Uno de los cincuenta eucaliptus que todavía quedan en la Plaza 12 de Octubre se murió de un día para el otro. ¿Por qué? No lo sé. No lo entiendo. Nadie lo tocó ni le echó nada, el resto de sus congéneres están sanos y lustrosos. Hoy sólo queda el humo del gigante...
Un año y dos o tres temporales después, así ha quedado esta esquina de la plaza: