Esta nota la escribí hace muchos años, pero me gusta tanto como me quedó y mantiene tanto su vigencia (por Orwell, no por mí) que la sigo publicando en todos lados. Si no la leyó, aproveche para leerla ahora. Si ya la leyó, apague esta máquina de porquería y aproveche para leer algún libro que valga la pena. Buena tarde.
"1984": Una profecía cumpliéndose
Andrés Capelán
Hoy todos conocen el "Gran Hermano" de la televisión, pero no todos han leído la obra en la que se inspira esa obscenidad mediática. Algunos sabrán que esa serie de programas que hizo furor en todo el mundo se inspiró en una circunstancia del libro "1984" del inglés George Orwell (seudónimo de Eric Arthur Blair, nacido en India en 1903 y fallecido en Gran Bretaña en 1950), pero poco más.
En 1936 Orwell viajó a España a escribir crónicas sobre la Guerra Civil Española para periódicos británicos, pero terminó combatiendo por el POUM en defensa de la República: "Llegué a España con la idea de escribir artículos para periódicos, pero me uní a la milicia casi inmediatamente, porque en ese momento y en esa atmósfera parecía la única cosa concebible de hacer", contaría luego en su "Homenaje a Cataluña". Allí fue testigo de la que él describe como "cínica traición" de los comunistas a los ideales republicanos, incluyendo el asesinato de los anarquistas catalanes.
A partir de esa experiencia se transformó en un duro crítico del stalinismo, postura que se refleja en numerosos artículos y ensayos, y en sus dos obras maestras: "Rebelión en la Granja" y "1984". La primera (escrita en 1945) es una sátira de la Revolución Rusa y el ascenso de Stalin al poder, una fábula en la que los animales de una granja inglesa, liderados por los cerdos, se rebelan contra los humanos. Finalmente, los cerdos no hacen otra cosa que sustituir a los hombres en la opresión de sus congéneres. Es curioso que este libro haya sido tradicionalmente usado para denostar a los comunistas, siendo que en él, los más malos de todos son los hombres, es decir, los capitalistas. 1984, en cambio no es sólo una crítica al stalinismo, sino a todos los regímenes autoritarios, y lo curioso en este caso es que muchos de los métodos que usa la dictadura que gobierna Inglaterra en la ficción de ese libro, son usados hoy día por la democracia que la gobierna en la realidad.
Televigilancia
La primera edición de "1984" fue publicada en 1949, cuando la televisión comenzaba a instalarse en Gran Bretaña. Orwell percibió inmediatamente el terrible poder que éste medio podía tener para el sometimiento de las masas, y la incluye entre los mecanismos que utiliza el gobierno para dominar y vigilar a los ciudadanos del Londres del entonces futuro 1984. Es así que en la anti-utopia orwelliana hay instaladas pantallas, cámaras de televisión y micrófonos, en todos los lugares concebibles, desde las plazas públicas hasta los dormitorios particulares, pasando por fábricas, escuelas, baños públicos, y cualquier otro lugar donde fueran necesarias.
Desde esas pantallas no sólo se transmiten arengas, discursos del "Gran Hermano" que supuestamente encabeza el gobierno, noticias de una guerra indefinida e interminable, marchas militares y clases de gimnasia, sino que con sus micrófonos y sus cámaras adjuntas se vigila permanentemente a los ciudadanos con el fin de detectar eventuales conspiraciones. Mientras tanto, desde los muros, infinitos afiches recuerdan a los ciudadanos: "El Gran Hermano te está vigilando" ("Big Brother is watching you"). Hoy en Inglaterra hay miles de cámaras de televigilancia en todas las principales ciudades.
Desaparecidos
Si bien cuando la policía del pensamiento detecta la "subversión" de Winston Smith (incitada por el mismo gobierno) le somete a un lavado de cerebro antes de ejecutarlo una vez "convencido", el proceder habitual para con los opositores en Oceanía, es "desaparecerlos"... En efecto, tan tempranamente como en 1948, varios años antes de la revolución argelina y los vuelos del Cóndor por Latinoamérica, el protagonista de "1984" explica que:
"Las detenciones se realizaban invariablemente en horas de la noche: el intempestivo despertarse todo azorado, la mano brutal sacudiéndolo a uno por el hombro, la repentina iluminación de la estancia encandilando los ojos, y un círculo de caras desapacibles en torno al lecho de la víctima. En la inmensa mayoría de los casos, no se abría proceso ni se informaba al público de la detención. La gente sencillamente desaparecía, casi siempre de noche. Se borraba de los registros el nombre del preso, eliminándose todo vestigio de su identidad o de sus antecedentes personales; su existencia era negada y luego echada al olvido. El individuo resultaba suprimido y liquidado: 'evaporado' era la expresión en boga."
La mentira es verdad
Esa eliminación de los desaparecidos de todos los registros, es en "1984" parte de una estrategia de permanente transformación del pasado para amoldarlo a los intereses del gobierno. Es así que -por ejemplo- cuando la producción de armamento no alcanza las metas aspiradas, se modifican todas las publicaciones previas, de manera que en los registros aparezca que esa circunstancia ya había sido prevista por el Gran Hermano, quien también ha sido el inventor de la aviación, de la electricidad, de la pólvora, etcétera. Explica Orwell por boca de Winston Smith: "Y si todo el mundo se aviene a aceptar como ciertas las falsedades impuestas por el Partido y todas las constancias concurren a sustentarlas, entonces, la mentira se hace historia y pasa a ser verdad. 'Quién es dueño del pasado domina el porvenir; el que es dueño del presente domina el pasado' -rezaba el lema del Partido."
El Lenguaje y el Poder
En el momento en que se desarrolla "1984" se está preparando la edición definitiva del diccionario de la "neohabla", el nuevo idioma que está sustituyendo al inglés tradicional. Uno de los encargados de esa tarea explica a Winston Smith la importancia del nuevo idioma:
"¿No comprendes que toda la finalidad de neohabla está en oponer barreras al pensamiento? Terminaremos por hacer literalmente imposible el delito de pensamiento, porque no existirán vocablos para expresarlo. Todo concepto que requiera ser expresado quedará circunscrito al empleo de un solo vocablo, con una acepción definitiva dentro de rígidos moldes, y eliminados y olvidados todos aquellos de orden accesorio. (...) Cuanto menos vocablos cada año, más restringido se irá tornando el radio de acción del entendimiento. (...) ¿Cómo adoptar, por ejemplo, un lema semejante al de 'la libertad es esclavitud' cuando ya no exista el concepto de libertad? Todo el pensamiento se desarrollará en medio de un clima distinto. A decir verdad, no existirá ya el pensamiento tal como lo entendemos hoy. Lo dogmático exime de pensar, de la necesidad de pensar. Acatar el dogma es vivir en un perpetuo estado de inconsciencia."
Paradoja
Durante décadas, “1984” fue utilizado por derechistas y conservadores como ejemplo admonitorio de lo terrible que podría ser nuestra vida si caíamos en las garras del comunismo. Sin embargo, cuando les fue necesario, esos mismos partidos y personas terminaron aplicando las mismas fórmulas para controlar y reprimir a sus pueblos.
“1984” tiene otro libro adentro: “Teoría y práctica del colectivismo oligárquico”, un equivalente del Manifiesto Comunista escrito por un supuesto opositor al régimen llamado Manuel Golstein, en el que se le critica y analiza. Orwell utiliza ese recurso para hacer un análisis del capitalismo moderno. Dice:
“Desde el preciso instante en que la máquina hizo su aparición, la gente de algún criterio comprendió al punto que con ello se ponía término al trabajo esclavizado del hombre y quedaba reducida a un mínimo la desigualdad entre los humanos. Si el poder del maquinismo hubiese sido utilizado con esos fines, unas pocas generaciones hubieran bastado para hacer desaparecer del mundo el hambre, las excesivas cargas de la lucha por la vida, la insalubridad, el analfabetismo y las epidemias.”
“Pero si el poco trabajo y la vida sin apremios fueran patrimonio de todos por igual, la gran masa de seres humanos que viven sumidos en la ignorancia adquirirían cultura, y con ella serían dueños de ideas propias; en ese caso, dichas masas no dejarían de darse cuenta, tarde o tremprano, de la injusticia de ser gobernadas por una minoría privilegiada, y se rebelarían para acabar con ella. Porque una sociedad jerarquizada sólo puede tener por fundamentos la miseria y la ignorancia.”
La guerra permanente
En el mundo de “1984” existen tres Super Estados: “Oceanía” (Gran Bretaña, América, Australia, y el sur de África), “Eurasia” (Europa, Turquía y Rusia) y “Estasia” (China, Japón, Corea y el norte de India); y la guerra permanente entre ellos por conquistar el resto del planeta (en amarillo en el mapa) es el medio que el capitalismo rampante en esos tres mega estados ha encontrado para “dar salida a cuantiosos materiales, arrojándolos a la estratósfera o hundiéndolos en las profundidades del mar, materiales que, en caso contrario, podrían ser utilizados para hacer a los pueblos excesivamente prósperos y, en consecuencia, con suficiente educación como para adquirir conciencia de su propia fuerza”.
También por boca de Goldstein, explica Orwell: “La guerra no solamente cumple con sus fines de destrucción, sino que lo hace dentro de ciertas modalidades psicológicas que todos aceptan y toleran. En teoría, no resultaría nada compicado emplear el excedente de mano de obra en construir pirámides y templos, en abrir grandes excavaciones de tierra para volverlas a llenar, o aún en producir considerables cantidades de artículos de consumo para luego arrojarlos a las llamas. Pero con ello se proporcionaría la base económica, mas no la emocional, que requiere una sociedad jerarquizada.”
Viendo todas estas premoniciones, no es difícil de entender los motivos por los que hoy día todos prefieren olvidarse de la obra de Orwell. El mundo contemporáneo es demasiado parecido. Cada vez más...