Los días en que no tengo tiempo o no tengo ganas de escribir algo para este blog, copio y pego cosas de otros, como fue el caso de ayer y es el caso de hoy. Claro que el lector no sabrá si eso es porque ayer no tenía tiempo y hoy no tengo ganas o viceversa. No se preocupe, en el fondo yo tampoco lo sé.
En fin, que para hoy tenemos una serie de descripciones de la naturaleza que me he encontrado en mi tercera o cuarta relectura del libro de Gilbert Keith Chesterton "La Hostería Volante". Me gustan mucho las descripciones de la naturaleza de Chesterton (bueno, me gusta mucho Chesterton en general, más bien). Vea si le miento:
CAPÍTULO I
"El mar era de un fantástico verde claro y la tarde había recibido ya el toque misterioso del anochecer..."
CAPÍTULO II
"El gran dragón marino de cambiantes colores podía, como un gigantesco camaleón, volverse de un verde pálido cuando bañaba las rocas de Pebbleswick y teñirse de un intenso añil cuando rompía contra las islas Jonias."
CAPÍTULO VI
"El reflejo de rubí que calentaba tierra, cielo y mar, era el efecto más delicado del crepúsculo. El mundo entero parecía sumergido en un vino místico..."
CAPÍTULO VII
"Bajo la claridad a un tiempo severa y dulce de un crepúsculo que pintaba de sombrío violeta el mar plomizo y esparcía sobre toda la escena una luz propicia y melancólica a la tragedia, lady Joan Brett volvía a errar, sola y melancólica por la orilla del mar."
Y por hoy eso es todo, amigos. Han sido ustedes muy amables (¿y por qué estas cosas se escriben en plural, si mayormente se leen en singular?)