(y a mi no me importa mucho que digamos)

viernes, 17 de diciembre de 2010

LA MALDICIÓN DEL INODORO

Desde que Walter Closet inventara el inodoro en 1769, millones de hombres han sido rezongados por sus esposas a lo largo y a lo ancho del planeta por salpicar con el pis fuera de la taza. Nada más injusto que esto. Después de todo, si de algo se puede acusar a los hombres, es de utilizar para hacer pipí un adminículo que no ha sido diseñado para ello.

Además, la proximidad del baño a las otras habitaciones (circunstancia derivada de la pequeñez de las viviendas modernas), coloca muchas veces al hombre ante la disyuntiva de permitir que todos los presentes en la morada escuchen desde atrás de la puerta el sonido cantarino de su pipí zambulléndose en el ojo de agua del inodoro, o hacerlo rebotar mudamente en la porcelana, aumentando así el radio de alcance de las salpicaduras. Es por éste motivo (y por otro que no voy a detallar ahora) que es conveniente que en cada baño haya siempre una radio portátil a disposición del eventual usuario.

En el descargo de la mitad más importante y más inteligente de la especie humana, deberemos decir que la matriarcal industria sanitaria ecuménica no le ha dejado a los hombres otra opción que salpicar o hacer pichí sentados, por lo menos en lo que a casas de familia se refiere. Por otro lado, desde que todos los pantalones se fabrican con el invento del incontinente Jean Braguette incluído, hacer pichí de parado se ha convertido en una tentación irresistible, por lo que sugerir siquiera que debamos hacer pipí sentados es un algo lindante con el sadismo.

Pero analizemos en detalle lo sustancial del problema. Si uno se detiene a observar cómo está construído el mundo, se percatará de que los baños públicos están divididos por género y están diseñados para satisfacer las necesidades derivadas de las particularidades del sexo de sus usuarios. Es así que en los baños destinados a las damas hay (por orden de importancia): grandes espejos para maquillarse adecuadamente, bidets para higienizarse las partes pudendas, e inodoros para hacer pipí y popó. En los baños de caballeros, en cambio, hay inodoros para hacer popó y... ¡mingitorios para hacer pipí!

El inteligente lector seguramente ya se ha percatado de cual es el origen del ecuménico problema de las salpicaduras fuera de la taza, pero igual lo mencionaremos específicamente para que lo entiendan nuestras lectoras: ¡los baños hogareños son baños para mujeres! Si nuestras esposas quieren que no salpiquemos el piso con nuestro pis: ¡que nos pongan mingitorios en los baños! Mientras así no sea: ¡a callar y a seguir pasando el trapo con lavandina!