El artículo lo escribí hace dos años y medio, pero matiene su vigencia, sobre todo porque no está mal seguir recordando las estupideces que solía decir el presidente Vázquez.
CONFLICTO URUGUAY-ARGENTINA
COSAS GRACIOSAS, COSAS RIDÍCULAS, COSAS JODIDAS
Andrés Capelán
MONTEVIDEO/URUGUAY/10.11.07/COMCOSUR AL DÍA – Es gracioso escuchar a los presidentes del Virreinato del Río de la Plata repetir una y otra vez que están firmemente persuadidos de que el camino para solucionar el problema de Botnia “es el diálogo”. En primer lugar, es gracioso porque eso es una obviedad flagrante. Hablan de dialogar y negociar como si los ennobleciera haber elegido esa opción entre otras. ¿Y cual otra alternativa tendrían ambos gobiernos para resolver el diferendo que no fuera dialogar y negociar? ¿Bombardear Gualeguaychú hasta que no quede ningún asambleísta? ¿Pegarle unos misilazos a la fábrica de Botnia? ¡Por favor! En segundo lugar, es gracioso porque hace más de dos años que Uruguay y Argentina no están haciendo otra cosa que dialogar y negociar a varios niveles, y no sólo no han logrado ponerse de acuerdo, sino que han aumentado el disenso.
También fue gracioso escuchar al presidente Vázquez contestar a quienes le acusaban de haberse apresurado a otorgar a la planta Orión la autorización para comenzar a funcionar. “La decisión no tuvo nada de apresurada”, dijo, y no mintió. Pero bueno, se estaba refiriendo a una cuestión de días. En realidad no se sabe bien cuando fue que Vázquez tomó esa decisión. Seguramente fue luego del 5 de junio del 2004, cuando en plena campaña electoral se refería al tema diciendo que los países de “el mundo desarrollado (...) nos traen acá inversiones en industrias que destruyen el medio ambiente que es nuestro, porque ellos no quieren destruir su medio ambiente.” Seguramente fue antes de su viaje a Europa en noviembre del 2005, ocasión en la que tranquilizó a los inversores españoles y finlandeses asegurándoles que “el país respetará todos los compromisos asumidos”.
En una de las primeras conversaciones que mantuvo con el presidente Kirchner, Vázquez definió a las plantas de celulosa como un "presente griego" (*) de su antecesor, Jorge Batlle. Talvez por cortesía, no quiso Vázquez hacer notar entonces que la tarjetita que acompañaba ese "regalo" estaba firmada también por el antecesor de su colega, Eduardo Duhalde.
La cosa no es fácil, porque en realidad la decisión de construir pasteras y papeleras en Uruguay se tomó el 9 de febrero de 1988 (presidencia de Julio María Sanguinetti, Partido Colorado), cuando el Parlamento aprobó la Ley Nº 15.939, más conocida como “Ley Forestal”. En su Artículo 1º, esa ley dice: “Decláranse de interés nacional la defensa, el mejoramiento, la ampliación, la creación de los recursos forestales, el desarrollo de las industrias forestales y, en general, de la economía forestal.” En el inciso A de su artículo 7º, el Estado uruguayo se compromete a “Promover el desarrollo forestal en todas sus etapas productivas mediante actividades de investigación, extensión, propaganda y divulgación.” (**)
Puestas así las cosas, todo era cuestión de tiempo. Cuando los árboles estuvieran prontos, comenzarían a llegar las pasteras y las papeleras, y sus inversiones de miles de millones de dólares. ¿Cómo detener ese proceso sin entrar en ruptura con el orden económico internacional? El momento para detener la construcción de la planta Orión hubiera sido el 1º de marzo de 2005. Ahí si, el presidente Vázquez podría haber dicho: “¡Un momento! Acá hay algo que está mal. Falta un papel.” Si así lo hubiera hecho, tal vez Botnia hubiera desistido de instalarse allí y hubiera construído su fábrica en otro lugar, como lo hizo Ence. Pero no lo hizo, subestimó a la Asamblea de Gualeguaychú, no tuvo en cuenta los intereses geoeconómicos argentinos, minimizó el asunto y dejó seguir.
A pesar de que lo más pernicioso para este territorio y sus habitantes es la adopción del “Modelo Forestal”, la crisis con Argentina se produjo por la ubicación fronteriza de la fábrica de Botnia. Los motivos de los vecinos de Gualeguaychú para oponerse a ella son claros, a mi tampoco me gustaría tener una pastera cerca. En cambio, los del gobierno argentino para apoyarlos son bastante oscuros, porque mientras apoya esta lucha entreriana, hace oídos sordos a los reclamos de los ambientalistas de otras provincias (dicho sea de paso, la única ruta argentina que está permitido cortar, es la que lleva al puente Fray Bentos – Puerto Unzué). Mientras la contaminación derivada de miles de industrias sucias (la minería, por ejemplo) avanza en su propio territorio, el gobierno argentino pone el grito en el cielo por una eventual contaminación en el país de enfrente. Eso también me hace gracia.
Finalmente, también me resultaron graciosas las insistentes invocaciones del presidente Vázquez (repetitivas hasta la cacofonía) a la “hermandad” entre los pueblos rioplatenses. Dijo: “No nos olvidamos lo que el hermano pueblo y querido pueblo argentino ha hecho por cientos de miles de uruguayos que encontraron en ese pueblo hermano, soluciones a los problemas que nuestro país no les podía dar, que encontraron refugio; que encontraron un hogar; que encontraron trabajo; que encontraron educación para sus hijos; que encontraron una vida digna que el hermano pueblo argentino les dio a los uruguayos que fueron allí a esa patria querida, hermana, buscando caminos que no encontraban, reitero, en el Uruguay.” ¡Ay hermano! ¡Que oratoria! ¿Ese es mi presidente?
Yo se que la retórica diplomática tiene sus leyes propias, pero esto ya es demasiado. Si hay cientos de miles de uruguayos viviendo en Argentina, no es porque los argentinos sean bondadosos o buenos samaritanos (que en el plano individual muchos lo serán, por supuesto). Están allí por razones de mercado: en Uruguay sobraba mano de obra y en Argentina faltaba. O al revés, que es igual: en Uruguay no había trabajo y en Argentina sí. Capitalismo puro. Si no hubieran estado dadas esas frías condiciones económicas, no hubiera existido esa emigración. Si, somos hermanos, como buenos hermanos nos hemos vivido peleando, y, como hermano menor (en edad y en tamaño económico) la Banda Oriental ha llevado siempre la peor parte. Me cayó muy mal tanta alcahuetería empalagosa, no sólo era innecesaria sino que además sonó a hipocresía. La hermandad espiritual existe, si, pero es otra cosa, y no tiene nada que ver con los negocios, que de eso se trata todo ésto.
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(*) La expresión "presente griego" refiere a la historia homérica del Caballo de Troya, donde en un regalo, el caballo gigante, estaban escondidos los soldados que luego la destruirían.
(**) La ley completa en: www.parlamento.gub.uy/leyes/AccesoTextoLey.asp?Ley=15939&Anchor=