(y a mi no me importa mucho que digamos)
domingo, 18 de octubre de 2009
ESTAS CADENAS
Es muy tarde y tengo los ojos rojos, sin embargo no tengo sueño. Mis ojos me pican, me arden, me lloran y yo no puedo cerrarlos. Tengo que seguir sentado aquí escribiendo ésto, no puedo elegir otra cosa. Unas gruesas cadenas me tienen atado a esta silla, no me dejan mover de aquí. Si, es una metáfora, está claro, no hay ninguna cadena, es mucho peor. Pestañeo cada vez más, cada tanto aprieto mis párpados para fabricar unas lágrimas que alivien la irritación de mis ojos. Lo único que logro es ver borroso. Las letras se entreveran en la pantalla, el fondo blanco me lastima los ojos, que me duelen cada vez más. Y sin embargo no puedo cerrarlos. Tengo que seguir escribiendo a pesar del cansancio, y del dolor de espalda, y de los dedos al borde del calambre, y del embotamiento y de la irritación de mis ojos y de los párpados me raspan los ojos como si tuvieran por dentro papel de lija. Estos párpados que se me caen, y sin embargo no pasa un segundo que ya los tengo abiertos de nuevo, mirando estas letras que aparecen de la nada, sembradas por una barrita vertical negra que cuando no escribo parpadea, y parpadea, y parpadea sin parar al igual que mis ojos. Una barrita negra que late una y otra vez, incansable, insaciable, inmisericorde, late y late y me dice: “sigue escribiendo, sigue escribiendo, sigue escribiendo”. Y yo sigo ¿qué otra cosa puedo hacer? Sólo me podría salvar la llegada de alguien, una llamada telefónica al menos. Pero ya es muy tarde y todos mis amigos están durmiendo. Mas no pierdo la esperanza, tal vez una llamada equivocada me pueda liberar de estas cadenas. Pasan las horas y mientras tanto, escribo y escribo y escribo, cada vez más despacio pero escribo. Y mis ojos duelen y lloran y se me nubla la vista, pero yo sigo y seguiré aquí y así hasta que algo suceda y me detenga, o hasta que entienda los motivos por los que me pasa ésto... Si, claro, era por eso. Ya entendi. Buenas noches.