(y a mi no me importa mucho que digamos)

martes, 8 de diciembre de 2009

MÁS REFLEXIONES SOBRE LA ARAÑA

Hace un rato me puse a pensar en mi ensayo del lunes pasado (o sea ayer) sobre las contradicciones implícitas en la circunstancia de que un animal que no araña se llame “araña”. Si, ya sé, no debería haberlo hecho... Pero bueno, no puedo dominar estos impulsos (si así fuera mi vida sería mucho más sencilla), y aquí estoy, turbado y perturbado por no haberme dado cuenta de que la araña no sólo no araña, sino que tampoco “pica”. Porque para picar se necesita tener un pico, lo que tiene la araña son mandíbulas, y el hecho de cerrar las mandíbulas sobre un objeto se llama “morder”. O sea que la araña “muerde”. Pero a pesar de que lo que hace la araña no es picar sino morder, ahí vamos llorando a los gritos: “¡Me picó una araña! ¡Me picó una araña!”, corriendo como unos histéricos buscando un auxilio imposible de encontrar... (que no hay nadie en casa ahora).

¿Que pensaría usted si escuchara a alguien llorar porque lo “picó” un perro? Que esa persona sin dudas está mal de la cabeza. ¿No? Y sin embargo, cuando escucha a alguien berrear porque lo “picó” una araña, lo que hace es correr a su lado y preguntarle “¿Dónde, dónde?” y no se le ocurre para nada pensar que el tipo esté loco. Es que nos acostumbramos muy fácil a hablar mal, y la culpa, seguro que es de la televisión. Hablando de Roma, la otra vez en canal 4 anunciaron que pasarían la película “El hombre araña” y la sorda de mi tía preguntó: ¿El hombre araña?. Sí, tía –le contesté– “El hombre araña”. Y ella me dijo: –¡Qué poco varoncito ese muchacho! Arañar no es de hombres... Le iba a explicar, pero mirando cómo se viste el Peter Parker ese, pensé que mejor la dejaba por ahí, que tal vez mi tía tiene razón.

Pero volviendo a lo del principio, que no quiero irme por las ramas, en este momento me percato de que –al igual que la araña– las abejas y las avispas tampoco “pican”. Ambas nos clavan sus aguijones, la una, cual minúsculo kamikaze, nos clava su aguijón y muere; la otra cual liliputiense asesino sanguinario, hace lo propio y huye cobardemente antes de que le podamos dar su merecido. Y sin embargo no decimos que una u otra nos “aguijonearon”, sino que andamos como unos estúpidos diciendo por ahí que nos “picaron”. ¡Y lo mismo sucede con el mosquito, que lo que hace es perforar nuestra piel con su proboscis y succionar nuestra sangre! También decimos “me picó un mosquito”, cuando lo correcto sería decir “me perforó un mosquito” o “me chupó un mosquito” (¿aceptaría un “me succionó”?)... En fin, que por lo que veo, la palabra “picar” sirve tanto para un barrido como para un planchado. Y ahora me acordé de que también decimos que las aguavivas “pican”, cuando en realidad nos clavan pequeñas lancetas ponzoñosas, pero mejor me tomo la pastilla y me voy a acostar. Buenas noches.