Porque hoy -sin ir más lejos: ahora-, tengo bastante tiempo para escribir aquí lo que desee, y sin embargo no tengo demasiadas ganas. Abrí el blog y me puse a escribir mientras tomo mate, habiendo apagado la radio tras sentirme saturado de ironías y sarcasmos. Porque la realidad invita a la ironía y al sarcasmo, pero hay momentos en que uno (es decir: yo) se satura.
Hoy tenía pensado ir al supermercado a hacer unas compras, pero el día está tan feo y Villa Colón sur es tan inhóspita los días de lluvia, con sus calles sin aceras y llenas de laguitos, que decidí postergarlas.
Luego, pensé seguir leyendo "El hombre delgado" de Dashiel Hammett, pero ese libro me tiene medio desilusionado. No sólo no es de lo mejor del autor, sino que tiene cosas como este diálogo entre Nick Charles, su esposa, y un mafioso:
-Te ha sentado bien el matrimonio -se rascó la barbilla-. Ya hace mucho que no nos vemos ¿eh?
-Mucho -asentí.
-Me mandó a gurapas -le dijo a Nora.
Nora chasqueó la lengua simpatizando con él.
-¿Era buen detective?
Studsy arrugó toda la frente de que disponía.
-Dicen. No sé. La vez que me trincó fue de chamba. Lo entré con la derecha.
Complicado, ¿no? Al revés del café instantáneo, éste de las traducciones de los léxicos coloquiales y/o lunfardos locales es un problema insoluble. Y lo es por un asunto económico, porque la solución es muy evidente: hacer ediciones locales.
Yo siempre recomiendo la Serie Negra de la Editorial Tiempo Contemporáneo, una hermosa colección de novelas policiales que dirigió Ricardo Piglia en Buenos Aires a principios de los años 70. Son unos libritos de 13 por 18 cm, negros, con un dibujo a pluma en un rectángulo blanco y los títulos en letras amarillas y rojas muy sesentistas. ¿Y cual es la magia de esta colección? Pues que esos libros están traducidos en lenguaje rioplatense, y entonces uno entiende de qué es que están hablando los personajes.
En mi biblioteca quedan tres números de esa colección: "La maldición de los Dain", de Hammet traducido por Laura Corbalán; "El simple arte de matar", de Chandler traducido por Floreal Mazia; y "Luces de Hollywood", de Horace McCoy traducido por... ¡Rodolfo Walsh! Todas muy buenas traducciones, la de Walsh: preciosa.

Aquí a la izquierda tiene la tapa de ese libro.
A veces se encuentra algún libro de éstos en la Feria de Tristán Narvaja. Si lo encuentra usted, cómprelo aunque ya lo haya leído en traducción española. Verá que es un libro diferente, y entenderá el por qué del éxito que tuvo la novela negra en su época. Porque así, en traducción castiza, pues como que se pierde todo el pitorreo, chaval.
En fin, que tanto, tanto tiempo no tenía, que me voy a almorzar y luego a trabajar. Tengan ustedes una buena jornada. Hasta mañana. Gracias por su atención.