Durante muchos meses, Televisión Nacional anunciaba la emisión de una serie de documentales ecológicas con la voz de un locutor que decía: "Todavía estamos a tiempo de salvar nuestro planeta". Y yo lo miraba y me reía, porque ni estamos a tiempo, ni tenemos que salvar nada que no sea a nosotros mismos y a nuestros churrascos y lechugas.
Sin embargo, la semana pasada miré una de esas documentales y planteaba el asunto en sus justos términos. Señor: el planeta Tierra no corre el más mínimo peligro; los que podemos desaparecer somos nosotros y un montón de plantas y bichos que andan por ahí, pero el planeta no corre ningún riesgo.
El planeta cambia, se adapta, se regula él solo de acuerdo a las leyes de la termodinámica. El planeta siempre sobrevive y la vida siempre continúa. La mayoría de los bichos del período Cámbrico (los trilobites, por ejemplo) desaparecieron hace unos 500 millones de años. Y luego aparecieron los dinosaurios, que al final desaparecieron hace como 150 millones de años, y después vinieron los mamíferos y hace como un millón de años vinimos nosotros y nos cagamos a nosotros mismos llenando la atmósfera de humo y de cumbia villera y haciendo pichí en la pileta. Y con todas esas desmesuras, se nos han complicado las cosas.
Ahora ya está, paciencia, joderse y tomar quina, ya no hay tiempo de "revertir" nada, entre otros motivos porque a pesar del protocolo de Kyoto y demás boludeces "pour la galerie", todo el mundo anda buscando producir y producir más (que nuevos inversores, que nuevos pozos de petróleo, que nuevas papeleras, que agrocombustible, que más ómnibus, que más autos, que más aviones, que más edificios, y lo mismo en todos lados). Así que no me embromen y disfruten del espectáculo.