(y a mi no me importa mucho que digamos)

lunes, 7 de septiembre de 2009

ESCRIBIR Y LEER

Que un escritor es un exhibicionista, ya lo he dicho y no lo negaré. Más aún, aumento la apuesta y ahora digo que un lector es un voyeur al que le gusta fisgonear en la cabeza de otro. Y es una suerte que así sean las cosas, que si nó no existiría la literatura (dijera Sofanor).

Hasta este invento de la internet, los escritores pobres dependían de los editores para hacerse leer (los escritores ricos se publicaban ellos mismos), en cambio, ahora publica cualquiera que pueda acceder a esta tecnología (y entenderla, claro).

¿Significa ésto que ahora escribe cualquiera? Bueno, sí, ahora escribe casi cualquiera. ¿Significa ésto una merma en la calidad de todo lo escrito en el mundo? No lo sé, y lamentablemente es imposible responder a esa pregunta.

El monopolio de los editores en el asunto de la divulgación masiva de la obra literaria no era (no es) ninguna garantía de calidad. Fíjese si nó cómo le costó a la madre de John Kennedy Toole que le publicaran La Conjura de los Necios; y fíjese todos los libros que le han editado a Paulo Coelho, por no abundar.

En fin, que no es lo mismo. Sí, eso está claro. Pero bueno, después la sigo que ya debo salir a enfrentar al mundo real, en esta jornada que se había pronosticado como soleada y está hermosamente lluviosa y fría.