(y a mi no me importa mucho que digamos)

miércoles, 18 de noviembre de 2009

¿Y SI MURIERA MAÑANA?

¿A quien le importaría si muriera mañana? A los más amados, a los más cercanos, claro. Pero a la mayoría de ellos le importaría por un rato. A unos pocos, les importaría toda la vida, pero de tanto en tanto (nadie se acuerda permanentemente de los muertos queridos, aunque lo diga). Es por esos pocos que se pondrán tristes que a uno no le gusta la idea de morirse ahora.

Pero como eso de moririse va a pasar más tarde o más temprano, mirando el asunto objetivamente, tampoco importa demasiado. La única ventaja de morirse viejo es que para ese entonces habrá menos dolientes. Al resto de la humanidad, a esos miles de millones que ni lo conocieron ni oyeron hablar de uno, seguro que no les importará nada. Ni siquiera se enterarán de que uno ha muerto, así como no se han enterado de que ha nacido, de que ha vivido, de que ha escrito tonterías propias.

Pero además, a uno le enseñaron que debe comportarse como un caballero inglés (que al final de cuentas es lo mismo que ser un caballero inglés), y que los caballeros ingleses no llegan tarde a ninguna cita, y mucho menos faltan a ella, por más causa de fuerza mayor que haya. Si, claro, los caballeros ingleses sí faltan a la cita a causa de la mayor causa de fuerza mayor que es la muerte. Pero no la buscan, porque sería impropio de un caballero inglés buscar la muerte (al menos conscientemente). Los caballeros ingleses aguantan los avatares y las desventuras como los señoritos que son. Los caballeros ingleses no lloran.

En fin, que es nada más que por eso que a uno no le gustaría lo de morirse ahora, y no por otras cosas más trascendentes como por ejemplo la de privar a la humanidad de grandes cosas, o la de dejar un vacío imposible de llenar. ¡Pamplinas! Si Darwin se hubiera ahogado en las Galápagos, la ley de la selección natural la hubiera formulado –como en efecto la formuló– Alfred Russell Wallace (otro caballero inglés). Si Cervantes hubiera muerto en Argel, El Quijote sería el de Avellaneda. Si a los hermanos de Anne Hathaway les hubiera dado por limpiar a Shakespeare por haber dejado embarazada a la joven en lugar de obligarlo a casarse con ella, hoy se representaría el Otelo de Marlowe o el de Bacon (vaya uno a saber).

Lo cierto es que tampoco hubiera importado demasiado si Darwin o Cervantes o Shakespeare hubieran muerto jóvenes. ¿Y si Fidel hubiera muerto en el asalto al Cuartel Moncada? Pues la revolución cubana la hubiera liderado su hermano Raúl, o Camilo Cienfuegos, o vaya a saber quien. ¿Que no hubiera sido lo mismo? Tal vez, pero hubiera sido muy parecido y en la perspectiva histórica esas diferencias no importan demasiado.

¿Y por qué uno se ha puesto a escribir ésto? Pues supongo que por el hastío de escuchar las vanaglorias de los vanidosos y los ditirambos de sus acólitos. Oiga: mire que ni Jesús era insustituíble, así que baje la pelota al piso y juegue callado. Recuerde que nada importa realmente demasiado. Disfrute, pero no se la crea, que los caballeros ingleses no hacen el ridículo.