(y a mi no me importa mucho que digamos)
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viernes, 1 de febrero de 2013

2054

Las pocas veces en que encuentro a Brian y a Jennifer sin los auriculares puestos aprovecho para hablarles, incluso para contarles como era el mundo y San Felipe cuando yo era adolescente. Durante un rato ellos escuchan por cortesía y hasta llegan a emitir unos sonidos guturales muy originales que fungen como una especie de comentario a mis relatos. Pero unos minutos después es muy evidente que se aburren, y entonces sonríen, se vuelven a colocar los auriculares, y siguen con sus vidas (es decir: escuchando música y al mismo tiempo hablando por teléfono con sus amigos, mientras arman cajas de cartón para el centro comercial).

Al principio, cuando les contaba que conocí un San Felipe en el que las vecinas barrían y hasta lavaban las veredas y batallones de empleados municipales barrían las calles hasta en las zonas más apartadas del centro, pensaban que les estaba haciendo una broma. Hoy, directamente creen que desvarío, que chocheo, que invento esas historias tan descabelladas. Los entiendo, ellos no conciben que la suciedad moleste a alguien. Sus padres –incluso– ya no se acuerdan demasiado de aquellas épocas, eran muy chicos. “Deja ya eso, papi, al pasado pisado, mejor olvídalo” –me dicen con acento caribeño quitando unos segundos la mirada del televisor de plasma y frunciendo el ceño con preocupación.

Pero los recuerdos rondan y rondan por mi cabeza y no me dejan olvidar aquella ciudad limpia y silenciosa que quise tanto. Brian y Jennifer lisa y llanamente no me creen cuando les cuento que antes San Felipe era una ciudad silenciosa, y que apenas las familias acomodadas tenían un aparato de radio. Recuerdo cuando con mis padres nos sentábamos al fresco a leer los diarios de la noche y a escuchar el canto de los pájaros. Recuerdo que todos pasábamos largos ratos conversando de una cosa o de otra, y que hablábamos por turno, esperando a que terminara uno para comenzar a hablar otro. Recuerdo que cuando prendíamos la radio para escuchar algún programa, todos nos sentábamos alrededor y guardábamos silencio (esta es una de las cosas que les hace más gracia a mis nietos, esa imagen de una familia escuchando una radio sin auriculares, y todavía en silencio).

Brian y Jennifer no me creen cuando les cuento que antes no existían los cuidacoches ni los limpiadores de parabrisas, ni la mayoría de los semáforos siquiera. Se imaginan a los conductores sacando la cabeza por la ventanilla para ver por donde van. Para los que nos criamos teniendo al pasado presente gracias a las películas y la televisión de aquella época, resulta extraño imaginarselos imaginando eso. Pero no es su culpa, pues para la televisión de esta época el pasado no existe. Todo es presente y futuro. Y si hay pasado, es un pasado mitológico y fantástico, tan lejano que parece el futuro (así como antes en La Guerra de las Galaxias el futuro se parecía tantísimo al pasado).

Las veces en que –hastiado del ruido que hace su flamear incesante– salgo a juntar las bolsas de nylon que se amontonan en el alambrado del baldío de la esquina, Brian y Jennifer se asoman a la ventana y me miran con miedo. El resto de los vecinos también me mira desde detrás de sus cortinas, pero mayormente sonríe. Hay días en que limpiar el baldío me lleva más de una hora. Junto todas las bolsas en una bolsa más grande y luego camino dos cuadras y la tiro en el basural del barrio. Es un trabajo inútil, pues al poco tiempo el baldío está casi tan sucio como antes, pero me hace bien el ejercicio.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

PREMIOS

Felipe Polleri (El País Cultural)

Leyendo una muestra del cuento uruguayo en dos tomos, donde como siempre faltan y sobran, lo que no falta o, mejor dicho, abunda, son los autores premiados. Me quedé alelado; no sabía que en el mundo y en Uruguay se daban tal cantidad de premios: a troche y moche. Escritores jóvenes tienen un currículum que ya quisieran los autores maduros como yo, los viejos como yo, si yo alguna vez hubiera querido tener algo tan absurdo como un currículum o hacer una carrera. Estoy en otra cosa. Naturalmente, los grandes artistas del pasado nunca recibieron un así llamado premio: engendro podrido y moderno de la así llamada "industria cultural". Thomas Bernhard (1931-1988), genio austríaco a quien recomendamos leer, en El sobrino de Wittgenstein (novela anexa a su imprescindible autobiografía en cinco breves y densísimos e insultantes tomos) se explaya al respecto: "Porque un premio se lo entregan a uno sólo personas incompetentes que quieren defecar en la cabeza de uno y que defecan abundantemente en la cabeza de uno, si se acepta su premio. Y están en su perfecto derecho de defecar en la cabeza de uno, que es tan abyecto y tan bajo como para aceptar un premio. Sólo en la mayor necesidad y cuanto están amenazadas la vida y la existencia, y sólo hasta los cuarenta años, se tiene derecho a aceptar un premio que lleva consigo una suma de dinero o, en general, un premio o una distinción. Yo acepté mis premios sin estar en la mayor necesidad ni tener la vida y la existencia amenazadas, y con ello me hice abyecto y despreciable y, en el sentido mas exacto de la palabra, repulsivo. Sin embargo, cuando me dirigía a recoger el premio Grillparzer (...)". A continuación Bernhard, con este estilo supremamente negro y desopilante que inventó para todos los imitadores y plagiarios del mundo, nos relata que, ya en la Academia, como nadie lo reconoce, se instala con los suyos en medio de los asistentes. Claro que esto genera un delirante y payasesco ir y venir de las autoridades, hasta que alguien sí lo reconoce y, luego de otros despropósitos y chapucerías, es conducido frente al estrado y sentado junto a la Ministra. "Hubo algunos discursos sobre Grillparzer y se dijeron unas palabras sobre mí, en conjunto, sin embargo, fue una hora y, como siempre en esas ocasiones, se habló demasiado y, como es natural, tonterías. Durante esos discursos la Ministra se durmió y, como pude oir claramente, se puso a roncar, y no se despertó hasta que los músicos de cámara filarmónicos empezaron a tocar otra vez". (Incluyo esta cita, más allá del premio o los premios, para que mordisqueen una puntita del formidable estilo de Bernhard). Dicho sea al pasar: me gustaría conocer a un buen escritor del globo global que nunca haya recibido un premio. Sí. Hasta a veces pienso que llegó el momento de señalar en las contratapas, como extraña distinción, que el autor nunca fue premiado ni en Uruguay ni en ninguna otra parte; es decir, que jamás fue tocado por el más bello y omnipotente de los dioses (El Curro) ya que apenas fue abrazado por esas viejas brujas (Las Musas) que, si hoy no valen nada, en otra época fueron tan imprescindibles como los publicistas. Se dirá que escribo estas líneas, no para destacar un fenómeno o para elogiar a Bernhard, sino porque nunca me dieron un premio. Y sí: nunca. A menudo los jóvenes se me acercan y me preguntan por qué nunca gané un premio.

viernes, 20 de abril de 2012

ESCRIBIR ERA UNA FIESTA

“La decisión de convertirse en escritor había estado absolutamente ligada con el placer. Tener cuatro o cinco ideas rondando por la cabeza durante meses, a veces años, que esas cuatro o cinco ideas un buen día se llenaran de personajes, que esos personajes fueran construyendo, de a poco, muy lentamente, una historia, y que, sobre todo, esa historia sólo existiera a partir de una palabra que seguía inmediatamente a continuación de otra, que no necesitara más que eso, más que palabras para ser, era maravilloso. No había nada que se pareciera a escribir una novela. Era una fiesta. Una fiesta que se renovaba cada mañana, que nunca se repetía, que jamás era la misma. Porque, si bien la historia se construía escribiendo una palabra detrás de la otra, al mismo tiempo cada una de esas palabras tenía una historia independiente de la anterior dentro del diccionario y, también, una historia independiente dentro de su propia vida. Nunca había una única historia, las historias se multiplicaban con cada nueva palabra que él se decidía a escribir. 

Un placer, escribir.”

 Soliloquio del personaje de la novela “Vida Interior” de Federico Jeanmaire

lunes, 21 de noviembre de 2011

JAMES JONES: POR QUÉ ESCRIBO

¿Por qué quiere escribir?

— Bueno, podría decirse que porque quiero imponer mi personalidad al mundo, o también podría decirse que quiero que la gente sepa que he vivido –todo depende del punto de vista y del estado de ánimo que tengas. Las dos cosas son verdad, creo. Pero yo pienso que la cualidad que hace a un hombre querer escribir y ser leído es esencialmente un deseo por la auto exposición y es masoquista. Como uno de esos muchachos que tienen la compulsión de sacar su cosa afuera y mostrarla en la calle. Stendhal entendió esto muy bien, y Dostoievski. Pero Tolstoi no opera de esa manera, y es por eso que pienso que es menos grande que esos otros dos. Debes querer realmente contar la verdad acerca de ti mismo (y no importa lo que cualquier escritor diga, cada personaje que se crea es parte de uno mismo, fantaseada o no fantaseada), y para hacer eso tienes que descender dentro de ti mismo y tratar de encontrar que es lo que te hace desear ciertas cosas y temer otras. Pero luego, escribir lo que has encontrado es esencialmente masoquista.

En "Some Come Running" un personaje dice: “Me pregunto si alguien podría escribir un libro acerca de cómo la gente realmente es y que fuera lo suficientemente interesante como para que la gente lo leyera”…

—Siempre tuve la sensación de que cada personaje que creé fue convertido en un mejor ser humano de lo que habría realmente sido bajo cualesquieras circunstancias, o que sus modelos mas o menos cercanos en la vida real. Yo pienso que a la gente no le gustaría leer acerca de si misma o de otros tal como realmente son. Sería demasiado horroroso. Por lo tanto, tenemos que darnos un poco la sensación de que somos Seres Humanos con mayúsculas. Entonces hacemos eso, pero de tanto en tanto la verdad emerge para atormentarnos de ese limbo del que la hemos suprimido.

Tomado de Writers at Work, The Paris Review interwiews, third series (1967)

martes, 9 de noviembre de 2010

NUEVA REFORMA DEL IDIOMA CASTELLANO

Para unificar y simplificar la ortografía del idioma castellano, se propone:

1º - Suprimir las diferencias entre C, Q y K. Komo despegue del plan, todo sonido parecido al de la k será escrito con dicha letra. En adelante se eskribirá pues: kasa, keso, kijote.

2º - Suprimir las diferencias entre C, Z y S. Todo sonido paresido al de la s será eskrito kon dicha letra. Se eskribirá pues: "el sapato de sesilia es asul".

3º - La doble C será reemplasada por la X. Se eskribirá entonses: "tuve un axidente".

4º - Se eliminará la letra V, usándose solamente la B larga. Escribiremos entonses: "bibiremos felises komiendo perdises".

5º - También se eliminará la doble ele, usándose siempre la Y griega. Será kuestión entonses de eskribir: "Yébeme a Sebiya, señor Biyar, ke no kiero ir a Balensia".

6º - La presensia fantasmal de la letra H será definitibamente eliminada del Idioma Kasteyano. Ya no será nesesario romperse la kabesa pensando si tenemos que poner aber con ache.

7º - La letra G será sustitída siempre por la J. Se eskribirá por ejemplo: "el jeneral está preso".

8º - Para ebitar la sankadiya kotidiana ke signifikan los asentos, se eliminarán completamente. Aremos komo el ingles, ke a triunfado mundialmente grasias a eso. Kedaran entonses kadukados todos los tildes, y abran de ser el sentido komun y la intelijensia las ke indiken donde deben asentuarse las palabras.

9º - Se eliminaran las inutiles consonantes finales de siertas palabras. Ablaremos entonses de ke "estube aorrando para poder komprar ese relo que bes ai en la pare".

10º - Los duos de konsonantes, ST, PS y PT, kedaran komo simples T o S. Kon ete kambio ekribiremos por ejemplo: "etas propuetas osionales etan detinadas a mejorar ete etado konfuso de la lengua.

11º - Se suprimiran las eses de los plurales, de manera que diremos por ejemplo: "la mujere y lo ombre".

12º - Depue yegara la eliminasion de la d del partisipio pasao. El uso a impueto ke no se diga ya "bailado" sino "bailao". Asetaremo eta kotumbre popular ya que vox populi, vox dei.

13º - Adema, y konsiderando ke el latin no tenia artikulo y el kateyano biene del latin, tambien le suprimiremo en el nuebo idioma. La karensia de artikulo sera un poko komplikada en prinsipio. Ablaremo komo fubolita yugolabo, pero depue todo etranjero beran ke tarea aprender nuebo idioma resulta ma fasil. Profesore terminaran benerando eta reforma klabe para ke sere umano ke bibimo nasione ispanoablante gosemo verdaderamente maraviyoso idioma Serbante y Kebedo.

ESO SÍ: ¡Nunka asetaremo ke se toke kabeyo de letra eñe! Eñe representa balore ma elebado tradision kateyana ispanika. Primero kaeremo mueto ante ke asetar bejasion a simbolo ke a sio korason bibifikante istoria manifico idioma cateyano.

martes, 26 de octubre de 2010

LAS PALABRAS Y EL SILENCIO

SOLILOQUIO DE FRAY FELIPE
fragmento de novela inédita de Jaime Monestier

“…la noche anterior lo había desvelado la idea de que a pocos meses de nacer ya los hombres comienzan a cruzar sonidos o palabras entre ellos, y así van creciendo y conquistando más palabras, y por más que entienden casi todas siempre hay una infinidad que desconocen; además siempre hay alguna por nacer, lo mismo que la gente, que servirá cuando nazca para designar el objeto o cosa de circunstancia que le dará sentido, tan ricos son los corpus, siempre en movimiento, pero siempre más limitados y cortos que la vida; y llegó a la conclusión de que segundo a segundo, en todas las lenguas nacen palabras para nombrar lo nuevo, cosa o circunstancia o hecho que antes no existía o no había sucedido. Pero también en todas las lenguas mueren segundo a segundo montones de palabras, porque dejan de usarse, o porque muere aquello que era razón de su existencia o porque nace otra que la sustituye; y muchas veces sucede que una palabra muerta resucita mucho después, cobra vida y vuelve a circular como una nueva moneda de entendimiento, aunque quizás con otro sentido o parecido. Si, da miedo pensarlo, siempre me ha preocupado eso de San Juan: “En el principio fue el Verbo” –yo, profesor de teología, me pregunto qué coño es el Verbo para haber existido antes que el hecho o que la cosa que designa-, que en todos los textos que he leído cada palabra requiere otra u otras que la expliquen, y que así se llega a una definición concéntrica, definición sobre definición o definición de definición, y una envolviendo a la otra hasta el infinito, porque eso fue lo que por prudencia calló Buda cuando se le preguntó por Aquello: ‘Maestro, qué es Aquello’, y quedó callado como una mula, claro, qué iba a decir de ese otro lado: quedó callado, porque el silencio contiene todas las palabras…”

lunes, 11 de octubre de 2010

LA LITERATURA TIENE CARA DE MUJER

Con María de las Mercedes Ibañez Pou
Reportaje de Sylvia Martha Zerbino Ponce de León (Punta del Este Herald)


- ¿Cómo andás?
- Bien, por suerte...

- Tu último libro se está vendiendo bárbaro. ¿Cómo te sentís con eso?
- ¡Ay! Re bien, me encantó que a la gente le gustara.

- También tuviste buena crítica.
- Si, eso estuvo bárbaro. Son unos divinos los críticos.

- Contános como fue que empezaste a escribir.
- Bueno, yo escribía de chiquita...

- ¿Muy de chiquita?
- ¡Si! Era re chiquita cuando empecé a escribir.

- ¿Cuantos años tenías?
- ¡Uhhh! Tendría unos seis años, tendría...

- ¿Y qué escribías en esa época?
- Bueno, mayormente ensayos.

- ¿Ensayos? Eso no es muy común.
- ¿No? En mi círculo casi todos los niños escribíamos ensayos...

- ¿Era por influencia de tu familia?
- En parte sí, mi madre leía mucho, mucha revista sobre todo, y a mi me re encantaba hojear esas revistas aún antes de saber leer. “¡Mirála a la Juana de Ibarbourú!, ésta va a salir escritora”, decía mi madre (risas).

- ¿Y cuales revistas leía tu madre?
- Bueno, las que más recuerdo eran Radiolandia, Antena y Para Tí, todas revistas argentinas. A lo mejor es de ahí que me vino la influencia de Borges.

- ¿De Graciela Borges?
- Juaaaa ¡te pasaste! ¡sos genial, vos! No, de Jorge Luis ¿Lo conocés? Una vez salió un cuento suyo en Para Tí y me marcó para toda la vida, se llamaba “El Ale” o algo así...

- Si, si... pero dále, contáme de las influencias. Decías que tu familia te había influído “en parte”. ¿Cuales otras influencias te influyeron para comenzar a escribir ensayos de tan chiquita?
- Bueno, la influencia más grande que tuve para eso fue la de mi maestra de primer año de escuela, Rosita, era re amorosa, una divina. A mi me decía “Delmirita” (risas)

- ¿Y cuales eran los temas de esos ensayos tuyos?
- Bueno, recuerdo que el primer ensayo que escribí fue sobre climatología. “El otoño”, se llamaba, era bastante descriptivo, pero también tenía mucha poesía. Eso de mezclar los géneros siempre me encantó. Todavía lo guardo, me lo sé de memoria. Empieza diciendo: “Ha llegado el otoño. Los árboles se han vestido de marrón. El viento desprende sus hojas y las hace bailar en ronda en la vereda”, y así... Hice un ensayo para cada estación del año.

- ¡Que Bárbaro! ¿Y cuando comenzaste a escribir ficción?
- También ese año, yo fui una chica muy precoz... Pero para escribir ¿Eh? Que no se confunda, por favor (risas).

- ¿Y qué escribiste?
- ¡Uhhh! Un montón de cosas. Mayormente relatos. Me acuerdo de uno que guardo hasta ahora. Se llama “Una visita al Zoológico”. Ahí descubrí que habían otros animales además de los perros y los gatos. Fue un shock para mi ver a las bestias salvajes, y eso desató mi imaginación.

- Y desde entondes hasta acá no paraste...
- No, de entonces hasta acá no paré de escribir, y siempre de todo un poco. Recuerdo que durante la adolescencia cultivé el género epistolar y también el hiperbreve.

- ¿El hiperbreve? ¡Eras una adelantada a tu época!
- Juaaa ¿Viste? Ahora se puso de moda y yo ya hiperbreveaba a los 15 años.

- ¿Te acordás de alguno?
- Si, claro, mirá, hay uno que dice: “A mi también me gustás”.

- ¡Genial! ¡Toda una historia de amor resumida en cinco palabras!
- Si, si, si... ¿no es re tierno?

- ¡Muchísimisimisimísimo! ¿Y qué otras cosas escribiste?
- Uuuuh... También tengo escrito un libro como de mil páginas.

- ¿Y de qué trata?
- Es una autobiografía, se llama “Mi diario”, y todavía no la terminé.

- ¡Buenísimo! ¡Me re encantan las autobiografías!
- Si, a mi también. Cuando en el liceo leí la autobiografía de Napoleón de Emil Ludwig fue que empecé a escribir la mía.

- ¿Y ya estás pensando en tu próximo libro?
- Ya lo estoy escribiendo.

- ¿Y de qué trata? ¿Podés decir?
- Si, claro, es una novela policial que se me presentó cuando el invierno pasado viajé a Grecia y me robaron la cartera en la calle, se llama “Asesinato en el Partenón”.

- ¿¡Te robaron la cartera!?
- ¡Ay sí! No sabés, fue horrible... ¡Con todas las tarjetas adentro! Menos mal que había dejado el pasaporte y los cheques de viajero en el hotel, que sinó...

- ¡Pah! ¡Que feo!
- Ni te imaginás. Pero bueno, no hay mal que por bien no venga. Huí de Atenas. Me tomé un crucero a Mykonos, y ahi empecé a escribir la novela.

- ¿Y de qué trata?
- Ahhh... esperá a qué salga...

- Bueno, dále. Felicitaciones de vuelta por el éxito de tu libro... ¿como era?
- “El Profeta de Belén”.

- Si, ése. Nos vemos.
- Dále.

sábado, 26 de junio de 2010

POR QUÉ ESCRIBO

Cada tanto me pregunto para qué he armado todos estos blogs, si la mayoría de mis amigos entran aquí, allá a las cansadas, cuando les recomiendo alguna nota que les puede interesar, y si ni siquiera a mis hijos les importa saber qué es lo que está pasando por la cabeza de su padre (tarde piaste, diría Segismundo).

Luego, mirando las estadísticas, me encuentro con que a mis blogs mayormente llega gente desconocida buscando cosas que no hay. Éste, por ejemplo, es visitado principalmente por personas a las que les interesa saber si la tinta del pulpo sirve para escribir o cuántas plumas tiene una gallina dada.

Hace rato que sé ésto, y sin embargo sigo escribiendo, y juntando artículos, y sacando fotos, porque igual vale la pena, porque hay personas (algunas muy queridas, algunas totalmente desconocidas) que entran todos los días a ver con qué ocurrencia me he despertado, y porque en definitiva, aunque así no fuera, la mayoría de las obras de los artistas y los artesanos van a parar a manos de desconocidos que no les dicen ni muchas gracias, ni qué lindo.

Uno hace estas cosas simplemente porque le gusta y porque no puede evitarlo. Y muchas gracias por haber leído ésto, aunque hubiera venido a buscar el famoso artículo de George Orwell. Si así fue, no se sienta defraudado, haga click AQUÍ y vaya a leer al amigo.

sábado, 12 de junio de 2010

LA BATALLA DE LOS ÁRBOLES

Desperté inquieto de madrugada y al asomarme al ventanal que da al jardín, ví cómo los árboles de ligustro peleaban entre sí. Bajo un cielo limpio y casi sin estrellas (estaba cerca el amanecer), se azotaban unos a otros sin hacer el más más mínimo ruido; con tal velocidad, tal violencia y tal silencio, que volví rápidamente a mi lecho para intentar mezclar esa imagen con una pesadilla de las otras y poder así olvidarla luego. Fue inútil, ya hace unas buenas horas que he despertado y todavía tengo grabada en las retinas la batalla silenciosa de mis árboles.

jueves, 1 de abril de 2010

POR QUÉ NO ESCRIBO

Muchas entradas de este blog hablan de por qué escribo, o de mi búsqueda por hallar una respuesta a esa pregunta que me hago permanentemente, talvez por sentir la culpa de no escribir tan bien como quisiera (esta oración anterior es la prueba de que no miento cuando digo lo que digo).

Pero desde hace un tiempo se me han ido las ganas de escribir sobre lo que veo y lo que siento, porque como no me gusta lo que veo, termino sintiendo tristeza y no quiero andar contagiando ese sentimiento por ahí.

Es que así como el planeta está cambiando debido a la acción del hombre, también están cambiando las sociedades. Y así como por más precauciones que se tomen, el cambio climático es irreversible, yo creo que en la sociedad hay cosas que no se podrán cambiar por más empeño que se pongan; que así como no se puede revertir el deterioro ambiental, tampoco se puede revertir el deterioro cultural de las sociedades (por así decirlo).

Talvez dentro de muchos años, si se sigue educando y educando y educando, logremos alguna mejora, pero sin dudas que yo no la veré. En fin, que al final estoy haciendo lo que dije que no quería hacer, así que mejor me voy a alegrar mi corazón y el de ustedes transformándome en Sofanor Robaina Robinson.

miércoles, 17 de febrero de 2010

ARS HUMORÍSTICA MEA

Yo no elegí escribir humor, sino que me resulta inevitable hacerlo. No es fácil, pues la humorística es una literatura que se mueve peligrosamente en la frontera entre lo sublime y lo guarango. Además, que la balanza se incline hacia uno u otro lado no depende solamente de la calidad del material, sino también de la formación cultural del lector. Es decir: si esa formación es distinta (atención, no dijo ni mejor ni peor, digo específicamente “distinta”) a la del autor, es probable que lo que para éste es sublime, para aquél resulte una tontería.

Yo me esfuerzo por hacer las cosas lo mejor posbile y evitar la chabacanería, el lugar común, y la rima fácil. A veces hago humor del humor chabacano, a veces me salen cosas que admiten múltiiples lecturas, a veces abuso de la ironía. Hago humor macarrónico y humor sibarítico, a veces me salen pastiches, a veces esperpentos, y muchas veces me descubro plagiando a los maestros. No puedo regular eso. Desde el momento en que no escribo con método ni con escuela sino a impulsos, me sale lo que me sale. Pero como no aspiro al parnaso sino a divertirme (unas veces un poco, otras como loco), no me hago mucha mala sangre por no poder lograr la excelencia, y detesto la solemnidad.

Nunca tuve demasido tiempo para perfeccionar mi escritura pues estuve demasiado ocupado ganándome la vida y criando hijos. De todas maneras, si algo se perdió, no creo que sea como para preocuparse demasiado, hay mucha gente que escribe cosas mas graciosas que las mías, y mejor. Finalmente, digo que no tengo nostalgias del pasado ni tristeza por el tiempo perdido, siento que mis mejores momentos son éstos y los por venir. “Mi época” es la que estoy viviendo ahora. “Mis tiempos” son los de hoy.

Un sólo recuerdo agita mi desvelo y me ahuyenta el sueño, entonces, me viene el insomnio y me da por escribir como El viejo Pancho...

Dendeveras que’j de noche y pasa resongando el viento
que duebla los sauces peinando el granizo tirao en el suelo
mientra por el quincho aujereao, ta llorando el cielo,
tirito afriebrao, el termómetro marca cinco bajo cero
¡Pucha que son largas las noches de invierno!

En el fondo escuro de mi rancho viejo
tirao sobre el cache de lecho de tientos
entre las vinchucas que contar no quiero
un malón de piojos se ceba en mi cuero
¡Pucha que son largas las noches de invierno!

Y las horas pasan, y yo no me enduermo,
ni duerme en la costa del bañao el tero,
que eventualmente grita cualqún lamento
que el chajá repite dende allá muy lejos
¡Pucha que son largas las noches de invierno!

A través del turbio cristal del recuerdo
como en una cinta ´e Antonioni, lerdos
en flasback difuso, todo en blanco y negro
van mis años mozos pasando muy lentos.
¡Pucha que son largas las noches de invierno!

Y dispués que gozo si a vivir los güelvo,
pensando en los de ahura me rasco los güevo
no se lo que olvido, no sé lo que siento
hace tanto tiempo que no baño el tero...
¡Pucha que son largas las noches de invierno!

Noviyos sin guampas, yeguas sin cencerro,
ovejas sin lana, camaleopardos sin cuero
potros que se doman a juerza 'e cabresto;
bretes que mataron los lujos camperos,
¡Pucha que son largas las noches de invierno!

Aguaito las horas que han de traerme el sueño
pensando en laj cosa nuevas de este tiempo,
gauchos que no saben de vincha y culero
patrones que en rover van a los rodeos.
¡Pucha que son largas las noches de invierno!

La puerta del rancho tiembla porque el perro
con sarna y lumbrices tirita de miedo...
Tuito es hielo ajuera, tuito es frío adentro,
y las horas pasan, y yo no me duermo;
¡Pucha que son largas las noches de invierno!

Y pa' pior, en lo hondo de mi pensamiento
briyan encendidos dos ojos matreros,
que persigo al ñudo pa' quemarme en eyos...
Son los ojos brujos que olvidar no puedo
¡Pucha que son largas las noches de invierno!

Porque ya pa' siempre robáronme el sueño
esos brutos ojo con vincha y culero
del negro Eufrosinio, el del grande dedo
el que más amé y todavía espero...
¡Pucha que son grandes los dedos del negro!




miércoles, 20 de enero de 2010

VIVIRES NUEVOS

Y ya me tengo que ir y todavía no escribí nada para este blog y se me ocurren tantas cosas y luego no cuajan o no me parecen dignas de ser compartidas con los demás o no me animo a compartirlas con nadie porque me pesan demasiado y quiero olvidarlas y si me cuesta olvidarlas así nomás cuánto más me costará olvidarlas si las escribo que es como vivirlas de nuevo.

Y aquí apareció un asunto interesante: escribir es como un vivir de nuevo (si uno escribe conscientemente sobre su propia peripecia) y/o como un vivir nuevo (si uno escribe pensando que es otro).

O sea que escribir es como vivir otras vidas además de ésta. Pero en todas esas vidas, por más distintas que sean de la actual, seguiremos siendo nosotros mismos aunque no nos demos cuenta. ¿Se entiende?

sábado, 16 de enero de 2010

CITAS DE ESCRITORES



"La intención del escritor no tiene nada que ver con lo que logra. Ni el intento de ganar dinero, ni el intento de ser famoso o el intento de ser grande importan al final. Sólo importa lo que sale" Lillian Hellman

"El trabajo de cada creador es autobiografía, aún si él no lo sabe o no lo desea, aún si su trabajo es 'abstracto'. Y es por eso que uno no puede rehacer su trabajo." Jean Cocteau

"Se escribe porque se muere, porque todo transcurre rápidamente y experimentamos el deseo de retenerlo; la literatura es testimonio, precisamente porque todo está condenado a desaparecer, y eso nos conmueve y nos pide a gritos residencia. Escribo, por lo tanto, porque estoy momentáneamente viva, en tránsito, y no quiero olvidar aquella casa, un rostro que ví mientras caminaba, o la alegría que sentí al manifestar por la calle..." Cristina Peri Rossi

martes, 12 de enero de 2010

LA MÁQUINA DEL TIEMPO

Allen Gingsberg decía en una entrevista de 1966: "Lo que William Blake me hizo entender fue que era posible transmitir un mensaje a través del tiempo que pudiera alcanzar a los iluminados, que la poesía tenía un efecto definitivo, que no era solamente bella, o solamente hermosa, sino que era algo básico a la existencia humana, o que alcanzaba el fondo de la existencia humana. Pero de todas maneras la impresión que tenía era de que la poesía era como una especie de máquina del tiempo a través de la que podíamos transmitir, Blake podía transmitir, su conciencia básica y comunicarla a alguien más luego de la muerte."

Está claro que Gingsberg hablaba de la inmortalidad de las obras de arte como la de Blake, como la de Paul Cezanne (su pintor favorito), como la suya propia al fin de cuentas; que hablaba de la inmortalidad del mensaje, de la re-creación de la idea al encontrarse con su espectador futuro.

Todas las obras de arte son, al fin de cuentas, máquinas del tiempo por las que nos llegan las pasiones y los dolores de quienes las han creado. Porque todo artista es también una Scherezade que crea para no morir.

Pero ahora no sólo cualquier estatua, pintura o libro editado tiene la posibilidad de transformarse en una máquina del tiempo, sino que también ésto que estoy escribiendo ahora en mi pantalla, quedará guardado en algún lugar del mundo cuando yo ya no esté.

Pero además, yo estoy escribiendo esto el viernes 8 de enero a las diez y media de la noche, y recién será publicado a la hora 0:01 del próximo martes 12 de enero, me suceda lo que me suceda. Esté vivo o esté muerto yo, esta entrada se publicará indefectiblemente dentro de cuatro días. Ésta es -pues- una modestísima máquina del tiempo.

viernes, 25 de diciembre de 2009

DEL DICHO AL HECHO

Antes que nada, yo me doy cuenta de que no soy un muy buen escritor porque soy un muy buen lector y cualquier buen lector se da cuenta no sólo de que mis imaginerías no son nada del otro mundo, sino que además están falladas. Pero bueno, si las hago así es porque no puedo hacerlas mejor.

Hay otros que están firmemente convencidos de que son muy buenos escritores y algo más, creen firmemente que son escritores excepcionales. Uno los escucha hablar y le dan ganas de salir corriendo a comprar sus libros, porque siente que es imposible continuar viviendo sin leerlos y que hay allí una maravilla que es impostergable conocer.

Entonces uno va a la librería, y pide ese libro, y por las dudas, de desconfiado que es, no más, lo hojea y lo ojea, y muchas veces resulta que, no solamente era mejor la explicación que el libro, si no que el libro es impresentablemente malo.

Hay libros que lisa y llanamente están muy mal escritos, hay otros que son ampulosos como un pavo real, hay unos otros más que son sencillamente sosos y desabridos, y los hay también que son literalmente tan imposibles que uno pregunta cuanto pagó el autor para editar eso (como unos 5.000 dólares, pagó).

Porque hay gente que paga para que la editen, y hay gente que edita porque tiene amigos editores, y también la hay que escribe con el apellido porque hizo fama y se acostó a dormir y cuando se desvela escribe y publica, y en fin, que hay de todo como en todos lados.

Hay gente que sabe por qué escribe lo que escribe como lo escribe. Yo no tengo la suerte de poseer ese conocimiento, escribo sin darme cuenta de lo que escribo. Luego, a veces viene alguien y me explica qué quise decir cuando escribí lo que escribí como lo escribí, y a veces tiene razón y otras veces no sé.

Pero mayormente no me gusta mucho que me expliquen qué quise decir cuando escribí lo que escribí, porque me asusta. Si hace como 30 años que le vengo disparando al psicoanalista: ¡mire si me voy a dejar psicoanalizar por un crítico literario profesional o amateur!

No, no, vaya al blog "Obras escogidas" y lea todo lo que quiera, pero a mi no me explique nada. Por favor. Gracias.

jueves, 24 de diciembre de 2009

LA LITERATURA DEL FUTURO

¿Cómo será la literatura del futuro si las cosas siguen como van? Ojalá que los Dioses del Olimpo nos amparen, pero viendo cómo cada vez hay más publicidad en todos lados, temo que dentro de un tiempo comenzaremos a leer cosas como ésta:

UN DÍA EN LA VIDA DE ALEJANDRO “VASCOLET” FERNÁNDEZ

Por Mario “Aspirina” Oliveira

Alejandro estiró el brazo y apagó el despertador Ferretti de un manotazo. Se desperezó con ganas, forzando al máximo las costuras del saco de su pijama Harrigton sin que éstas se resintieran en lo más mínimo, tal como le había prometido el vendedor. Apartó el acolchado Alondra y se sentó en su cama Bedtime, se calzó las Pantuflas Gante (“las que calzan como un guante” –recordó sonriente el slogan), y se dirigió directo al baño. Prendió su estufa James Quartz Premium, corrió una hoja de la mampara Gamadecor, estiró la mano, abrió el grifo Deca de su ducha, y fue quitándose la ropa mientras la cerámica Portobello se empañaba con el vapor del agua caliente. Colgó su pijama del perchero Gama, se quitó sus slips Wrangler y su camiseta Hering, los puso en el canasto Atma para la ropa sucia, y dejó una muda limpia pronta sobre la tapa Blogspot de su sanitarrio Ferrum. Luego se metió al duchero, tomó la pastilla de jabón Astral y comenzó a enjabonarse concienzudamente mientras silbaba ese jingle de chorizos Centenerio que tanto le gustaba. Aplicó champú Sedal Liso Perfecto a su cabello, se enjuagó y luego se aplicó la crema de enjuague (también Sedal Liso Perfecto ya que Alejandro, además de ser un hombre coherente, odiaba los rulos). Volvió a enjuagarse, y mientras con una mano cerraba la canilla, con la otra buscaba su toalla de baño Ñanduty. Se secó concienzudamente y se aplicó desodorante Rexona Cristal acción duradera en sus axilas. Luego, se paró frente al espejo de su botiquín Glatz y buscó el spray de crema de afeitar Bic for men
(y así….)

Ojalá me equivoque, ojalá me equivoque, ojalá me equivoque, quieran Dios y todos los Santos del Cielo que me equivoque, por favor, no quiero tener razón, quiero estar equivocado, quiero estar equivocado, por favor, por favor… (en el cine esto pasa desde hace años, aunque el asunto es más sutil).

miércoles, 25 de noviembre de 2009

COCTEAU DIXIT

Hace unos meses encontré en la mesa de ofertas de la librería "La Feria del libro", un libro llamado "Writers at Work" en el que se recopilan 14 entrevistas realizadas para la "Paris Review" a diversos escritores franceses, ingleses y estadounidenses. A ese libro pertenece el siguiente extracto del reportaje a Jean Cocteau:

El público nunca está satisfecho con lo que hacemos, queriendo siempre una copia de lo que hemos hecho. ¿Por qué escribimos -y sobre todo, publicamos? Le he hecho esa pregunta a mi amigo Genet. "Lo hacemos porque alguna fuerza desconocida para el público y también para nosotros nos impulsa a hacerlo", me dijo. Y eso es una gran verdad. Cuando usted habla de estas cosas con alguien que trabaja sistemáticamente -alguien como Mauriac- se piensa que uno está bromeando. O que uno es perezoso y usa esto como una excusa. ¡Póngase usted en un escritorio y escriba! ¿Usted es un escritor, no? ¡Héte aquí! He probado esto. Lo que sale no es bueno. Nunca es bueno. Claudel en su escritorio de nueve a doce. ¡Es impensable trabajar así! Uno tiene que concentrarse siempre en la luz interior. En el momento en que uno se vuelve conciente de la multitud, actúa para la multitud, es espectáculo. Es detestable. (...) Vea, el arte es un matrimonio entre lo conciente y lo inconciente. El artista no debe interferir. (...) El trabajo de cada creador es autobiografía, aún si él no lo sabe o no lo desea, aún si su obra es "abstracta".

¡Tomá mate!

viernes, 13 de noviembre de 2009

LOS ANASAZI

Ayer estaba leyendo en una vieja National Geographic un artículo sobre el pueblo Anasazi, que durante 1.700 años vivió en la zona de las Cuatro Esquinas, en el centro de los actuales EE.UU. Esa gente desarrolló una sociedad agrícola bastante compleja, y levantó construcciones increíbles, incrustadas en esos impresionantes acantilados de los cañones que abundan en esos lugares hoy áridos e inhóspitos.

El asunto es que hacia el año 1600, los tipos dejaron todo y se fueron, todavía no se sabe muy bien por qué. Y eso es así porque los Anasazi eran un pueblo ágrafo. Los Anasazi tenían una civilización todo lo avanzada que necesitaban, pero no escribían, por eso no podemos conocer su historia, por eso no sabemos ni por qué abandonaron sus ciudades, ni adonde fueron.

Y entonces me dí cuenta de que nosotros, que conocemos la historia del misterio de los Anasazi (y de los Mayas, y de los Tiahuanaco) también escribimos para que no nos pase lo mismo.

Si, también escribimos para ser recordados, que es lo mismo que decir que escribimos para no desaparecer del todo.

Escribimos para quedarnos un poquito acá, más no sea en las bibliotecas o en las pantallas de algunos que nos quieren. Cuando escribimos, entonces, también estamos diciendo: "Éste fui yo, recuérdame". Recuérdalo.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

POR QUÉ ESCRIBIR

Hay momentos en que se me ocurren ideas que me parecen muy pero muy brillantes. En esos instantes ardo en deseos de sentarme aquí donde estoy ahora cuando escribo esto para ponerlas en negro sobre blanco.

Pero cuando estoy aquí donde estoy ahora, muchas, pero muchas veces, me doy cuenta de que en realidad esas ideas que antes me habían parecido brillantes no son más que tonterías y lugares comunes (si relee lo anterior detenidamente se dará cuenta de lo que digo).

Y me pregunto el por qué y el para qué de todo ésto, es decir por qué y para qué escribo, y saco fotos, y hago blogs. Y eso implica cuestionarme por qué y para qué me preocupo por las cosas que me preocupo, y al fin de cuentas termino preguntándome si vale la pena ser como soy, y entonces me doy cuenta de que no puedo ser distinto, y de que escribo lo que escribo simplemente porque no puedo evitarlo, y que no hace falta que ni estas letras ni nada de lo que hay en el universo tenga una justificación.

Pues: ¿por qué y para qué existen las margaritas, los somormujos, las montañas y Alfa Centauro? La respuesta a estas interrogantes y al infinito etcétera que le podría seguir es siempre la misma: "Porque sí, y para nada". Las cosas están ahí y son como son por ese amontonamiento de circunstancias que, por no abundar, tan bien explica Carl Sagan en Cosmos.

Pero bueno, a pesar de todo eso, sería un hipócrita si no reconociera que escribo lo que escribo donde lo escribo, porque alguien más viene a leerlo, y eso no sólo halaga mi ego sino que espanta el vacío y destruye la nada.

Escribir nos une, nos comuna, nos colegia, nos correligiona, nos clanea, nos socializa. Escribir es lo que nos hace únicos en el universo conocido. Hay animales que hablan y que fabrican herramientas, pero no hay ningún animal que escriba (ni siquiera lo hay que dibuje).

Entonces (me doy cuenta ahora) es por eso que escribimos, para reafirmar nuestra humanidad. Así como los perros se huelen la cola para reconocerse perros, los humanos nos escribimos para reconocernos humanos. Nos decimos: "Hey, acá estoy. Éste soy yo, mírame, léeme, quiéreme".

domingo, 1 de noviembre de 2009

VACIANDO PAPELITOS

Cuando ando por ahí y se me ocurre algo para escribirlo aquí, lo anoto en un papelito que guardo en mi calculadora o en mi billetera. Luego, cuando me siento a la computadora, despliego ante mí el o los papelitos, y voy escribiendo. Algunos días, los papelitos se vacían completamente y entonces los tiro. Otras veces no es así, y entonces los guardo para vaciarlos otro día.

Hay papelitos que demoran en vaciarse y entonces van amontonándose con otros en la cajita de acrílico naranja que tengo para eso en mi escritorio. A cierta altura, me doy cuenta de que algunos de esos papelitos no los vaciaré nunca, porque sus contenidos son demasiado tontos o demasiado lúcidos. Por lo general, los papelitos con anotaciones tontas son vaciados bastante rápido; por mí, por Sofanor, o por Duvimioso. Pero algunos de los papelitos con anotaciones lúcidas son duros de vaciar, y ahí quedarán hasta que tenga el tiempo necesario para escribir todas esas novelas, por decir algo. Suerte que esos son los menos... ¿o era al revés? Bueno, no importa, vea el INVENTARIO DE PAPELITOS PARA VACIAR AL 01.11.09:

-¿Para qué o para quién se hacen los actos políticos? ¿Vale la pena gastar tanta plata?

-Anoche Dolina dijo que los Gitanos se llaman así porque decían que venían de Egipto, entonces les comenzaron a llamar Egiptanos (nombre luego perdió la E y la p), y también es por eso que tienen "faraonas" y etcétera. Le comenté a S. y me dijo que ya lo sabía...

- "Que no se piensen que somos unos ikebanas que estamos dispuestos a hacernos el kamasutra por ellos" -una frase para Sofanor.

- Nombre para un personaje de Duvimioso: Esquirol Sosa (probablemente dueño del conjunto de parodistas "Los Esquiroles").

- Uno o varios días en el año (fines de octubre) en 18 de Julio entre la Plaza Independencia y el monumento al Gaucho hay doble sombra al atardecer, debido al reflejo del sol en la Torre del Gaucho, que ahora tiene los vidrios espejados.

- El locutor del informativo de El Espectador habla de un tal Suarez Masón, así con acento en la o.

- Nombre para otro personaje de Duvimioso: Lindoro (el hermano oculto de Franklin Delano Roosevelt).

- Comentario de Robledo cuando le hago notar que por más que le toque bocina y se muerda el labio inferior, la muchacha esa de 20 años no le va a dar bolilla: "Estoy saliendo con la madre de mi hijo, que tiene 44 años y está mejor que eso..." Robledo me perturba, es un verdadero amoral.