(y a mi no me importa mucho que digamos)

martes, 23 de febrero de 2010

MINICUENTOS

Un día, hubo un concurso de minicuentos por sms y yo mandé éstos:

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¿Qué pasa que no contestás el teléfono? Despertáte de una vez y andá a fijarte si dejé bien cerrada la llave del gas, hacé el favor...

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¿Por qué no me lo dijiste antes? Ahora ya es demasiado tarde, lo siento.

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Fredric Brown marcó reversa, apretó el botón y encendió la máquina del tiempo del máquina la encendió y botón el apretó ,reversa marcó Brown Fredric

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Agazapado, sintió el tiro, el grito, y el ruido de las pisadas alejándose. Luego, olió la sangre, salió de entre los matorrales, y comió ronroneando de placer.

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Yo lo ví. Iba caminando tranquilamente y de repente se desarmó como un títere. Tal cual. No, no ví quien le disparó. Sangraba mucho. No gritó, no lloró.

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Primero sintió una molestia en la frente. Algo frío. Cuando abrió los ojos y vio al militar sonriendo tras su pistola, supo que ya todo había terminado.

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...trece, catorce, quince. Ya está –pensó- ya está. Una puñalada por cada año. Una puñalada por cada engaño. Una puñalada por cada desengaño. Suspiró.

A ningún jurado les gustó. A mi, ahora, algunos me siguen gustando y otros no.

(Si va a salir no olvide el paraguas)