Prácticamente no pasa un día sin que algún gobernante en algún lugar del mundo se manifieste comprometido con “la lucha contra el calentamiento global”. Muchas veces, esa promesa es seguida por alguna referencia al crecimiento de la economía de su país, a la creación de nuevos puestos de empleo, a la mejora del nivel de vida de sus gobernados, por ejemplo. ¿De qué estamos hablando? ¿Esos gobernantes son un hato de estúpidos o son una piara de hipócritas?
A esta altura de los acontecimientos, es claro y evidente que el calentamiento global es producto del crecimiento explosivo que ha tenido la industria en los últimos doscientos años. En un medio cerrado, cual es nuestra biósfera, hemos introducido inmensas cantidades de calor, humo y otras emanaciones gaseosas. Hemos talado bosques, hemos creado desiertos, hemos multiplicado abrumadoramente las especies animales domésticas destinadas a nuestra alimentación y estamos exterminando a las salvajes. ¿Alguien puede pensar que esta situación es sostenible?
En primer lugar, el calentamiento global no se puede “combatir”, llegó para quedarse y continuará aumentando regido por la ley de la entropía. Si queremos ser serios, la tarea a la que debemos abocarnos es la de adaptarnos a él. El Homo Sapiens ha sobrevivido a otras variaciones climáticas extremas (las glaciaciones, claro), aunque el cambio nunca había sido tan vertiginoso. El costo será enorme, morirán millones, pero bueno, la especie perdurará de alguna manera o de otra.
En segundo lugar, no es honesto hablar de que se está “combatiendo” al calentamiento global si al mismo tiempo se están anunciando nuevas inversiones, nuevas fábricas, más autos, más armas, más computadoras, más acondicionadores de aire. La única manera de amainar el calentamiento global hasta revertirlo es lisa y llanamente detener el desarrollo y el crecimiento económico. Pero ninguno de estos gobernantes habla de eso. Ahí tenemos a todas las multinacionales invirtiendo vorazmente en la industrialización de China al costo de la debacle. Ahí tenemos a nuestros propios gobernantes, hablando de cuánto ha crecido la economía uruguaya en los últimos años y de cuánto crecerá en el futuro.
Pero la cosa es aún peor, porque se anuncia con bombos y platillos que se comenzará a fabricar agrocombustible para sustituir al petróleo. ¡Caramba! ¿Realmente no se dan cuenta de lo terrible de eso? Vamos a sustituir a un combustible fósil, que está ahí y sólo hay que refinarlo para utilizarlo, por otro que se fabrica con tierra y agua (y agrotóxicos). ¿En serio piensan que es algo bueno cambiar alimentos por combustibles y cubrir grandes extensiones del pais y del planeta con monocultivos que consumirán unos recursos que cada vez escasean más?
Los efectos del uso de alimentos vegetales para producir combustible ya están a la vista, y eso que apenas ha comenzado a desarrollarse esta alternativa. Aquí y ahora, por ejemplo, se vendió todo el maíz nacional a Estados Unidos para la producción de alcohol. Por ello, para poder alimentar a pollos y cerdos debió importarse maíz transgénico desde Argentina, y como ese maíz es más caro que el uruguayo, subió el precio de la carne de pollo y de la de cerdo.
Las multinacionales han tomado prestamente la bandera del proyecto agroenergético, y están comprando millones de hectáreas en el tercer mundo para plantar en ellas caña de azúcar, o maíz, o soja, o palma aceitera. Así como ayer necesitaban plantar aquí eucaliptus y pinos para sus fábricas de papel para catálogos de supermercados, ahora plantan vegetales destinados a la fabricación de combustible para sus millones y millones de automóviles.
Parece una paradoja, pero el crecimiento sostenido es insostenible (basta pensar un poco en eso para darse cuenta de que es así). La única forma de comenzar a revertir los efectos de la industrialización sobre el medio ambiente, es desindustrializarse. Si la riqueza ya existente estuviera bien distribuída, alcanzaría y sobraría para que todos viviéramos dignamente. No hay necesidad de crear más.
Pero bueno, el sistema capitalista no permite eso. El asunto sigue siendo obtener el máximo de ganancia con el mínimo de inversión, en el menor tiempo posible; aún al costo de tornar el planeta en inhabitable para el genero humano. En fin, ya que nadie está dispuesto a respetar la estructura física del planeta, yo lo único que pido es que no me tomen más el pelo. Pero al parecer, pido demasiado.