(y a mi no me importa mucho que digamos)
sábado, 19 de septiembre de 2009
SALUD DINERO Y AMOR
El valsecito de Sciammarella ha decretado que "tres cosas hay en la vida: salud, dinero y amor" y sugiere que "el que tenga esas tres cosas que le de gracias a Dios". O sea que para el compositor habría una cuarta cosa en la vida: la fé en Dios.
Según el tipo, para ser feliz sólo se necesitan esas tres (o cuatro) cosas. Sin embargo, se puede ser feliz sin alguna, e incluso sin ninguna de las tres (o las cuatro); y se puede ser infeliz teniéndolas todas, porque a lo mejor a alguien lo que le hace feliz es luchar por un mundo mejor o tocar el violín, digo.
Pero además, la felicidad o la infelicidad no son estados de ánimo permanentes, son destellos. La mayor parte del tiempo uno no es ni feliz ni infeliz. La mayor parte del tiempo uno agarra y vive y no se fija en esas cosas. Hace lo que tiene que hacer (o no lo hace), y come y prende esperanzado la televisión y la apaga a las puteadas y se pone a leer un libro o a escuchar la radio.
Y de repente, mira por la ventana y ve un atardecer espléndido, o mira para el costado y ve el brillo de los ojos de la amada, o siente los acordes del segundo movimiento de la cuarta sinfonía de Brahms, y por unos segundos se da cuenta de que es feliz, y ya está.
La tan famosa "felicidad" es eso y poco más que eso y no es sensato andar pidiendo más. Porque lo que hace a la felicidad algo tan buscado y tan reconfortante es su carácter de efímera, de elusiva, de inasible, de etérea, de indescriptible. Si la felicidad fuera algo concreto y eterno, no nos daríamos cuenta y entonces no seríamos felices. O algo por el estilo. Feliz fin de semana.