En los cruces de Luis Alberto de Herrera con Burgues y con San Martín hay sendos boliches. El primero, se llama "El León de Caprera", y el segundo "El León de Carballo". El primero lo fundó un italiano, y el segundo un gallego, que le puso lo de "Carballo" pues él era nacido en ese pueblo cercano a La Coruña y lo de "León" para no ser menos que el tano del otro boliche.
El asunto es que el "León de Caprera" tiene nombre y apellido: José Garibaldi (también conocido como "El héroe de dos mundos" o "ese hijo de puta"), quien ganó ese apelativo cuando se retiró de la vida activa a su casa de campo en la pequeña isla de Caprera, al norte de Cerdeña.
Encasillar a las personas no es deseable pero es necesario. Encasillar a Garibaldi es bastante difícil, porque en Europa fue un héroe de la unificación italiana, pero en América fue un asqueroso mercenario al servicio de las peores causas. De vago que soy, copiaré un editorial del diario La República del 12 de julio de 2007, cuando los colorados habían propuesto hacerle un homenaje en el Parlamento. Vean qué ficha:
Se piensa hacer un homenaje nacional en el Parlamento, por iniciativa del Partido Colorado, a Garibaldi. Sin perjuicio de estar en todo su derecho, la historia del personaje tiene dos aspectos. Una de las cuales es absolutamente excluyente a cualquier blanco "bien parido". En su calidad de italiano, lo expuesto en su patria, Italia, es inobjetable. Allí, en su lucha libertaria y social ocupa sin dudas el podio de los héroes. Pero no es esa la realidad que se le cuestiona, sino lo que vino a plantear, mercenariamente, en nuestro país.
Los colorados, que pagaron bien sus servicios, por cierto muy eficientes, lo prueban y certifican en la obra de Eduardo Acevedo "Anales Históricos" tomo II pág. 226, donde reproducen las planillas de pago entre 1847 y 1848 asignadas a Garibaldi y sus "condottieri". ¡Sin levante! O sea, acá no peleó por principios ni por ideas, sino por meras "piastras". Fue un guerrillero europeo muy eficaz que arribó a estos lares, en busca de dinero para seguir su lucha al volver a Italia y se ofreció a quien podía dárselas.
A Frutos Rivera, representante en los hechos de los intereses imperiales europeos. No olvidar que la lucha planteada era por la apertura de los ríos interiores, Uruguay y Paraná, al comercio imperial que pretendía el mismo régimen legal que para el mar abierto, de manera tal, poder llevar "barato" nuestras riquezas cárnicas y agropecuarias por telas, perfumería, bisutería y demás "porquerías" o "espejitos" que en la era maquinista atiborraban los depósitos comerciales europeos. Juan Manuel de Rosas y el Libertador Manuel Oribe, por el contrario, les cerraron los ríos, cuyas soberanías son de los países costeros en todo el mundo, en clara defensa de la producción nacional.
Esa y no otra fue la razón primigenia de la guerra. Garibaldi puso sus armas al servicio opuesto al que en su patria sirvió, por la razón del dinero, que le fue dado generosamente, en su calidad de condottiero o bucanero liso y llano.
El pardejón Frutos sustituye en el comando de la armada montevideana al corrupto Comodoro Coe, paliceado por el patriota federal Almirante Brown, por el "León de Caprera", que así se le apodaba. Y a la zaga de la armada anglofrancesa de los Almirantes Inglefield y Lainé conquistan Colonia sometiéndola a tremendo saqueo, repitiéndolo a renglón seguido en Gualeguaychú. Anota Adolfo Saldías en su "Historia de la Confederación Argentina" cap. L1, que al llegar a Gualeguaychú los Almirantes aliados (inglés y francés) ordenaron a Garibaldi atacar dicho pueblo meramente comercial y desguarnecido".
Durante dos días los garibaldinos saquearon las casas de familia, una a una, y respectivos comercios con brutal prolijidad. La escuadra prosiguió río arriba atacando Paysandú. Allí los rechazó el general Antonio Díaz, ministro de Guerra de Oribe, ante lo cual marcharon a Concordia defendida por el general Eugenio Garzón que también los venció. Pero insatisfechos por esas lamentables "frustraciones", se desquitaron saqueando Salto. Como quien dice, iban "tanteando" puertas.
El propio Garzón anota desde Concordia: "Vio que los buques garibaldinos amanecieron al día siguiente con el agua casi hasta la borda por el peso de la "carga" depredada. ¡Cómo habrá sido la cosa, que hasta Rivera "contratista" y aliado de Garibaldi se alarma hallándose desterrado en Río por los gobernantes de su propio Partido Colorado, acusado de traición y dolos diversos (sic), según detallan los informes del Ministro de Guerra ... Lorenzo Batlle y del Canciller doctor Manuel Herrera y Obes, recibe carta de su secretario y hombre de confianza José Luis Bustamante (2.11.45), quien le informa: "Garibaldi saqueó Colonia y Gualeguaychú escandalosamente... esta marcha nos está desacreditando mucho..."
Y a su vez el Pardejón escribe al embajador Howen: "Montevideo está sometido a la influencia francesa y a la voluntad de Garibaldi, que conspira desde hace tiempo aniquilando toda acción o elemento oriental dejando la ciudad sin autoridad alguna que reviste carácter ni represente intereses nacionales". ¡Hasta el propio pardejón se escandalizaba! Doña Bernardina Fragoso le escribía a su "digno" esposo don Frutos: "Aquí ya no hay más que extranjeros y qué podemos esperar de esta gente, que al no ser de acá, nada les importe, al no ser sus bolsillos"... Esto opinaban de Garibaldi sus propios aliados.
En buen romance, no vino el "León de Caprera" a reconstruir patrias, lograr libertades o defender justicias sociales. ¡No confundir por cierto! Quería lograr dinero como fuese para volver a su país Italia a su verdadera lucha patriótica que le interesaba. En nuestra tierra, vino a ponerse al servicio de los imperios (bien pago, claro está) galos y franceses y sus cipayos colorados y unitarios. Fue un estratega militar muy capaz sin la más mínima ética humanista y nacional con respecto a nuestras tierras y su gente. Fue un imperialista de su época.
A mayor abundancia, baste leer al colorado Eduardo Acevedo sobre la toma de Colonia: "A las 11.00 horas el almirante Lainé y el almirante Inglefield ordenaron el desembarco de 500 marinos en buen orden. Pero mientras ellos obedecían órdenes disciplinadamente, nuestros aliados los "condottieri" registraban almacenes cometiendo toda clase de estragos, saqueaban casas de familia y ni la linda Iglesia de Colonia se salvó de sus ultrajes... Ninguno de nuestros marinos tomó parte en esas degradantes escenas... Nuestros almirantes al final lograron imponer orden... Contrastan estas actitudes delictivas garibaldinas coloradas con la retoma tres años después, por Oribe.
Enterado de la presencia de la esposa de Rivera en Colonia, doña Bernardina, don Manuel ordenó al comandante Lucas Moreno ponerle su carruaje a disposición con la escolta, trasladándola adonde ella dispusiese, incluso Montevideo. El yerno de Rivera, el contador Labandera, agradeció en emotiva carta (28.8.48) el "fino trato dispensado por su generosa bondad". El almirante Louis Mazeré francés derrotado, en similares términos a Moreno, destacó: "La conducta de la tropa y de sus jefes, digna de toda alabanza". ¡Eran blancos! ¡Vive la differènce con el "héroe de dos mundos"!
Agrega además Barrios Pintos en su histórico "Lavalleja", que la casa del Libertador Juan Antonio en Colonia fue invadida y sus muebles destrozados, doña Ana Monterroso abofeteada y la familia groseramente insultada por los garibaldinos. Por lo tanto, si el homenaje a Garibaldi es pura y exclusivamente a sus gestas itálicas, es obvio que procede.
Pero ningún oriental bien nacido que respete estas tierras propias y sus ancestros, y siendo nacionalistas con muchísima más razón, justo en este año que se conmemoran los 150 años de la muerte del Prócer Libertador Gral. don Manuel Ceferino Oribe y Viana puede entrar a Sala legislativa a rendirle pleitesía homenajeando a un vulgar filibustero y depredador de nuestra patria. Aprovechándose de las desgracias de una guerra, sabiendo además, el haber sido un feroz enemigo del Héroe fundador del partido Blanco por añadidura. ¡Viva la Santa Federación! Viva el Libertador Manuel Oribe!
P.D. El historiador entrerriano Amaro Villanueva, en su libro "Garibaldi en Entre Ríos", prologado nada menos que por ¡Mitre! pág. 117, dice que tomado Gualeguaychú los garibaldinos reclutaron caballos, arneses, ropa para toda su gente, y algún "dinero".... a mano armada... Anota el profesor Pelfort que en el mundo el "reclutar" dinero a mano armada suele llamarse "rapiña" o simplemente "saqueo". Y sus perpetradores "saqueadores o rapiñeros". Algo parecido dice también Barrios Pintos en su obra "Paysandú tomo I, pág. 371.
En fin, que este criminal de guerra tiene aquí su museo, su avenida, y hasta su monumento, y no por lo que hizo en Italia, sino por las porquerías que hizo acá. Es como se dice: "La historia la escriben los vencedores", y los vencedores, acá, fueron los malos, qué se le va a hacer...