(y a mi no me importa mucho que digamos)
sábado, 29 de agosto de 2009
¿SIEMPRE IRÁ CONMIGO?
La radio me canta: “Cutcsa... siempre iremos contigo...”, como si eso fuera una gran cosa. ¿Pero se ha detenido usted a pensar qué quiere decir eso de que Cutcsa siempre irá con uno? ¿Que nunca podrá comprarse un auto? ¿Que por el resto de sus días se verá a obligado a viajar a los sacudones en esos ómnibus asfixiantes, sucios y ruidosos? Si, más allá de las intenciones del desgraciado que la inventó, eso es lo que dice esa propaganda, que más bien parece una amenaza o una maldición. Con ese tono meloso y pegajoso, ese corito ramplón no sólo me está recordando todos los miles de incómodos e insalubres viajes en ómnibus que he hecho desde que tengo memoria, sino que me anuncia que lo mismo me espera para el resto de mi vida, como si eso fuera una bendición. ¡Ay Salgado, Salgado! ¡Cómo quisiera que Cutcsa no viniera nunca más conmigo! (Hago extensivo este deseo a todas las demás compañías de transporte urbano, pero bueno, ellas al menos tienen la delicadeza de no recordarme que siempre, hasta el fin de mis tiempos, deberé viajar en sus “unidades”).