Leí "El Chino" de Henning Mankell, y no me gustó, salvo la parte en la que cuenta la historia de los antepasados del mafioso chino que manda matar un pueblo entero de suecos porque a su vez un antepasado de ellos había maltratado a los suyos (y lo cuento así a propósito, para desestimular su lectura, que a mi Mankell me gustaba mucho, pero este libro me dió una bronca bárbara, porque desperdicia unos personajes preciosos para levantar a otros insulsos y porque hace ensayo político en lugar de literatura, por no abundar).
Me leí casi de un tirón el "Round Trip" de Hiber Conteris, y me pareció una porquería.
"¿Quieres hacer el favor de callarte por favor?", en cambio, me lo leí en varios tirones, ya que hubo cuentos que los terminaba y tenía que tomar aire unas horas o unos días antes de seguir con el siguiente.
Algo parecido me sucedió con "Primer Amor, Últimos Ritos" de Ian McEwan, un libro que está muy bien aún hoy, así que es bueno, está claro, pero si lo hubiera leído cuando se publicó, en 1975, me hubiera partido la cabeza.
Un poco más despacio leí "Esto parece el paraíso", la novela última de Cheever, tierna, comprometida, rara (me resulta difícil criticar a Cheever luego de haber leído sus "Diarios").
Después tuve la suerte de poder leer en inglés el precioso "Winesburg Ohio" de Sherwood Anderson, libro que había leído hace como 40 años en la malísima traducción de Alianza Editorial. Ya me había gustado entonces, pero recién ahora me dí cuenta de la envergadura y de la importancia que tiene Anderson en la literatura estadounidense. Yo le noto un parentezco con Edgar Lee Masters y su "Spoon River Anthology", ya que "Winesburg Ohio" también es un libro coral, en el que los cuentos son independientes pero se relacionan unos con otros y se citan entre ellos, algo muy interesante y muy original para 1919. Hay comentario y cuentos para leer en Visiones.
Finalmente, y por no aburrirlos demasiado, me releí "Los desterrados de Poker Flat", una recopilación de cuentos de Francis Bret Harte, un autor del que ya había leído hace 30 años sus "Bocetos Californianos", libro que perdí por malprestarlo. Al igual que Anderson, Bret Harte también es un escritor bastante olvidado, y sin embargo es muy bueno. Predecesor (y mentor) de Mark Twain, y -a mi modo de ver- también de Ambrose Bierce y Jack London. Un tipo reconocido y valorado por Chesterton y Borges, entre otros (hay artículo sobre él y el libro entero para leer en Visiones).