(y a mi no me importa mucho que digamos)

miércoles, 3 de febrero de 2010

EL MUNDO EN QUE VIVIMOS

Por Raymond Chandler (*)

...un mundo en el que los pistoleros pueden gobernar naciones y casi gobernar ciudades, en que los hoteles y tiendas y célebres restaurantes son propiedad de hombres que hicieron su dinero regenteando burdeles; en que un astro cinematográfico puede ser el referente de una pandilla, y en que ese mismo hombre simpático que vive dos puertas más allá, en el mismo piso, es el jefe de una banda de quinieleros; un mundo en que un juez con una bodega repleta de bebidas de contrabando puede enviar a la cárcel a un hombre por tener una botella de un litro en el bolsillo; en que el intendente de la ciudad puede haber tolerado el asesinato como instrumento para ganar dinero, en el que ninguno puede caminar tranquilo por una calle oscura, porque la ley y el orden son cosas sobre las cuales hablamos pero nos abstenemos de practicar; un mundo en que uno puede presenciar un atraco a plena luz del día, y ver quién lo comete, pero retroceder rápidamente a un segundo plano, entre la gente, en lugar de decírselo a nadie, porque los atracadores pueden tener amigos de pistolas largas, o a la policía no gustarle las declaraciones de uno, y de cualquier manera el picapleitos de la defensa podrá insultarlo y zarandearlo a uno ante el tribunal, en público, frente a un jurado de retardados elegidos, sin que un juez político haga algo más que un ademán superficial para impedirlo. No es un mundo muy fragante, pero es el mundo en que vivimos...

(*) Fragmento del ensayo "El Simple Arte de Matar" (1950)