(y a mi no me importa mucho que digamos)
miércoles, 26 de agosto de 2009
LA MEZQUINDAD INCONSCIENTE
Hay un ciego que trabaja en la Ute que toma todos los días el 188. Es un tipo inteligente, sube al ómnibus en la primer parada, saluda, muestra el carnet, y se va para el fondo. No es común eso, la abrumadora mayoría de los discapacitados motrices o intelectuales, embarazadas, y padres y madres con hijos de brazos que suben al ómnibus, se instalan en los asientos reservados para ellos aún si el ómnibus está totalmente vacío. Pudiendo elegir asientos más cómodos, más seguros, más higiénicos, y con mejor vista, eligen esos. Después, cuando el ómnibus se llena y sube otro discapacitado motriz o intelectual, otra embarazada, otro padre o madre con hijo pequeño en brazos; se encuentra con que el asiento reservado para él o ella, ya está ocupado. Y el problema es que desde que existen esos “asientos obligatorios”, no sólo se ha perdido la solidaria costumbre de “dar el asiento”; llegado el caso, hay que explicar mirando al liceal que viene sentado ahí que los “asientos de gentileza” ya están ocupados, que por favor a ver si alguien le da el asiento a esta señora renga de 80 años que viene con el nieto a upa...