y lo que no, lo fantasean.

Miran para el cielo los poetas, poetas, poetas
como si fueran saetas, saetas, saetas
arrojadas al espacio que un rodeo, rodeo, rodeo
hiciera regresar para clavarlas en Montevideo

- -
(Si, hoy tampoco tenía ganas de escribir algo)

miércoles, 23 de diciembre de 2009

REFLEXIONES NAVIDEÑAS

Yo quisiera estar durmiendo a estas horas, pero mi mente no me deja. Lo intenté, vaya si lo intenté, me tomé la pastilla y apagué la luz y traté (ardua aunque infructuosamente) que me interesara lo que estaba repitiendo por enésima vez Dolina en la radio, y no pude, ni interesarme, ni dormirme. Aquí estoy pues, a esta hora de la madrugada, tratando de ordenar mis pensamientos al menos un poco, lo mínimo necesario como para conciliar el sueño.

¿Y en que piensa tanto éste hombre que no puede dormir? –se preguntará el sufrido lector de estas líneas. Pues en general, pienso en la razón de la sinrazón, pero en particular, hoy, ahora, no logro encontrar las respuestas a ciertas preguntas que me acosan siempre por éstas épocas del año. Para empezar, sigo sin entender por qué Santa Claus se llama así si es un tipo. ¿No debería llamarse San Claus? ¿O esa barba y esos bigotes son postizos y Santa Claus es una mujer disfrazada, o lo que es peor, una travesti?

Alguien me dijo: “Tranquilo, no te pongas nervioso que Santa Claus es varón… ¿No ves que también lo llaman Papá Noel?” ¿”Papá” un tipo que no tiene hijos? –cuestioné yo inmediatamente. Ese seudónimo no soluciona nada, porque que yo sepa, para ser papá hay que tener al menos un hijo, y todo el mundo sabe que Santa Claus no sólo no lo tiene, sino que ni siquiera está casado. Otra cosa muy distinta sería si le dijeran “papito”, que para eso no se precisa tener hijos sino jóvenes amantes. Pero el caso es que no los tiene, y que además de denominarlo “Santa” siendo hombre, le dicen “papá” sin ser padre.

Y ahí me cayó la gota que me desbordó el vaso, porque empecé a hacer asociaciones de nombres y conceptos: a Santa Claus le dicen Papá Noel; Noel, en francés, significa Navidad; Navidad quiere decir natividad; natividad significa nacimiento; el que nació en Navidad fue Jesucristo; Jesucristo es el hijo de Dios; a Santa Claus le dicen Papá Noel o sea “Padre Navidad”… ¿Entonces Santa Claus es el padre de Jesucristo, o sea Dios Padre Todopoderoso mismo? ¿Dios se mete por las chimeneas y toma Coca-Cola?

¿Entienden ahora por qué mi alma no encuentra reposo y mi cuerpo tampoco? Más quiero entender, más me entrevero. Más quiero dormir, más me desvelo… ¿Habré cometido algún pecado capital al pensar por un momento que Dios era mujer? En fin, no quiero seguir pensando porque ya ven que voy de mal en peor, y como el suicidio es pecado capital sin lugar a dudas, mejor me tomo un bromazepán 12 y me plancho hasta mañana, que será otro día (espero). Por eso siempre me gustaron más los Reyes Magos, que no dejan lugar a ninguna duda.

Buenas noches, muchas gracias.

jueves, 17 de diciembre de 2009

NO ME ODIES

ME ODIAS
de Renée Sadoch

Sé muy bien que tú me odias
me odias porque crees que soy une necie
me odias porque crees que soy une guarange
me odias porque escribo ésto sin género
me odias porque no sabes si escribo ésto para ti
me odias porque piensas que tal vez lo escriba para otre
me odias y te muerdes les uñes
me odias y temes contestarme
me odias y no quieres darte por aludide
me odias y sabes que debes quedarte callade
me odias y callas para que nadie sepa que me odias
no me odies, no seas pelotude, no vale la pena

martes, 15 de diciembre de 2009

CERROS COMO ELEFANTES BLANCOS

Del otro lado del valle del Santa Lucía, los cerros eran largos y blancos. De este lado no había sombra ni árboles y la estación se alzaba al rayo del sol, entre dos líneas de rieles. Junto a la pared de la estación caía la sombra tibia del edificio y una cortina de tiritas de plástico colgaba en el vano de la puerta del bar, para que no entraran las moscas. El montevideano y la muchacha que iba con él tomaron asiento a una mesa a la sombra, fuera del edificio. Hacía mucho calor y el tren de Río Branco llegaría en cuarenta minutos. Se detenía dos minutos en este entronque y luego seguía hacia Montevideo.
—¿Qué tomamos? —preguntó la muchacha. Se había quitado el sombrero y lo había puesto sobre la mesa.
—Hace calor —dijo el hombre.
—Vamos a tomar unas birras.
—Dos cervezas —dijo el hombre hacia la cortina.
—¿Chicas o tres cuartos? —preguntó una mujer desde el umbral.
—Tres cuartos.
La mujer trajo dos cervezas de tres cuartos y dos vasos, puso todo en la mesa y miró al hombre y a la muchacha. La muchacha miraba la hilera de cerros. Eran blancos bajo el sol y el campo estaba pardo y seco.
—Parecen elefantes blancos —dijo.
—Nunca he visto uno —. El hombre bebió su cerveza.
—No, claro que no.
—Nada de claro —dijo el hombre—. Bien podría haberlo visto.
La muchacha miró el cartel del bar.
—Tiene algo pintado —dijo—. ¿Qué dice?
—Grappa Ancap.
—¿Podríamos probarla?
—Oiga —llamó el hombre a través de la cortina.
La mujer salió del bar.
—Cientoveinte pesos.
—Queremos dos grappas.
—¿Con limón?
—¿La querés con limón?
—No sé —dijo la muchacha—. ¿Es rica con limón?
—No está mal.
—¿Las quieren con limón? —preguntó la mujer.
—Sí, con limón.
—Tiene gusto a alcohol rectificado —dijo la muchacha y dejó el vaso.
—Así pasa con todo.
—Si dijo la muchacha—- Todo tiene gusto a alcohol rectificado. Especialmente las cosas que uno ha esperado tanto tiempo, como este ferrocarril.
—Ufa, terminála...
—Vos empezaste —dijo la muchacha—. Yo me divertía. Pasaba un buen rato.
—Ta bien, tratemos de pasar un buen rato.
—De acuerdo. Yo trataba. Dije que las montañas parecían elefantes blancos. ¿No fue ocurrente?
—Fue ocurrente.
—Quise probar esta bebida. Eso es todo lo que hacemos, ¿no? ¿Mirar cosas y probar bebidas?
—Supongo.
La muchacha contempló los cerros.
—Son preciosos cerros —dijo—. En realidad no parecen elefantes blancos. Sólo me refería al color de su piel entre los árboles.
—¿Tomamos otra birra?
—Bueno, dále.
El viento cálido empujaba contra la mesa la cortina de tiritas.
—La cerveza está buena y fresca —dijo el hombre—.
—Es preciosa —dijo la muchacha.
—En realidad se trata de una operación muy sencilla, petisa —dijo el hombre—. En realidad no es una operación.
La muchacha sorbió sus mocos y miró el piso donde descansaban las patas de la mesa.
—Yo sé que no te va a afectar, petisa. En realidad no es nada. Sólo es para que entre el aire.
La muchacha no dijo nada.
—Yo estoy contigo y estaré contigo todo el tiempo. Sólo tenés que dejar que entre el aire y luego todo es perfectamente natural.
—¿Y qué haremos después?
—Estaremos bien después. Igual que como estábamos.
—¿Qué te hace pensarlo?
—Eso es lo único que nos molesta. Es lo único que nos hace infelices.
La muchacha miró la cortina de cuentas, extendió la mano y tomó dos de las tiras.
—Y pensás que estaremos bien y seremos felices.
—Lo sé. No tenés que tener miedo. Conozco mucha gente que lo ha hecho.
—Yo también —dijo la muchacha—. Y después todos fueron tan felices.
—Bueno —dijo el hombre—, si no querés no estás obligada. Yo no te obligaría si no quisieras. Pero sé que es perfectamente sencillo.
—¿Y vos de veras querés?
—Pienso que es lo mejor. Pero no quiero que lo hagas si en realidad no querés.
—Y si lo hago, ¿serás feliz y las cosas serán como eran y me querrás?
—Te quiero. Vos sabés que te quiero.
—Sí, pero si lo hago, ¿nunca volverá a parecerte bonito que yo diga que las cosas son como elefantes blancos?
—Me encantará. Me encanta, pero en estos momentos no puedo disfrutarlo. Ya sabés cómo me pongo cuando me preocupo.
—Si lo hago, ¿nunca volverás a preocuparte?
—No me preocupará que lo hagas, porque es perfectamente sencillo.
—Entonces lo haré. Porque yo no me importo.
—¿Qué querés decir?
—Yo no me importo.
—Bueno, pues a mí sí me importás.
—Ah, sí. Pero yo no me importo. Y lo haré y luego todo será magnífico.
—No quiero que lo hagas si te sentís así.
La muchacha se puso de pie y caminó hasta el extremo de la estación. Allá, del otro lado, había campos de pasto y montes de eucaliptus a lo largo de las riberas del Santa Lucía. Muy lejos, más allá del río, había cerros. La sombra de una nube cruzaba el campo y la muchacha vio el río entre los árboles.
—Y podríamos tener todo esto —dijo—. Y podríamos tenerlo todo y cada día lo hacemos más imposible.
—¿Qué dijiste?
—Dije que podríamos tenerlo todo.
—Podemos tenerlo todo.
—No, no podemos.
—Podemos tener todo el mundo.
—No, no podemos.
—Podemos ir adondequiera.
—No, no podemos. Ya no es nuestro.
—Es nuestro.
—No, ya no. Y una vez que te lo quitan, nunca lo recobrás.
—Pero no nos los han quitado.
—Ya veremos tarde o temprano.
—Volvé a la sombra —dijo él—. No podés, no debés sentirte así.
—No me siento de ningún modo —dijo la muchacha—. Nada más sé cosas.
—No quiero que hagas nada que no quieras hacer…
—Ni que no sea por mi bien —dijo ella—. Ya sé. ¿Tomamos otra birra?
—Bueno. Pero tenés que darte cuenta…
—Me doy cuenta —dijo la muchacha. ¿No podríamos callarnos un poco?
Se sentaron a la mesa y la muchacha miró los cerros en el lado seco del valle y el hombre la miró a ella y miró la mesa.
—Tenés que darte cuenta —dijo— que no quiero que lo hagas si vos no querés. Estoy perfectamente dispuesto a dar el paso si algo significa para vos.
—¿No significa nada para vos? Hallaríamos la manera.
—Claro que significa. Pero no quiero a nadie más que a vos. No quiero que nadie se interponga. Y sé que es perfectamente sencillo.
—Sí, sabés que es perfectamente sencillo.
—Está bien que digas eso, pero en verdad lo sé.
—¿Querrías hacer algo por mi?
—Yo haría cualquier cosa por vos.
—¿Querrías por favor por favor por favor por favor callarte la boca?
El no dijo nada y miró las valijas arrimadas a la pared de la estación. Tenían etiquetas de todos los hoteles donde habían pasado la noche.
—Pero no quiero que lo hagas —dijo—, no me importa en absoluto.
—Voy a gritar —dijo la muchacha.
La mujer salió de la cortina con otras dos cervezas y las puso en la mesa..
—El tren llega en cinco minutos —dijo.
—¿Qué dijo? —preguntó la muchacha, que además era medio sorda.
—Que el tren llega en cinco minutos.
La muchacha dirigió a la mujer una vívida sonrisa de agradecimiento.
—Iré llevando las valijas al otro lado de la estación —dijo el hombre. Ella le sonrió.
—Ta bien, después vení a terminar la birra.
El recogió las dos pesadas valijas y las llevó, rodeando la estación, hasta las otras vías. Miró a la distancia pero no vio el tren. De regresó cruzó por el bar, donde la gente en espera del tren se hallaba bebiendo. Tomó otra grappa en la barra y miró a la gente. Todos esperaban razonablemente el tren. Salió atravesando la cortina de tiritas. La muchacha estaba sentada y le sonrió.
—¿Te sentís mejor? —preguntó él.
—Me siento muy bien —dijo ella guardando su pañuelo—. Era verdad, no me pasó nada. Ya me soné la nariz. Tenías razón, ahora entra el aire.




lunes, 14 de diciembre de 2009

DOS COSOS

UNO

Ayuno de todo reyuno
nulo, aznuno
yo, uno,
uno y reuno
nudo tras nudo.
Nulo, tozudo
concienzudo
uno a uno
nudo a nudo
auno y sumo
que sean uno
que sea uno
el nudo que uno
y no desanudo
mientras desayuno
resumo, rezumo
me congratulo
y, boludo, saludo.

DOS

El corredor recorre el corredor

martes, 8 de diciembre de 2009

MÁS REFLEXIONES SOBRE LA ARAÑA

Hace un rato me puse a pensar en mi ensayo del lunes pasado (o sea ayer) sobre las contradicciones implícitas en la circunstancia de que un animal que no araña se llame “araña”. Si, ya sé, no debería haberlo hecho... Pero bueno, no puedo dominar estos impulsos (si así fuera mi vida sería mucho más sencilla), y aquí estoy, turbado y perturbado por no haberme dado cuenta de que la araña no sólo no araña, sino que tampoco “pica”. Porque para picar se necesita tener un pico, lo que tiene la araña son mandíbulas, y el hecho de cerrar las mandíbulas sobre un objeto se llama “morder”. O sea que la araña “muerde”. Pero a pesar de que lo que hace la araña no es picar sino morder, ahí vamos llorando a los gritos: “¡Me picó una araña! ¡Me picó una araña!”, corriendo como unos histéricos buscando un auxilio imposible de encontrar... (que no hay nadie en casa ahora).

¿Que pensaría usted si escuchara a alguien llorar porque lo “picó” un perro? Que esa persona sin dudas está mal de la cabeza. ¿No? Y sin embargo, cuando escucha a alguien berrear porque lo “picó” una araña, lo que hace es correr a su lado y preguntarle “¿Dónde, dónde?” y no se le ocurre para nada pensar que el tipo esté loco. Es que nos acostumbramos muy fácil a hablar mal, y la culpa, seguro que es de la televisión. Hablando de Roma, la otra vez en canal 4 anunciaron que pasarían la película “El hombre araña” y la sorda de mi tía preguntó: ¿El hombre araña?. Sí, tía –le contesté– “El hombre araña”. Y ella me dijo: –¡Qué poco varoncito ese muchacho! Arañar no es de hombres... Le iba a explicar, pero mirando cómo se viste el Peter Parker ese, pensé que mejor la dejaba por ahí, que tal vez mi tía tiene razón.

Pero volviendo a lo del principio, que no quiero irme por las ramas, en este momento me percato de que –al igual que la araña– las abejas y las avispas tampoco “pican”. Ambas nos clavan sus aguijones, la una, cual minúsculo kamikaze, nos clava su aguijón y muere; la otra cual liliputiense asesino sanguinario, hace lo propio y huye cobardemente antes de que le podamos dar su merecido. Y sin embargo no decimos que una u otra nos “aguijonearon”, sino que andamos como unos estúpidos diciendo por ahí que nos “picaron”. ¡Y lo mismo sucede con el mosquito, que lo que hace es perforar nuestra piel con su proboscis y succionar nuestra sangre! También decimos “me picó un mosquito”, cuando lo correcto sería decir “me perforó un mosquito” o “me chupó un mosquito” (¿aceptaría un “me succionó”?)... En fin, que por lo que veo, la palabra “picar” sirve tanto para un barrido como para un planchado. Y ahora me acordé de que también decimos que las aguavivas “pican”, cuando en realidad nos clavan pequeñas lancetas ponzoñosas, pero mejor me tomo la pastilla y me voy a acostar. Buenas noches.

lunes, 7 de diciembre de 2009

¿POR QUÉ LA ARAÑA SE LLAMA ARAÑA?

¿Por qué la araña se llama “araña” si no araña, pica, y el gato, que es el que araña, se llama “gato”? ¿Cómo se llamaría la araña si realmente arañara? ¿Gato? ¿El nombre de un bicho no debería estar relacionado con sus actitudes y aptitudes, su apariencia, o el papel que juega en el universo?

¿Por qué la anchoa se llama así si es un pescado finito? ¿Por qué la anchoa se llama “anchoa” mientras que la langosta se llama “langosta”? ¿Qué tiene de angosta la langosta? Algo, sobre todo si la miramos de arriba y con las alas plegadas ¿Y la mangosta? ¿Qué relación, parentesco, o cercanía hay entre la langosta y la mangosta para llamarse tan parecidas la una a la otra? ¿Es que las mangostas comen langostas? A veces, cuando tienen mucha o mucho hambre, pero en general prefieren comer ratas, víboras, escorpiones, y otros bichos asquerosos y repugnantes.

A la mangosta le pasa algo parecido a lo que le pasa a la araña, se llama “mangosta” pero ni tiene mango, ni manguea, ni es tan angosta como para nominarla con el superlativo de ese adjetivo. Pero la mangosta, a diferencia de la araña, sí que araña cuando uno le pone un bozal y la judea y ella se ve impedida de mordernos para defenderse. Pero no se llama “araña”, se llama “mangosta”...

La mangosta no teje pero la araña sí, y lo que teje la araña se llama “telaraña”, pero lo que teje la araña no es una tela sino una red. ¿No sería mucho más sensato y lógico que lo que teje la araña se llamara “redaraña” y no “telaraña”? ¿Me pueden decir quién, en nombre de Dios, le puso “telaraña” a la telaraña? ¿Cómo quieren que el mundo no ande como anda si llamamos a las cosas con nombres equívocos, que describen realidades y/o situaciones sin contacto alguno con la realidad?

El nombre del pulpo, a diferencia del de la araña, sí que está bastante bien puesto, porque los pulpos no tienen huesos, son pura pulpa (que no es tan tierna como el pesceto, pero se deja comer). El pulpo tiene ocho patas igual que la araña, sin embargo, al pulpo lo llaman “pulpo” y no “araña” (en este caso también coincide el hecho de que el pulpo tampoco araña), asi que lo de que la araña se llame “araña”, no está relacionado con la cantidad de patas. ¿Con qué está relacionado? No lo sé... a esta altura lo único que sé es que esta cuestión de que la araña se llame “araña” aunque no araña, me ha producido migraña. ¿Que por qué la migraña se llama “migraña”? ¡¡¡No lo sé, por Dios, no lo sé!!! ¿Me pueden dejar tranquilo al menos por un rato?
(Continúa...)

domingo, 6 de diciembre de 2009

MILONGA DEL DESPISTADO


Milonga del despistado
milonga del desconcierto
canción del que busca afuera
lo que no está más que adentro

Milonga del liberado
milonga del escapado
que se piensa que está libre
pero sigue engayolado

Milonga del asomado
milonga del prisionero
que no sabe que el afuera
es lo mismo que el adentro

Milonga del despistado
milonga del desconcierto
canción del que se escapó
y volvió a meterse adentro

jueves, 3 de diciembre de 2009

ODAS A STALIN

Que a Stalin quien más quien menos, todo el mundo le chupaba la media cuando vivo, ya se sabe y tiene cierto sentido, pues a nadie le gusta perder la cabeza por gusto. Pero bueno, hubo otros que lo siguieron alcahueteando después de muerto, como es el caso del Neftalí Reyes, más conocido como Pablo Neruda, quien escribió esta asqueante

"Oda a Stalin":

Camarada Stalin,
yo estaba junto al mar en la Isla Negra, descansando de luchas y de viajes,
cuando la noticia de tu muerte llegó como un golpe de océano.

Fue primero el silencio, el estupor de las cosas, y luego
llegó del mar una ola grande.

De algas metales y hombres, piedras, espuma y lágrimas
estaba hecha esta ola.

De historia, espacio y tiempo recogió su materia
y se elevó llorando sobre el mundo
hasta que frente a mí vino a golpear la costa
y derribó a mis puertas su mensaje de luto
con un grito gigante
como si de repente se quebrara la tierra

(de "Las Uvas y el Viento").

Y entonces, yo agarré la famosa poesía de Rubén Darío "A Margarita Debayle" y la transformé en la Oda a Stalin de Rubén Darío. Una barbaridad, pero bueno, Darío es un poeta que me resulta muy empalagoso, así que no me siento culpable de haberle inventado esto. Aquí va:

RUBÉN DARÍO
ODA A STALIN

Margarita, Stalin dá la mar,

y el viento,

que Ileva marxismo al azar.

Yo siento,

en el koljós un gallo rojo cantar.

Lo siento,

Margarita, te voy a contar

un cuento.


Éste era un zar que tenía

un palacio junto al Neva,

una corte de boyardos

y un rebaño de mujiks,

matrioshkas de malaquita,

un gran manto de tisú

y una gentil princesita,

tan bonita,

Margarita,

tan bonita como tú.


Una tarde la princesa

vio una estrella aparecer;

la princesa era traviesa

y la quiso ir a coger.

La quería para hacerla

decorar un prendedor,

con un verso y un panfleto,

un martillo y una hoz.


Las princesas primorosas

se parecen mucho a ti:

de pronto les da la loca,

y se van con Stalin.


Pues se fue la niña bella,

bajo el cielo y sobre el mar,

a cortar la roja estrella

que la hacía suspirar.


Y siguió camino arriba,

por el campo y más allá;

mas lo malo es que ella iba

sin permiso del papá.


Cuando estuvo ya de vuelta

del bulín del conductor,

se miraba toda envuelta

en un rojo resplandor.


Y el zar dijo: "¿Qué te has hecho?

Te he buscado y no te hallé;

y ¿qué tienes en el pecho,

que encendido se te ve?"


La princesa no mentía.

Y así, dijo la verdad:

"Me he afiliado al Partido

de la roja inmensidad".


Y el zar clama: "¿No te he dicho

que de los bolches hay que huir?

iQué locura! iQué capricho!

¡Vamos todos a morir!”


Y dice ella: "No hay remedio;

yo me fui sé bien por qué;

con las hoces y el martillo

ví la estrella y me afilié".


Y el papá dice enojado:

"Un castigo has de tener:

ve al soviet y el carné

vas ahora a devolver".


La princesa se entristece

colorado y colorín

cuando entonces aparece

sonriendo Stalin.


Y así dice: "En mi soviet

ese carnet le ofrecí:

son mis flores de las niñas

que al luchar piensan en mí".


Carga el zar gruesas cadenas

y lo hacen desfilar

frente al ejército rojo

a la orilla de la mar.


La princesita está bella,

pues ya tiene el prendedor

en que lucen, con la estrella,

el martillo y la hoz.


Margarita, Stalin dá la mar

y el viento

que Ileva marxismo al azar.

Lo siento.


Ya que lejos de mí vas a estar,

guarda, camarada, un pensamiento

al que un día te quiso contar

un cuento.

domingo, 22 de noviembre de 2009

EL VENDEDOR DE MEDIAS ME ASUSTA

Y el vendedor de medias me asusta cuando me dice que esas que él vende "no cortan la circulación de la sangre", lo que me hace pensar en que hay otras medias que sí cortan la circulación de la sangre, y que si me pongo un par de esas medias y se me corta la circulación de la sangre por los pies, se me van a empezar a hinchar y a ponerse negros y al final se me van a caer al suelo pero lo más probable es que no me voy a dar cuenta porque los pies casi siempre están en el suelo, y entonces lo que sucederá será que yo arranque a caminar y mis pies se queden ahí donde estaban porque las medias me cortaron la circulación de la sangre y yo salga caminando como con zancos pero más petiso, y luego no tendré que comprar mas medias, ni de las unas ni de las otras, y ni siquiera tendré que comprar zapatos, que me arreglo con unos regatones y chau, que son mucho más baratos que los Di Felice, entonces agarro y no compro nada esas medias que no cortan la circulación de la sangre, y voy a preguntarle al vendedor donde puedo comprar de las otras, de las que sí cortan la circulación de la sangre, porque además, sin gastar sangre en mantener los pies voy a tener más para el resto del cuerpo, cerebro incluído, y entonces capaz que me convierto en genio y todo.

domingo, 15 de noviembre de 2009

LOS MISTERIOS DE LA CULTURA

Cuando pusieron ahí en la Biblioteca Nacional la estatua de Miguel de Cervantes Saavedra (al parecer su madre era cordobesa), lo primero que pensé fue que se la habían esculpido cuando era joven y desconocido. Porque el tipo, ahí, a la vista de quien quiera mirarlo, tiene un brazo en cada hombro, con las correspondientes manos con cinco dedos uno al lado del otro cada una. Así que de “Manco del Espanto” nada, pensé. Más aún, mientras su siniestra reposa en la empuñadura de una brilla-tizona-de-fino-acero-igual-que-un-claro-rayo-de-luna, con su diestra, nuestro Cervantes aprieta un manojo de papeles, como si estuviera preparando para otros fines unos folios que le salieron mal.

La escultura está puesta cual si Cervantes se estuviera yendo de la Biblioteca Nacional, arrugando esos papeles con su mano derecha, enojado porque Tomás le rechazó un original. Más que una escultura de bienvenida, parece una escultura de “huye de aquí que en este lugar anida la cultura y eso es algo peligroso porque genera conciencia y la conciencia genera rebeldía u obsecuencia y yo te prefiero ignorante porque la ignorancia genera sumisión y eso es lo que quiero de ti”. O algo parecido.

Pero bueno, la de Cervantes no es una excepción. Si se fijan bien, ninguna estatua se ríe. El que no tiene cara de enojado, tiene cara de serio, de preocupado, de triste, de sufriente, o lisa y llanamente de estúpido. Ninguna sonrisa, ninguna mirada pícara. No, nada de eso. Todos amargados. Ni siquiera el Testone se ríe. Claro, el tipo pone cara de “yo no fui”, porque estar en pelotas en medio de 18 de Julio con esa desgracia a la vista de todos no debe ponerlo contento a uno. Digo yo.

De todas maneras, hay en la Biblioteca Nacional otra estatua que sí nos da la bienvenida. Un pelado de barba con el camisón arrugado y medio cayéndosele, que señala con su mano derecha hacia la puerta, como diciéndonos: “Entrá nomás... No te achiques si ya estoy casi vengado pues en tu mismo pecado la penitencia llevás”. Todo un filósofo el tipo. Entonces entré y le dije a la funcionaria: “Déme un libro del Pelado”. “Sí señor, como no”, me dijo la mujer, y me trajo un socotroco escrito por un tal V.I. Lenin. Pero por la foto autografiada que había en el frontispicio enseguida me di cuenta de que estábamos hablando de pelados diferentes, porque éste usaba perita y era más joven. “No –le dije- de este pelado no, del de la estatua que está en la puerta” –le dije. La mujer sonrió, me miró como con lástima, y me dijo con voz bien de babosa: “Señor, lo lamento, ese de la estatua es Sócrates, un filósofo griego que nunca escribió nada”.

Al principio pensé que me estaba cachando. Después, como permanecía seria, pensé que me estaba dando salida para no tener que volver a buscar entre los anaqueles. Entonces me fui calladito hasta los ficheros esos que están en la entrada y busqué en la S: Simenón, Sinclair, Silva, Silva, Silva, Silva, Sófocles, Solzhenistin... Era verdad, no había ningún libro del Pelado. Lo único que encontré luego de mucho revolver, fue el resultado de un análisis que le había hecho alguien que debería ser su médico, un tal Platón. Bueno, mas bien era una autopsia, porque el libro se llamaba “Apoplejía de Sócrates” o algo así, no me acuerdo bien. El asunto es que realmente el pelado crepó sin escribir nunca nada.

Y entonces me surgió un terrible interrogante: Si este tipo nunca escribió nada ¿Qué hace su estatua en la puerta de la Biblioteca Nacional? Iba a ir a preguntarle la respuesta a la funcionaria, pero cuando ella vio que me acercaba de nuevo al mostrador. me miró con una cara que me sacó de golpe todas las interrogantes del marote. Así que me fui cantando bajito. Lo que sí pude averiguar después, es que a Cervantes no le decían manco porque le faltara alguna de las manos, sino porque había quedado con el brazo izquierdo medio mormoso después de la batalla del Espanto. Me quedé un poco mas tranquilo, pero de todas maneras, esto de la cultura tiene sus bemoles. Nada es tan fácil como parece, es algo mas bien misterioso. ¿Vio?

sábado, 7 de noviembre de 2009

ENCUESTA SOBRE LAS TANDAS

Según un estudio realizado por la encuestadora Media Consult, el 90% de los espectadores televisivos no mira las tandas comerciales televisivas cuando sabe de antemano que serán largas. El 60% de ellos baja el volúmen y se dedica a otras cosas, mientras el restante 40% opta por hacer zapping por otros canales, volviendo de tanto en tanto al que estaba mirando, a la espera de que finalicen los mensajes comerciales. De ese 40%, el 60% ha declarado que en el transcurso de esos zappings ha descubierto programas más interesantes y ha cambiado sus hábitos televisivos.

La encuesta también reveló que al momento de elegir entre varios programas similares, como es el caso de los informativos, el 50% finalmente opta por el que emite menos publicidad. De ellos, el 45% manifestó que la publicidad insistente y repetitiva de ciertos productos ha terminado por producir el efecto contrario al deseado, dejando de consumir los productos en cuestión no por estar disconforme con su calidad o su precio, sino por lo que se ha dado en llamar “hastío mediático”. El restante 50% señaló que el elemento determinante al momento de elegir un telediario de cabecera no es la calidad de su información sino la simpatía de sus conductores.

El estudio de Media Consult también dictaminó que el 80% de los encuestados vería con buenos ojos que los reclames fueran menos y de mejor calidad, mientras que del restante 20%, un 18% dijo que tanto le daba y el 2% se manifestó conforme con el actual estado de las cosas. De éste 2%, el 90% estaba constituído por creativos de publicidad y el restante 10% por comerciantes e industriales. Claro que Media Consult no existe y todo esto es mentira, pero apostaría 10 pesos a que es cierto.

martes, 27 de octubre de 2009

MIRA QUÉ HERMOSO DÍA

Si, yo también tengo mis infiernos. Terribles, maculados, torcidos y retorcidos infiernos donde arde el universo todo y yo dentro de él. Yo, dentro de ese universo incendiado en el que un belcebú de cuarta escarba en mis heridas sangrantes y les echa sal y el olor del azufre es perfume para mi nariz comparado con los otros aromas que flotan en el humo espeso, en los líquidos fétidos que rezuman los oscuros muros de esta prisión eterna, en las charcas aceitosas en las que se reflejan las llamas de este bajo cielo incendiado hasta el horizonte que no se ve. Pero… ¿Qué derecho tengo yo de quemarte con los fuegos de mis infiernos? Mira qué hermoso día, vamos, sonríe, dame un beso y un abrazo. Todo está bien.