(y a mi no me importa mucho que digamos)

martes, 10 de noviembre de 2009

PUES NADA, QUE ME PARECE BIZARRAMENTE GROTESCO...

En este permisivo y amorfo siglo XXI, hasta los intelectuales mas garbosos sustituyen el adjetivo castellano “grotesco” por la palabra “bizarro” (valiente, esforzado, generoso, lúcido, espléndido) para referirse a algo ridículo, extravagante, irregular, grosero o de mal gusto.

Lo que pasa es que en inglés, grotesco se dice "bizarre", y en las viejas revistas de Superman había un tosco universo paralelo que estaba sin terminar, y sus habitantes se llamaban "The Bizarre", o sea "Los grotescos". Pero el traductor de la editorial SEA, en lugar de traducir "bizarre" por "grotesco", lo tradujo por "bizarro", y andá a quejarte a donde cayó el avión.

Con la sobrevaloración del Cómic que se vivió durante las décadas pasadas, mucha gente comenzó a usar la palabra bizarro para referirse a algo grotesco, y ahí fue adquiriendo esa palabra su nuevo significado.

Del mismo modo, se ha comenzado a usar como si tal cosa muletillas importadas, como es el caso del “nada” de la clase media iletrada española.

“¿Cómo ves la situación actual de la literatura uruguaya?” –pregunta un periodista cultural a un escritor de la nueva generación. Y contesta el entrevistado: “Pues nada... que me parece que hay muchos nuevos escritores que merecerían ser publicados; y nada... que las grandes editoriales sólo publican lo que se vende”, por ejemplo.

Sucede que todos somos hijos de nuestro tiempo, y algunos tienen las herramientas como para capear estos temporales semánticos subliminales y otros no. No soy linguista, pero creo haber entendido que el pensamiento y el lenguaje van de la mano. Es decir, que así como el pensamiento se expresa mediante el lenguaje, el uso de determinado lenguaje va condicionando el pensamiento. A menor lenguaje, menor pensamiento, y viceversa.