(y a mi no me importa mucho que digamos)

miércoles, 23 de septiembre de 2009

ENSOÑACIONES

Me venía sucediendo todas las mañanas, y estos últimos días en los que he dormido la siesta, también me ha sucedido: al momento de despertarme mi cabeza está llena de maravillosas ideas, pero luego, cuando me siento a ponerlas en letras, no las encuentro. ¿Adonde están? ¿No lo sé? Desaparecieron. Ideas de padre y señor nuestro: hermosos y sesudos poemas, argumentos de cuentos, tramas de novelas, comentarios inteligentísimos y/o graciosísimos. Todo olvidado, todo perdido.

Yo supongo que eso ha de estar estudiado y hasta ha de tener un nombre ("ensoñaciones circadianas" o algo por el estilo), porque si realmente me pasaran esas cosas por la cabeza, sería imposible que las olvidara tan rápido y tan completamente. Esto es algo parecido a las conversaciones de intelectuales borrachos, en las que se descubren cosas similares que luego, pasada la ebriedad, resulta imposible reconstruir.

Pero además, si se mira este asunto desde la distancia adecuada, no tiene ninguna importancia. El mundo está lleno de ideas perdidas, de historias sin contar, de libros sin escribir, de músicas sin componer, de cuadros sin pintar, etcétera, etcétera, etcétera.

Yo conozco muchas personas que son muy pero muy inteligentes y muy pero muy capaces, y ahí andan, trabajando de cualquier cosa tan solo porque no han tenido la suerte de poder estudiar debidamente. Genios y artistas que nunca tuvieron la oportunidad de desarrollar su intelecto. Y esto le viene sucediendo permanentemente a millones de personas en todo el mundo desde que el hombre es hombre.

Pero con esta especie de derroche intelectual se pierde mucho menos de lo que parece, pues las ideas se repiten mucho más de lo que creemos. Es muy difícil que una cosa importante se le ocurra a una sola persona. Fueron miles y miles los que inventaron el fuego, cada uno en un lugar distinto, unos antes, otros después. Se me dirá: bueno, pero hubo sólo uno que pintó la Gioconda. Es verdad, pero si Leonardo no hubiera pintado la Gioconda, habría otra pintura parecida que ocuparía su lugar y nadie se daría cuenta.

Antes me ponía triste al pensar en todas las ideas maravillosas que me llevaré a la tumba, en todas las cosas que dejaré sin hacer, llegado el momento. Ahora ya no me importa, porque me he dado cuenta de que, por un lado ya vendrá alguien a hacer algo parecido o mejor; y por otro lado, que nada de esto importa demasiado (al 99.99999999999999999 por ciento de la humanidad no le importa nada de nada, porque ni siquiera sabe -ni sabrá- que existo).

Entonces, escucho hablar a ciertas personas, tan orgullosas, tan soberbias, tan pagadas de sí mismas, tan convencidas de que lo que hacen es único e importantísimo... y sonrío.

Ojo, usted que lee esto no piense que me he convertido en un amargo nihilista. No, no, no se trata de eso. Sigamos todos haciendo lo que hacemos lo mejor que podamos, tratemos de embellecer nuestro entorno, tratemos de que al irnos el mundo sea un lugar mejor que cuando llegamos. Simplemente digo que no nos tomemos demasiado en serio.