Y entramos y preguntamos qué era eso de un mate por diez dólares y el dueño del bar en la pasiva de la Plaza Independencia nos dijo muy contento que por esa plata le preparaban un mate a los turistas y le enseñaban a tomarlo y que había que ver la cara que ponían cuando se quemaban, que se mataban de la risa (él y sus empleados) y que los gringos hasta compraban un mate y una bombilla de esos que tienen en la vidriera para llevarse de recuerdo, y no quisimos saber cuánto se lo cobraban si por cebarle unos mates le cobran doscientos pesos, y bueno, que somos un país turístico al mejor estilo garrapata, pero bueno, mejor que dejen la plata al dueño del boliche a que se la lleven para extranjia de vuelta. En fin.